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Por: Osiris María Echeverría Ríos*

 

La torre de oro y plata que se erige ante ti puede ser engañosa, la ilusión de un apuesto príncipe te espera, pero si estás sola aguarda y escucha a lo lejos el viento, su voz invisible, imperceptible te guiara por un camino diferente y conocido único para ti. Atrás dejaras esa cocina blanca, el castillo, la historia predecible, el príncipe esquivo y regresaras a ti.

Entonces observa a tu alrededor a los árboles frutales, las palmeras y el verde primigenio que se confunde con el tul amarillo de tu vestido favorito, no es necesario sentir miedo porque la luz aparecerá conforme vayas avanzando a través de los campos de girasoles que se confunden contigo, aunque nadie te acompañe, el miedo lo hace.

Y a pesar de que siempre puede caer la noche y sientas que has perdido el camino, ten paciencia, porque los vampiros nocturnos por lo general se confunden con héroes en brillantes armaduras, sin embargo, la paciencia también es parte de ti. Duerme tranquila, la luz continua a tu lado, te dará la claridad que necesitas para la marcha al amanecer.

Al día siguiente el significado de tu camino, de tu andar sin rumbo, se transformó porque ahora sabias perfectamente a dónde te dirigías y cuál era el fin del camino. Te adentras en el bosque donde existen fantasmas de antepasados queridos, ellos te pueden ayudar a salir si te sientes perdida. Los he sentido muchas veces en una vida anterior. 

Sigue escuchando el viento, revisa la tierra y encontrarás sus huellas. Busca su rastro y ve hacia ellos, la salida se encuentra junto a su presencia. Los he visto cada vez que me he perdido y cuando la luz parece haber desaparecido.

También, cuídate de las presencias con las cuales se pueden confundir, su voz en tu mente las delatará. Y recuerda lo que siempre dice papá, en la oscuridad todos los gatos son pardos.

Y los gatos pueden ser malos, se les ha vinculado con las brujas que también moran en el bosque, pero no son las brujas de los cuentos de hadas, ellas hacen un daño irreparable con solo encontrárselas y verlas a la cara. Los surcos de sus arrugas milenarias y las verrugas de su cara te harán palidecer cuando empieces a parecerte a ellas.

Si eso pasa, huye, ya que ellas pueden engañarte, y mostrarte un rostro amable, como las sirenas que atraen a los marineros con sus cantos seductores, pero realmente son demonios acechantes que te harán que confundas tu camino y no encuentres la salida.

Una vez que los fantasmas de los antepasados te dirijan y encuentres tu camino a casa, no te asustes, regresarás al lugar al que perteneces, recuerda que cuando entres y veas las plantas marchitas y el eco del frío de la casa vacía, en algún espacio cálido me encontrarás esperándote.

 

  • Osiris María Echeverría Ríos es doctora en Ciencias Administrativas por la Universidad Autónoma de Tamaulipas, es maestra en la enseñanza del idioma inglés, trabaja en la línea de investigación de mercadotecnia internacional, y tiene diversas publicaciones a nivel nacional e internacional en Argentina, Colombia. Pertenece a comités científicos arbitrales en revistas nacionales e internacionales. Sumado a ello, tengo un Posdoctorado en Estrategias e instrumentos de evaluación del desempeño en CIFE y artículos de opinión, ensayos y cuentos publicados. Trabajo como Docente y Coordinadora de la Licenciatura en Negocios Internacionales e Investigación en la Universidad Autónoma de Coahuila, en la Facultad de Ciencias de la Administración en la Unidad Saltillo. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores en Nivel 1, además de pertenecer a Científicas Mexicanas A.C., a la Academia de Ciencias Administrativas, A.C. (ACACIA), al Colegio de Profesionistas Especialistas en Investigación COPEIN, A.C.y a la Asociación Mexicana de Estudios Internacionales, A.C.

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Imagen: generada con IA

 

Por: Mauricio González González*

Este siglo no puede pensarse ya sin el debate generado en sus inicios alrededor del Antropoceno, etapa propuesta por los científicos Paul Crutzen y Eugene Stoermer en la que la humanidad aparece como la fuerza geológica más importante de transformación del planeta, etapa que autoras como Rosi Braidotti liberan de la geología al entenderla como una de producción biogenética que enciende alertas sobre la noción de humanidad y las prácticas que ello habilita hacia lo no humano. Sea como fuere, el siglo amanece agitado con una discusión que colapsa la dualidad Naturaleza-Sociedad, puesta en cuestión décadas atrás también por numerosas investigaciones de ciencia y tecnología y evidencias etnográficas de la antropología ambiental. Bruno Latour fue pieza fundamental para ello, quien denominó “Constitución Moderna” a esa gran división de la que se valió la Modernidad para producir un mundo en el que por una parte aparece la Naturaleza y, por otra, la Sociedad y sus culturas, siendo las más cercanas a la esfera de la Naturaleza aquellas no europeas por supuesto y, ya en casa, lo femenino como el campo que ocupa dicho lugar, revelando así jerarquías y desigualdades impuestas y naturalizadas por tal disposición. Así, por sorprendente que parezca, en el debate contemporáneo al que asistimos hoy en México sobre el impulso gubernamental a la fractura hidráulica o fracking, donde la presidencia privilegia las opiniones científicas de especialistas en energía y medio ambiente para, más tarde, dialogar con las comunidades directamente afectadas por la polémica técnica de extracción de hidrocarburos, testimoniamos una actualización del Proyecto Moderno que, por cierto, no sólo hizo agua con el Antropoceno al echar abajo las fronteras entre lo humano y lo biofísico, sino también desde la propia modernidad, la realmente existente, a través de innumerables subversiones promovidas por sus ciencias, sus tecnologías, su arte y sus religiones que dotaron de autoridad y agencia política a múltiples actantes no humanos.

El Hombre moderno, racional y científico, hizo del planeta un escenario al que impuso sus exigencias, siendo las energéticas las que revolucionaron la condición planetaria al valerse de combustibles fósiles: sus efectos si bien potenciaron innovaciones en las fuerzas productivas, también generaron una contribución de dióxido de carbono que actualmente forma parte sustancial de la emergencia climática. Las condiciones planetarias que ponen en riesgo a la humanidad y a un número considerable de otras especies es alarmante, la necesidad de un debate energético a la altura de los tiempos no puede sino asumirse en ruptura con la dualidad Moderna de Naturaleza-Sociedad, permitiendo la fineza de pensar y hacer con complejos más-que-humanos en donde ensamblajes territoriales, por mencionar sólo un ejemplo de buen calado, desvanecen a la Naturaleza moderna al socializar, en término fortis, los elementos que le componen, es decir, al hacerlos parte de otras lógicas de sociabilidad bajo estrategias culturales singulares, tal como acontece abiertamente en nuestro país entre pueblos de tradición religiosa mesoamericana y en Aridoamérica, pero también en parentescos raros como el que afirma la colombiana Yuvelis Morales, ganadora este año del Premio Goldman por su incansable lucha contra el fracking, quien se muestra sin reparos hija del río Magdalena.

Es gracias a experiencias de este tipo que Elizabeth Povinelli, antropóloga norteamericana, acuñó el término geontopolítica para dar cuenta de un tipo de gobernanza que se ejerce sobre lo inerte, lo no vivo, velado por el privilegio analítico al par de oposición vida-no vida. La geontopolítica es el gobierno que se ejerce por medio de, por ejemplo, la evaluación científica del fracking bajo el énfasis en campos de conocimiento naturalistas, enfocados en los “recursos energéticos”, sus impactos y requerimientos de “recursos naturales”, considerando a la población implicada como un componente o “dimensión social” que utiliza e incluso depende del entorno, negando con ello su papel de manejo y co-creación del mismo y, al mismo tiempo, la agencia política que no humanos imponen sobre la sociedad, lo cual es particularmente evidente en agentes como Gases de Efecto Invernadero, como el metano, principal componente del llamado gas natural. Experimentar, pilotear o implementar fracking en cualquiera de sus modalidades es liberar la potencia de agentes tan peligrosos como lo son todos aquellos que tienen al planeta profundamente herido.

El concepto de cosmopolítica fue creado por una de las pensadoras vivas más importantes de la actualidad, Isabelle Stengers, quien subvierte con él la ortopedia moderna de Naturaleza-Sociedad, permitiéndose acercar a articulaciones o ensamblajes en los que ecologías complejas emergen bajo agenciamientos que pueden consentir a humanos y más-que-humanos, tal como debería estar haciendo un comité científico que asuma el imperativo de desfosilización que las condiciones actuales exigen, en el que expertos no disciplinados –como lo son todas las comunidades que han padecido la implementación de fracking– puedan aportar más que sólo consentimiento o rechazo, pues son ellas las que permanentemente se encargan de actividades de remediación, restauración, saneamiento y, de forma sobresaliente, sociabilización contramoderna. Continuar con la dependencia hacia energéticos como el gas fósil no sólo no logrará conquistar la sobada soberanía energética, sino que nos someterá aún más a la barbarie de la matriz energética que está acabando con el planeta.

  • l Mauricio González González es Etnólogo por la ENAH, con maestría y doctorado en desarrollo rural por la UAM-X y maestría en teoría psicoanalítica por el Colegio de Psicoanálisis Lacaniano, integrante del colectivo CORASON en Defensa del Territorio.

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Fuente: Carmen Winant (1983). ¿Por qué estas son nuestras únicas alternativas y qué tipo de lucha nos llevará más allá de ellas.

 

Por:Angélica Meneses*

 

Esta reflexión pretende ir de la experiencia única sobre el proceso trunco o de la maternidad, a la noción colectiva de maternidades, donde una no se desvincula de la otra, sino que la potencia. A partir de lo dicho por Helena Chávez Mac Gregor y Alejandra Labastida (2021)

La maternidad, o mejor dicho, el maternar no aparece aquí como una condición ontológica, biológica, o exclusiva de las mujeres. Es una acción, un hacer, y ante todo, una experiencia de cuidado y de sostenimiento de la vida. El maternar, siendo madres, xadres –––o cualquier otra forma imaginable de parentesco–––, reclama otras relaciones. Como sugiere Maggie Nelson en su libro Los argonautas, quizá no se trate de producir ni de reproducir, sino de pensar esta acción como actos de producción: de afectos, de sentido, de repartos, de derechos, de relaciones, de intercambios, de vida.

En nuestro país, el 10 de mayo se ha convertido también en un espacio político para dialogar sobre lo que durante años ha significado el “día de las madres”. Cada uno de los últimos años, sobre todo los de la pandemia por Covid-19, han puesto temas nuevos sobre la mesa:

  • El motivo por el cual se implementó el festejo (las sufragistas de Yucatán eran vistas como amenaza al sistema) en México, a partir de una publicación en el periódico Excelsior de 1922, donde se sugería que se haría como en Estados Unidos[1].
  • Naturalización del perfil cuidador de las madres, pensadas en una época específica y para un tipo de familia tradicional, que ya no representa la realidad actual
  • Avances en materia legal, como la prohibición de despidos, registro de deudores alimentarios morosos, lactarios en edificios públicos, etc.
  • El debate sobre la gestación subrogada
  • Maternidad no deseada pero normalizada, donde mujeres que no pudieron decidir, se ocuparon de todas las vidas que parieron
  • Anhelo de la maternidad de quienes no lo lograron
  • Maternidades migrantes, cuidados en tránsito, en guerras
  • Duelo materno, sin importar la edad de la madre o su ser querido
  • Maternidad en contextos de discapacidad, vulnerabilidad, pobreza
  • La no maternidad deseada, cuyos juicios persiguen hasta nuestros días
  • Miedo a maternar, tensión en relaciones madre-hijxs
  • Maternidad deseada, en la era de los nuevos mandatos
  • Otras formas de relacionarse, de parir, duelar y maternar, como alternativas comunitarias de resistencia y posicionamiento
  • Maternidad LGBT+

Todas estas cuestiones, como experiencias personales, se vinculan a la vez con lo colectivo, ya que en algún momento de la vida, hemos conocido personas así o hemos sido esas personas, lo que le da al tema de las maternidades, una potencia política digna de ser reconocida, hablada, escuchada sin juicios y sentida.

Nuestra época ya no necesitan más silencios, sino voces y representaciones reales, y tiempo para compartir experiencias, incluso como parte de la salud mental, un sistema nervioso sano, y una sociedad con ímpetu de cambiar las cosas.

Bibliografía

Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS) (2024). ¿Por qué exactamente el 10 de mayo? El Día de las Madres, una conmemoración con un contexto histórico de reivindicación y políticas de salud hacia la mujer. Mayo 09, recuperado de: https://dcs.uas.edu.mx/noticias/9087/por-que-exactamente-el-10-de-mayo-el-dia-de-las-madres-una-conmemoracion-con-un-contexto-historico-de-reivindicacion-y-politicas-de-salud-hacia-la-mujer

Chávez Mac Gregor, H., Labastida A. (2021). Maternar: entre el síndrome de Estocolmo y los actos de producción. Primera edición. Ciudad de México: Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC). LIBRUNAM 2113419 (electrónico). ISBN 978-607-30-5268-9.

 

[1] Donde surgieron reuniones de madres de familia víctimas de la guerra de secesión, y la conmemoración del día de una activista y madre difunta, Ana Jarvis.

 

  • Angélica Araceli Meneses López es mexicana, economista, diplomada en Economía y Negocios Internacionales por la Facultad de Estudios Superiores Aragón (FES Aragón), especialización en Desarrollo Social por el Posgrado en Economía, maestra en Estudios Latinoamericanos por la Facultad de Filosofía y Letras (FfyL), todas integrantes de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Experiencia en organizaciones sociales y perspectiva de género a partir de generación de la generación de instrumentos cualitativos y trabajo en campo para asociaciones de la sociedad civil, instituciones públicas y académicas. Actualmente doctorante de la Unidad Académica en Estudios del Desarrollo por la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ). Intereses de investigación: feminismos, género y política social.

WhatsApp Image 2026 05 13 at 11.01.21 AMFotografía: Créditos al Movimiento Feminista Zacatecas

 

Por: Emilia Pesci

Anoche veía una mesa de análisis del conflicto de las personas productoras de frijol, muy buena por cierto; sin embargo, uno de los panelistas comentaba sorprendido, palabras más palabras menos, que “hasta las feministas apoyaban la causa a pesar de que los campesinos son históricamente los más machos”. Eso me pareció una oportunidad para escribir esto.

Empecemos por lo básico, que a veces se olvida: en el campo también hay mujeres. No solo como esposas, madres o hijas de agricultores, sino como jornaleras, como productoras, como agrónomas…

Además, en el campo quien produce no es un individuo, sino una familia. Por lo regular, desde barbechar hasta trillar, trabajan todas las personas que la integran. Pero también hay quien hace dos o más trabajos: quienes preparan los alimentos, lavan la ropa, limpian la casa, quienes cuidan para que los adultos puedan trabajar, quienes administran lo poco o mucho que entra, quienes sostienen la vida cotidiana para que la producción sea posible. Ese trabajo —el trabajo de cuidados— no es un complemento, sino parte de la cadena productiva. Sin él, no hay cosecha.

Ignorar esa contribución es un error que tiene nombre: invisibilización del trabajo. Y también tiene consecuencias, porque cuando se habla de “el productor” como si fuera una sola persona, se borra a todas las demás que hacen posible que esa producción exista. Y justo es esto lo que el feminismo busca hacer visible.

Aquí entra algo que vale la pena nombrar: las familias productoras agrícolas trabajan, pero no siempre son dueñas del resultado de su trabajo.

Entre la parcela y la mesa del consumidor hay una cadena larga: coyotes que compran barato y venden caro, mercados que fijan precios que las personas productoras no controlan, insumos y combustibles que cada año cuestan más, créditos que se convierten en deudas que no terminan. Mientras la familia campesina pone la tierra, el tiempo, el esfuerzo y el conocimiento, con frecuencia se lleva la parte más pequeña del valor que genera.

Y dentro de esa familia, que ya está en desventaja, las mujeres están en una desventaja adicional: trabajan más horas, tienen menos acceso a créditos, difícilmente aparecen como titulares de la tierra, y su trabajo, que sostiene, sigue sin contarse como trabajo.

Y es por eso que no se puede hablar de igualdad de derechos para las mujeres si no se habla de sus condiciones materiales de vida: del acceso a la tierra, de la pobreza, de la dependencia económica que hace más difícil salir de una situación de violencia.

Por eso, defender las condiciones del campo es también una demanda feminista. Porque detrás de cada parcela en crisis hay una familia, y detrás de cada familia hay mujeres cargando con mucho, haciendo un trabajo que sostiene la producción y que, sin embargo, no aparece en ninguna estadística agrícola, no recibe apoyos directos, no tiene nombre oficial. Detrás de cada productor en la marcha del pasado 11 de mayo había mujeres en casa sosteniendo la protesta.

Aquí voy a aprovechar para desahogarme, pero creo que es necesario. Tenemos una Secretaría de las Mujeres. Una institución pública creada específicamente para atender las necesidades y garantizar los derechos de las mujeres en Zacatecas. ¿Y qué hace esa secretaría con los recursos públicos que recibe? Entre otras cosas, organizar cursos de skincare.

No es broma. Mientras mujeres rurales enfrentan dobles y triples jornadas de trabajo sin remuneración —en la parcela, en el hogar, en el cuidado de personas mayores, menores o con discapacidad—, mientras comunidades enteras carecen de acceso a servicios importantes de salud sexual y reproductiva, mientras la violencia familiar sigue siendo el delito que más se comete y normaliza, la dependencia creada para las mujeres invierte en talleres de rutinas de belleza que, además, reproducen estereotipos de género.

La pregunta no es si el cuidado personal tiene o no algún valor. La pregunta es si ese es el uso responsable del presupuesto destinado a las mujeres. Cierro queja.

Como decía, razones para apoyar sí hay, porque la solidaridad funciona cuando distintos sectores reconocen que comparten algo concreto; en este caso, la experiencia de no ser escuchadxs, de ver sus demandas desacreditadas, de enfrentarse a instituciones que voltean para otro lado.

Las colectivas feministas en Zacatecas conocen esa experiencia de primera mano. La represión de 2024 lo deja claro. Cuando ves que a otros les pasa algo similar —que marchan, que exigen, que son ignorados o descalificados—, no hace falta que piensen exactamente igual para decir: tienen razón en estar aquí.

Y vale la pena decirlo también: no todos los campesinos piensan igual. Como en cualquier sector de la sociedad, en el campo hay generaciones distintas, procesos distintos, tensiones distintas. Hay comunidades con grupos y liderazgos de mujeres muy consolidados, con asambleas donde las voces de ellas tienen peso real, con hombres que han ido cambiando prácticas que antes daban por sentadas.

No reduzcamos al campo a una imagen uniforme y conservadora, porque no solo es inexacto, sino que es una forma de descalificación que además le hace el trabajo a quienes prefieren que estos movimientos no se encuentren.

Las luchas se entrelazan porque identificamos que a todas y todos nos atraviesan las violencias, y la lucha por los derechos de las mujeres y la lucha por condiciones de vida dignas para quienes trabajan la tierra son, en muchos sentidos, la misma lucha.

WhatsApp Image 2026 05 11 at 12.06.44 PMFotografía: Brenda Fajardo

 

Por: Brenda Fajardo*

Siempre he escuchado y ahora soy consciente de lo influyentes que podemos ser…

El pasado 10 de mayo, un día en el que se festeja, reconoce y destacamos la bendición de ser madres, parecía que sería como cualquier día de festejo. Previamente había preparado el arreglo o atuendo que debía portar, cómo lucir, cómo sería el peinado, qué accesorios usar. La decisión cayó en un vestido que tenía tiempo ahí en el armario, de tela fresca y con flores, sin mangas, corte recto pero holgado y altura a la rodilla, creí que sería ad hoc a la ocasión, algo sencillo en accesorios y un peinado de cabello suelto y lacio.

Al llegar a casa de mi mami para felicitarla y llevarla a comer, al verme dijo: “yo tengo un vestido igual a ese pero con mangas”. No le di importancia a su comentario solo pensé que efectivamente hay mucha ropa que puede ser similar.

Mi mami se dirigió a su cuarto y una sorpresa muy grande y de gran regocijo me llevé al verla salir. ¡Oh Dios, nos veíamos tan iguales! Efectivamente se trataba de un vestido no idéntico en forma pero si en muchas otras característica como la tela, el estampado, el largo.

Al llegar al lugar en el que compartiríamos los alimentos con otros familiares, platicamos nuestra hazaña de portar vestidos “iguales” no podían creer que fueron adquiridos en tiempos, lugares y circunstancias sin haber algún acuerdo previo.

Es impresionante ver el alcance que nuestras decisiones tienen sobre nuestra descendencia, hay cosas externas que podemos ver y palpar, gustos que sin darnos cuenta tienen origen en el subconsciente. Cada palabra, gesto o acción que muchas veces empleamos es herencia.

Ciertamente hay situaciones en las que nuestra influencia puede ser chusca y traer un rato de alegría y gozo, igualmente heredamos la forma de resolver conflictos y de enfrentar las situaciones, creencias sobre el dinero, el éxito, inclusive cómo percibimos los sabores y olores determina por qué nos encantan ciertos alimentos o despreciamos otros.

Para poder romper con aquello que heredamos y que puede causar dolor a nuestra vida y que sin querer también transmitimos, Dios promete que Él puede renovar por completo nuestra mente (Romanos 12:2; Efesios 4:23) y darnos un corazón nuevo (Ezequiel 36:26) cuando recibimos a su Hijo Jesús en nuestro corazón como Señor y Salvador también heredamos la vida eterna. Deja que Jesús reine en tu corazón y sea luz en tu vida, que su presencia, verdad y enseñanzas te guíen, disipen toda oscuridad, miedo e incertidumbre y reine en tu vida la esperanza y el amor.

Pondré mis leyes en sus corazones, y en sus mentes las escribiré…

Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones.” Hebreos 10:16-17

 

  • Brenda Verenice Fajardo Trejo, es madre de dos adolescentes, esposa amorosa e ingeniera en Sistemas Computacionales

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Por: Pilar Pino Acevedo*

El regreso de Donald Trump y el proyecto MAGA (Make America Great Again) suelen presentarse como el intento de devolverle la grandeza a Estados Unidos. Pero visto desde América Latina, el fenómeno parece mostrar algo diferente: una potencia que sigue siendo muy fuerte, pero que ya no tiene la misma capacidad de liderazgo ni el mismo control que tuvo durante décadas.

Estados Unidos continúa siendo una de las economías y fuerzas militares más importantes del mundo. Sin embargo, enfrenta problemas internos cada vez más profundos: desigualdad, polarización política, violencia, crisis migratoria y pérdida de confianza en sus instituciones. Al mismo tiempo, China ha crecido como potencia económica y ha ganado presencia en América Latina y otras regiones del mundo.

En este contexto, el trumpismo aparece como una reacción agresiva frente a esa pérdida de influencia. Las medidas proteccionistas, como los nuevos aranceles contra China, muestran a un país que intenta defender su economía levantando barreras. En política exterior, Trump ha endurecido su postura hacia países como Cuba y Venezuela, ha aumentado las tensiones con aliados históricos y ha impulsado una política más nacionalista y confrontativa.

Para América Latina, esto no es algo nuevo. La región ha vivido durante décadas bajo la influencia política y económica de Estados Unidos. Trump no inventó esa relación desigual, pero sí la expresa de forma más directa y menos diplomática. Su visión de América Latina parte de la idea de que la región sigue siendo un espacio donde Washington debe mantener control e influencia.

Al mismo tiempo, el crecimiento de China ha abierto nuevas opciones económicas para muchos países latinoamericanos. Esto ha aumentado la competencia entre ambas potencias y ha vuelto a la región más importante en la disputa global.

Dentro de Estados Unidos, el trumpismo también ha construido un discurso basado en el miedo al migrante. Las redadas, deportaciones y políticas contra comunidades migrantes han convertido a millones de personas en blanco político. Trump transformó la migración en un símbolo de los problemas del país y usó el enojo social para alimentar el rechazo hacia quienes llegan buscando trabajo y mejores condiciones de vida.

La contradicción es clara: Estados Unidos necesita la mano de obra migrante en sectores como agricultura, construcción y servicios, pero al mismo tiempo criminaliza a esas comunidades.

Aun así, también han surgido respuestas de resistencia. Organizaciones civiles, iglesias, sindicatos y ciudades santuario han intentado proteger a las familias migrantes y defender derechos básicos frente a las políticas más agresivas.

Más allá de Trump como figura individual, el fenómeno MAGA refleja algo más profundo: la crisis de un modelo de poder que ya no puede ofrecer el mismo bienestar ni la misma estabilidad que antes. Frente a esa pérdida de confianza, el nacionalismo, el miedo y la búsqueda de enemigos se convierten en herramientas políticas.

Desde América Latina, el trumpismo no debe verse solo como un problema interno de Estados Unidos, sino como parte de un cambio global que también tendrá consecuencias para la región en temas económicos, políticos y sociales.

 

  • Pilar Pino Acevedo es economista, feminista marxista y escritora zacatecana. Su trabajo articula análisis político, perspectiva de género y crítica económica desde una mirada comprometida con la izquierda. Es activista por los derechos de las mujeres y de las personas con autismo, causa que atraviesa también su experiencia como madre de una niña dentro del espectro autista, lo que ha fortalecido su voz en la defensa de la inclusión y la justicia social.Ha participado en la colectiva Nantzin Zacatecas y ha colaborado como columnista en La Cueva del Lobo y en la revista literaria El Guardatextos. Actualmente es coordinadora editorial de la revista Tlali Nantzin, donde impulsa la reflexión y el análisis de temas políticos y sociales desde una perspectiva crítica y progresista.

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Por: Alexia Joana Ovando Márquez*

Hace unos días regresaba hacia mi casa. Me subí al metro y, mientras caminaba en el transbordo de la estación Pino Suárez, un policía me dijo que tenía que salir porque el servicio estaba suspendido en las próximas estaciones. Sin ganas de buscar rutas nuevas, salí a la calle. Afuera parecía que los camiones de servicio de apoyo avanzaban en cámara lenta vencidos por el peso de la gente que subía. Mientras tanto, las lentas y gordas gotas de lluvia caliente, que cada vez caían más rápido, fueron suficientes para empujarme a caminar a prisa y con mal humor. Decidí caminar por Tlalpan hasta encontrar una estación abierta. Conforme avanzaba me iba sacudiendo los pensamientos para adentrarme en la ciudad y empezaba a notar los anuncios, los colores, el arte callejero: todo se había convertido en fútbol y marketing deportivo. Seguí mi camino y, al llegar a Viaducto, aún había personas dibujando balones sobre las paredes. De pronto, un enorme coraje interrumpió mi cercanía con la ciudad, todas esas pinturas, esos anuncios, mi fatiga por el camión que no abordé y mi frustración por haber olvidado que las estaciones estaban cerradas se desbordaron junto a los recuerdos de las tantas veces que, con éxito, trataron de borrar las huellas de tantas injusticias. Recordé las paredes blanqueadas que antes sostenían fichas de búsqueda y murales de las y los desaparecidos; los discursos de "sustentabilidad" mientras la ciudad colapsa bajo sus propios desechos, y el espacio público inundado por publicidad de Coca-Cola que promociona el deporte mientras saquea el agua de las comunidades.

Las gotas de lluvia se desvanecieron, pero yo seguía lejos de una estación funcional. Cada paso me obligaba a pensar en una forma de protesta que no se pudiera borrar, que permaneciera viva. Entonces pensé en el cuerpo; el cuerpo como primera plataforma de protesta. Vi mis tatuajes e imaginé miles de cuerpos con fichas de búsqueda grabadas en la piel con tinta, con rostros de miradas vacías. Me reconfortaba pensar que el cuerpo es un territorio de difícil intervención para el Estado, un espacio que no pueden ocultar tan fácilmente. En eso llegué a Xola. Ya estaba abierta la estación, pero por la cantidad de gente que esperaba en el andén supuse que aún tardaría en llegar el tren. Seguí mi camino y un odio hacia mi cuerpo que nunca había sentido interrumpió mi rastro de pensamiento. Me sentía muy enojada; quería rasgar toda mi piel, desangrarme. Todo me impulsaba a entrar a cualquier tienda, comprar unas tijeras y cortar el cabello que durante años cuidé con esmero. Imaginaba que mi labial rojo amado dibujaba rayas desesperadas en mis labios hasta romperse. Era una furia total contra lo que soy, hacia lo que odio y lo que más me gusta de mí. Unas calles después pude tranquilizarme; no sabía por qué me había sentido así. Caminé unas calles más hasta que pude recobrar el aliento. Fue entonces cuando lo entendí: la ira no era hacia mí, sino hacia las demandas externas que han colonizado mi identidad. No estaba furiosa por tener el cabello largo, lo estaba porque no me lo podía cortar sin sentir que perdía un valor; no quería rasgar mi cuerpo porque fuera imperfecto, sino por la fatiga de intentar cumplir con un estándar que nunca es suficiente. No me molestaba el labial rojo; me molestaba que el mercado me hubiera convencido de que sin él no soy visible.

El cuerpo es, efectivamente, la primera plataforma de protesta, pero también es el primer territorio de conquista. Es el lugar donde el mercado y el Estado libran su batalla más silenciosa, tratando de convencernos de que nuestra piel es, al igual que los muros de la ciudad, una superficie que tienen derecho a intervenir, a pintar y a borrar según les convenga. Reconocernos dueños de esa superficie, con todas sus "imperfecciones" y decisiones políticas, es quizás el acto de soberanía más radical que nos queda frente a una ciudad que intenta volvernos invisibles.

  • Alexia Joana Ovando Márquez, es una joven escritora mexicana de 23 años, su trabajo es multidisciplinario. Tiene un blog feminista: https://feministaqueexplota.blogspot.com/  Cuenta con cursos en Autoetnografía feminista, Escritura creativa, Escritura de novelas, Narrativa y cuentos. Además ha sido asistente de investigación y colaboradora en la elaboración de la página web de Sociología Urbana en la UAM-Acapotzalco y becaria en la Escuela Nacional de Antropología e Historia. Creación de la página web  de etnología, creadora de contenido, administración de redes sociales.

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Por: Teresa Saavedra

Con el Día del Niño y el Día del Libro a la vuelta de la esquina, me parece buen momento para hablar de un texto que vale la pena releer: el ensayo Psicología y educación de Carl G. Jung. Este psiquiatra suizo, creador de la psicología analítica, parte de tres ideas que en el fondo todos sabemos, aunque no siempre las hayamos puesto en palabras:

• La enfermedad, en muchos casos, es una forma de no poder adaptarse a la vida.
• El inconsciente colectivo pesa en el desarrollo de los niños, sí, pero más pesa todavía el inconsciente de las personas que los crían.
• Para educar a alguien, antes hay que educarse uno mismo. Solo desde ahí se puede acompañar bien a un niño o una niña.

Te propongo un ejercicio: piensa en algún niño o niña que conozcas. ¿Es de los que cargan con la etiqueta de “difícil”? ¿O es de los que parecen estar bien en cualquier lado?

Criticar a los padres y madres desde afuera es sencillo. Pero hay una pregunta que incomoda más: ¿en serio pensamos que criar bien a un niño es responsabilidad de una sola familia?

Los que estamos cerca de una infancia —como sea que estemos cerca, de tíos, vecinos, profes, hermanos mayores— también tenemos parte en eso. Jung lo planteó hace décadas y sigue siendo incómodo: no podemos acompañar bien a nadie si nosotros mismos no estamos trabajando en nuestra salud mental. La educación de los niños empieza por ahí, por el adulto.

La pregunta para cerrar: ¿estamos dispuestos a revisarnos a nosotros mismos antes de ponernos a corregir a los chicos?

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Fotografia: Mural en Ojital Viejo, Papantla, Veracruz. Colectivo CORASON, cortesía de Mauricio González

 

Por: Mauricio González González*

La matriz energética fósil ha sido la fiel compañera del sistema de acumulación capitalista. Para Andreas Malm, en Capital fó$il. El auge del vapor y las raíces del calentamiento global (2020 [2017]), es una economía fósil “basada en un consumo cada vez mayor de combustibles fósiles y que por lo tanto genera un crecimiento constante de las emisiones de dióxido de carbono”. Bajo esta mirada no puede obviarse que apostar a obtener más gas natural (cuyo principal componente es metano) con la presunta aspiración de soberanía energética, como hace la actual administración federal promoviendo fracking es, por lo menos, perpetuar la dependencia a las condiciones de explotación, de mercado y al aniquilamiento ambiental que ha generado este tipo de economía, sea por medio de técnicas ecocidas como lo es la fractura hidráulica convencional o a través de cualquier forma de innovación técnica que mitigue alguno de sus graves impactos. El momento histórico marcado por la emergencia climática hace fundamental cuestionar la relación que tenemos con la energía, ya no sólo bajo razón económica, sino también desde imperativos de supervivencia que no sólo compete a la especie humana.

Dentro de los acervos más generosos con los que contamos para esta tarea se encuentra el pensamiento de Iván Illich quien, desde los años 70 del siglo pasado, en La convivencialidad (2006 [1973]) se propuso presentar el epílogo a la era industrial, “trazar el ocaso del modo de producción industrial y de la metamorfosis de las profesiones que ella engendra y alimenta”. Dentro de los muchos temas que abordó no dejó pasar uno que hoy nos es acuciante: el uso de energía que si bien puede potenciar capacidades, también se vuelve contraproductiva al rebasar cierto umbral, que en nuestros días no es otro que uno planetario. Para Illich desde Energía y equidad (2006 [1973]) existen dos tipos de energía: la metabólica, producida en y por la actividad humana, y la exógena, que se extrae de fuentes externas. La energía metabólica participa de la sociedad convivencial, en la que “la herramienta moderna está al servicio de la persona integrada en la colectividad y no al servicio de un cuerpo de especialistas. Convivencial es la sociedad en la que el hombre controla la herramienta”. En cambio la energía exógena, pasada cierta escala, esclaviza, genera dependencia, precariza la autonomía. La dependencia del actual modelo energético a combustibles fósiles conviene localizarle en esta forma de dominación que erosiona las potencialidades y creatividad humana, al grado de que la propia tecnología que se propone para satisfacerle es francamente aniquilante, deletérea, tal como la literatura presenta al fracking:

El crecimiento desmesurado de la herramienta amenaza a las personas en forma radicalmente nueva y, al mismo tiempo, análoga a las formas clásicas de perjuicio y daño. La amenaza es nueva en el sentido en el que el verdugo y las víctimas se confunden en la dualidad operadores/clientes de instrumentos inexorablemente destructores. En ese juego algunos salen ganando, pero todo el mundo finalmente pierde (Illich, La convivencialidad).

Luca Ferrari (2026) ha propuesto la alternativa de una pluralidad energética que se opera a escalas locales basada en necesidades concretas, específicas, reguladas bajo un metabolismo socioambiental lo más óptimo posible, que no deja de tener aires de familia con las escalas que Illich propuso, donde la energía metabólica es la que impera, en la que la vida humana y más que humana co-crean hábitats convivenciales. Ello implica una renuncia civilizatoria a las formas de acumulación que el imperativo económico impone, lo cual puede ser privilegio en un mundo donde la escasez de hidrocarburos se ha anunciado desde hace más de dos décadas. Apostar por la diversidad de formas de producción energética en umbrales aceptables es hacerlo por la inventiva societal de futuros posibles; apostar por fracking que ha sido y será parte de la matriz energética fósil y sus graves impactos, en tiempos de calentamiento global, es apostar por la muerte del complejo que compone al actual planeta herido.

 

  • Mauricio González González es Etnólogo por la ENAH, con maestría y doctorado en desarrollo rural por la UAM-X y maestría en teoría psicoanalítica por el Colegio de Psicoanálisis Lacaniano, integrante del colectivo CORASON en Defensa del Territorio.

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Por: Roberto Soto Esquivel*

Uno de los grandes problemas a lo que enfrenta la población en México es las pocas alternativas de transporte para realizar traslados entre ciudades-estados-municipios. Ante la caída del gasto público en el sector, prácticamente todo el transporte es concesionado/privado y básicamente terrestre, lo que explica en gran parte que no sea asequible y de muy mala calidad.

            Se debe recordar que durante la década de los ochenta y noventa del siglo pasado, se privatizaron puertos, aeropuertos, carreteras y se desapareció el tren de pasajeros. Esto ha dificultado la movilidad de las personas y con ello sus efectos como son la falta de dinamismo económico en muchas regiones y municipios, por ejemplo, por la escasez de visitantes/turistas y/o por el alto costo que representa para muchos trasladarse de un lugar a otro para ofrecer sus mercancías.

            Resultado de esta dinámica, fue la creación de monopolios u oligopolios, es decir, muy poquitos concentran el mercado, por tanto, fijan precios y las condiciones para ofrecer el servicio. Por ejemplo, en regiones como Europa y Asia, el flujo es mayor porque existen aerolíneas de bajo costo que facilita el tránsito de las personas, si bien algunas de ellas enfrentan problemas financieros o por sus políticas de servicio, han tenido reclamos constantes.     

            El servicio de tren de pasajeros en Europa y Asia (por ejemplo, China y Japón) es factor fundamental para la permanente conexión entre ciudades y al interior de estas. Cabe aclarar que su costo en términos generales está al alcance del ciudadano promedio (aunque existen algunas quejas, por ejemplo, en España reclaman que el servicio no llega a ciertas ciudades/localidades).

           La falta de alternativas puede limitar inversiones, crecimiento, empleo y desarrollo, por ejemplo, en México, el transportarse en avión resulta poco asequible al ciudadano promedio, las alternativas prácticamente no existen, por ejemplo, el uso de tren de pasajeros. Lo que queda es el uso de transporte terrestre, el cual es caro, ineficiente e inseguro, a la par que la red de carreteras carece de mantenimiento constante. Es importante aclaras que el transporte privado de carga muchas veces rebasa las normas de peso y eso explica, en parte, las malas condiciones de las carreteras (sin dejar de lado la falta de mantenimiento).

            A pesar de lo anterior, se observa un rumbo distinto, con limitaciones presupuestales, pero con una perspectiva de cambio. Desde 2019, la política de transporte cambió, la cual ha buscado conectar de una mejor manera a los estados/ciudades. Un ejemplo es lo relacionado con el sistema ferroviario (PÚBLICO, con mayúsculas). La culminación del tren del sursureste (tren maya), el Ciudad de México-Toluca (insurgentes), el transístmico (Oaxaca-Veracruz) entre otros, además del inicio de obra del Ciudad de México-Pachuca, Ciudad de México-Nogales y Ciudad de México-Laredo son ejemplos de que se busca mejorar la conectividad, en particular con el regreso a un sistema ferroviario PÚBLICO y asequible a la sociedad (en otra entrega se analizará las externalidades negativas de toda obra pública).

            El efecto multiplicador es muy importante, ayudará a generar mayor desarrollo y crecimiento, pero es imprescindible recordar que se debe considerar los aspectos de sustentabilidad, así como a los grupos y pueblos afectados por las obras. Se debe tomar en cuenta que es la inversión pública un elemento fundamental para poder salir del atraso, se supondría que busca el bien común más allá de la rentabilidad. No quiere decir que la inversión privada no se requiera, pero el impacto de lo púbico es más amplio. Es claro que falta mucho, al interior de los Estados prácticamente el transporte es concesionado/privado y resulta muy ineficiente y caro. Hay otros que están muy aislados, es el caso de Zacatecas, que en otra entrega será tratado. Pero al menos, se está revertiendo lo que se dejó de hacer desde hace más de 40 años.

 

  • Roberto Soto Esquivel es Doctor en Economía egresado del Posgrado de Economía de la Universidad Nacional Autónoma de México. Actualmente es Profesor-Investigador de la Unidad Académica en Estudios del Desarrollo de la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ). Realizó una Estancia Posdoctoral en el Centro de Estudios de Administración de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Miembro de la Red Iberoamericana de Estudios del Desarrollo (RIED) y del Sistema Nacional de Investigadores. Su línea de investigación general es la economía financiera; y líneas particulares como: microfinanzas y análisis del sector financiero internacional.

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Por: Angélica Meneses

 

Imagen del Ministerio del poder popular para la comunicación e información (Venezuela). 2019 año de resurgimiento de las luchas sociales en América Latina” .

La frase de Antonio Gramsci “La crisis consiste precisamente en que lo viejo está muriendo y lo nuevo no acaba de nacer; en este interregno aparecen una gran variedad de síntomas mórbidos”, ha sido utilizada para abordar el tema de las crisis en los sistemas políticos, donde podría inferirse que lo viejo (A) corresponde a la forma en que el sistema capitalista gobierna y quienes lo conducen, por tanto lo nuevo será, según la historia, un sistema completamente opuesto (B), en conclusión, la crisis será ese espacio intermedio, lo que se encuentra en el camino de A a B.

El historiador económico británico Adam Tooze (2024) hace en “Sobre Gramsci, contra el interregno” una lectura distinta sobre el significado de esta frase que ha servido de consuelo para poder dar un significado a lo que, desde la década de los setentas del siglo XX, analizaba Gramsci, época en que parecía había un pleno dominio sobre lo que existía, y lo que debería ser la historia de la humanidad. Tooze utiliza una metodología de cronología histórica en el que, a partir de una línea de tiempo titulada “Hegemonía e interregno” se categorizan periodos de la historia contemporánea, de tal suerte que de 1870 a 1914 hay un periodo hegemónico de “Patrón de oro”, de 1914 a 45 el interregno de un “periodo entreguerras”, de 1945 a 71 otro periodo hegemónico de “compromisos postguerra”; el interregno de 1971 a 83, donde prevalece la “crisis de los 70”, el periodo hegemónico de 1983 a 2008 que va de “gran moderación” y el interregno que se establece desde 2008 hasta nuestros días, llamado “post 2008”, dejan claro que la categorización se ha establecido ya con base en las crisis financieras globales, y aunque el autor no hace esta distinción entre lo que fue político y lo que ahora es económico, puede leerse entre líneas, pues su último libro publicado en 2021 se titula “Crash: Cómo una década de crisis financieras ha cambiado el mundo”.

Volviendo a Gramsci, una gran aportación de Tooze, es pensar que, en la visión crítica de Gramsci, donde el alcance de su trabajo se posiciona en lo viejo como lo conocido, y su periodo de activismo como el terreno fértil, el interregno que podría gestar lo nuevo (aunque su posicionamiento se refiera las contradicciones del capitalismo que generan su destrucción), que necesariamente tendría que ver con una visión dialéctica marxista, en este sentido, no existen incertidumbre sobre estructuras ni dirección, solo hay una especie de visión cíclica, un desarrollo histórico donde una fase sucede a la otra, y donde sólo se esperan nuevas hegemonías, pero es necesario decir…que el siglo XXI no presenta del todo las características que encontramos para análisis del siglo pasado.

Aunque el enfoque de Adam Tooze (2024), se concentra especialmente en la historia británica, la actuación de Estados Unidos y la supremacía del dólar, y acertada implicación de China, su interés se posa sobre lo hegemónico, y eso le quita la agencia a esos periodos interregno, que son solamente tomados como periodos de inestabilidad; por lo que, agregaré que es en este mismo periodo de movimiento de la subalternidad gramsciana, lo que Raúl Zibechi adjetivaría como el mundo otro en movimiento, donde se fortalece lo colectivo como forma de respuesta, de afrenta clara que puede ser frontal o alternativa, y que tal vez es esa demanda social la que de alguna manera u otra va dando lugar a diferentes tipos de gobierno, aún si la hegemonía seguía siendo la misma, y esto aplica perfecto para nuestro gran Sur Global.

Resistencias, otras escuelas de pensamiento y formas de organización digitales han estado sucediendo a lo largo de este siglo; y aunque el mismo Gramsci aseguró que los gobiernos populistas eran revoluciones pasivas donde el consenso entre burguesías y demandas populares se articulaban sin necesidad de cambiar las relaciones de poder en su estructura, no pudo vivir lo suficiente para ver la capacidad real de las movilizaciones sociales actualmente. Para Israel González (2018) “La protesta social ha tenido un incremento cuantitativo y cualitativo, por lo que se ha convertido en una forma de manifestación esencial para la búsqueda del cambio en las sociedades”, agregando además que en la actualidad

“(…)Las redes digitales para la acción social se convierten en una instancia productora de sentido, como parte fundamental de la arquitectura de lo público que funciona como una caja de resonancia(…)”

Tooze termina su exposición diciendo que no cree que se puedan vivir cosas más graves y fuertes de las que anteriormente tuvieron lugar (lo viejo), y que, en esos nuevos proyectos que aún no conocemos, hay una gran oportunidad de exploración de posibilidades donde es preciso desprendernos de esa aparente claridad histórica y su confianza para “evocar conceptos de una época anterior”.

“Nuestra normalidad, por catastrófica que sea, puede ser manejable. El reloj ambiental corre, pero la mayoría de nosotros ya no somos pobres. Vivimos más tiempo. Hoy en día, probablemente se hubiera podido salvar la vida de Gramsci. Existen recursos tecnológicos gigantescos a los que podría recurrir una gestión de crisis democrática y progresista”. 

 

En este mundo en guerra, donde el absurdo y el sin sentido de reflexiones existenciales se vuelven realidad para la colectividad, recuperar la potencia y vitalidad de las diferentes manifestaciones sociales y su alcance global, puede servir también como pulso pues tal vez ese conocimiento sobre lo viejo hegemónico y lo que este mundo ya no necesita, sea la brújula en lo que deseamos que sea lo nuevo.

Fuente consultadas

Castro, M. (2018). Los movimientos sociales son instancias productoras de sentido. Reflexiones llevadas a cabo durante el seminario “La crisis, el poder y los movimientos sociales en el mundo global”, UNAM: Instituto de Investigaciones Sociales, recuperado de: https://www.iis.unam.mx/blog/los-movimientos-sociales-son-instancias-productoras-de-sentido/

República bolivariana de Venezuela. Ministerio del poder popular para la comunicación e información.” 2019 año de resurgimiento de las luchas sociales en América Latina”. Recuperado de https://radiomundial.com.ve/2019-ano-de-resurgimiento-de-las-luchas-sociales-en-america-latina/

Tooze, A. (2024). “Sobre Gramsci, contra el interregno”. Conversación sobre la historia. Artículos, Septiembre 5. Recuperado de https://conversacionsobrehistoria.info/2024/09/05/sobre-gramsci-contra-el-interregno/

 

  • Angélica Araceli Meneses López es mexicana, economista, diplomada en Economía y Negocios Internacionales por la Facultad de Estudios Superiores Aragón (FES Aragón), especialización en Desarrollo Social por el Posgrado en Economía, maestra en Estudios Latinoamericanos por la Facultad de Filosofía y Letras (FfyL), todas integrantes de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Experiencia en organizaciones sociales y perspectiva de género a partir de generación de la generación de instrumentos cualitativos y trabajo en campo para asociaciones de la sociedad civil, instituciones públicas y académicas. Actualmente doctorante de la Unidad Académica en Estudios del Desarrollo por la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ). Intereses de investigación: feminismos, género y política social.

Vicka Lorea

 

Por: Pilar Pino Acevedo*

Mi amiga Vicka es de esas pocas personas que no se parecen a nadie. No sólo es distinta es irrepetible. Tiene el aura del color más bonito que mis ojos han visto; un azul casi morado, como si llevara dentro un pedazo de cielo a la hora exacta en el día se vuelve un misterio. Dicen que ese color, hace mucho tiempo, estaba reservado para los reyes y reinas. Porque Vicka es una reina, pero no de un territorio, sino sobre los corazones.

Su belleza no es de las que se explican con palabras comunes. No está en la forma, sino en la esencia. Es una belleza que nace desde adentro y se expande, que se cuela en los espacios, que hace imposible no mirarla cuando entra a una habitación. No porque lo intente, sino porque simplemente es irresistible.

Vicka es la persona más fuerte que conozco, no es fuerte como el ruido que irrumpe, sino como lo que permanece. Es raíz que se aferra a la tierra incluso cuando el viento insiste en arrancarla. Es marea que se recoge en silencio para volver con más fuerza. Es fuego bajo la ceniza, latiendo despacio, negándose a apagarse.

Hay en ella un peso antiguo, como si llevara pequeñas tormentas guardadas en los bolsillos, como si conociera la densidad de los días largos. Y aun así, camina ligera. No porque no pese, sino porque ha aprendido a sostener sin romperse.

Y, contra toda lógica, elige la suavidad.

Elige la risa.

Elige la luz.

Y su risa… su risa es eso: luz. Tiene algo de sol de mañana: tibia, honesta, capaz de cambiar el color de todo lo que toca. Hay risas que se escuchan; la de Vicka se siente y trae alegría.

Tiene una ternura que no negocia. Es amable no porque deba, sino porque así es su naturaleza. No permite el dolor si está en sus manos evitarlo. Cuida, protege, abraza. Y, sin embargo, hay algo en ella que también despierta el deseo de cuidarla. Porque quienes aman sin medida también merecen ser sostenidas.

No hay falsedad en Vicka. Es genuina de una forma que desarma. Las infancias la reconocen, las mascotas la siguen, y la gente —casi sin darse cuenta— confía en ella. Con Vicka puedes hablar de todo: no hay juicio, solo escucha; no hay distancia, siempre te sientes acompañada.

Lo que más gusta es el mar. Le gusta ir a la playa con su Bufa y su Macario. Quizá porque el mar entiende de profundidades y de cargas. Ahí, entre el vaivén de las olas, deja un poco del peso que lleva y permite que la sal haga lo suyo: limpiar, curar, devolver.

Vicka parece siempre feliz, pero no es que no conozca la tristeza. Es que ha aprendido a no quedarse a vivir en ella. Tal vez no sabe del todo cuánto amor ha sembrado, pero su vida está llena de esa cosecha: personas que la aman sin medida, que la nombran con cariño, que la eligen.

Conocerla es como acercarse a una flor: primero ves la forma, luego el color, y si te quedas lo suficiente, descubres el aroma de su perfume. Ese que no se olvida, ese que te acompañará el resto de tu vida.

Tiene un corazón grande, de esos donde caben muchas personas. Y si alguna vez entras ahí, lo sabrás: Vicka no sabe querer poco. Cuando ama, lo hace en grande.

Su color favorito es el verde. El de la esperanza, el de la vida que insiste, el de lo que crece incluso después de la tormenta. Tal vez por eso su presencia se siente así: como algo que sana sin hacer ruido.

Así es Vicka.

Alguien que no necesita hacer nada extraordinario para cambiarte el día, la vida, o el ánimo.

Alguien que, siendo quien es, hace el mundo un poco más bonito.

Y yo… yo doy gracias por haberla encontrado y ser su amiga.

 

  • Pilar Pino Acevedo es economista, feminista marxista y escritora zacatecana. Su trabajo articula análisis político, perspectiva de género y crítica económica desde una mirada comprometida con la izquierda. Es activista por los derechos de las mujeres y de las personas con autismo, causa que atraviesa también su experiencia como madre de una niña dentro del espectro autista, lo que ha fortalecido su voz en la defensa de la inclusión y la justicia social.Ha participado en la colectiva Nantzin Zacatecas y ha colaborado como columnista en La Cueva del Lobo y en la revista literaria El Guardatextos. Actualmente es coordinadora editorial de la revista Tlali Nantzin, donde impulsa la reflexión y el análisis de temas políticos y sociales desde una perspectiva crítica y progresista.

WhatsApp Image 2026 04 07 at 2.07.12 PMFotografía: Citlaly Aguilar

 

Por: Citlaly Aguilar

Un año de corridos

Estoy en mi bar de confianza. Ya llevo tres cervezas encima, estoy por abrir la cuarta de la cubeta de la promoción de los viernes: 5 por 99 pesos. Estoy sola y la música suena a tope. Llevo un año viniendo, un año de cumplir puntual con este ritual. Vengo porque aquí encontré algo que no sabía que me faltaba: la música. No cualquier música, sino esa a la que la gente le dice “regional”, pero que abarca territorios sin fronteras, no solo en geografía, sino en emoción y espíritu.

Dentro de la música regional hay diversas variantes, pero la que me gusta escuchar particularmente es la norteña. Los músicos van vestidos todos iguales, porque esto es parte fundamental de una identidad particular. Los sombreros son el símbolo más importante. Se suben a tocar en las mesas; son atrabancados. El sonido del acordeón, del contrabajo, del requinto y del bajosexto llenan todo. Y, desde luego, los corridos forman parte esencial.

Cuando comencé a venir a este lugar, todos los aquí presentes se sabían las canciones y yo nada más me quedaba mirando; le daba un trago a mi bebida para disimular mi ignorancia. Pero poco a poco, inevitablemente me las aprendí. Todas.

Dentro de los corridos que más me gustan cantar con un grupo de norteño en vivo están el de “Laurita Garza”, porque, pues claro, soy mujer y la venganza de la maestra de la hacienda escondida a orillas del Río Bravo a todas nos toca fibras sensibles. La historia trágica de esa mujer que amó y que, a cambio, recibió la traición del típico vato con apego evitativo (diría chatGPT), es una que muchas hemos vivido y, admitamos, que hemos fantaseado llegar a ese terrible final. Al no poder hacerlo, la música nos da un lugar seguro, desde el que vemos el alcance real de semejante situación.

Otro de mis favoritos es “El águila blanca” porque, desde que inicia, el acordeón alterado te arrastra violentamente a la narración que empieza con unos versos épicos que todos siempre queremos corear a todo pulmón: “¡judiciales a la vista!”. La canción relata lo que acontece cuando unos integrantes de la maña salen victoriosos gracias a la corrupción de las autoridades.

En ambos corridos hay una historia que se cuenta que, como todas las historias, tiene la estructura del cuento clásico, es decir, introducción, desarrollo y cierre. En el primero leemos una tragedia, el segundo es más cómico. Pero ambos tienen puntos centrales evidentes que se corresponden con la estructura: el descaro, la violencia y la sorpresa del final. Además, los dos se desarrollan en lugares específicos y característicamente asociados con la marginalidad, la falta de ley y la ominosidad, pues el primero está en un lugar de México cercano a la frontera con Estados Unidos y el segundo en un retén policiaco. Todo ello forma parte, desde luego, de una forma de hacer épica en la música mexicana. Esa era la manera en que hasta hace relativamente poco se hacían los corridos.

Podría citar muchos más ejemplos, pero tendrían que estar ustedes aquí, a mi lado, disfrutando del alcohol con su espuma fría y de la tarde bajo los árboles de esta terraza, escuchando las risas de la gente que está bailando y viendo el paisaje del semidesierto zacatecano para que realmente pudieran sentir la intensidad de la música norteña.

Siento el nudo

Estoy en el Palenque de la Feria de Aguascalientes escuchando cantar a Junior H. Hay más de 20 músicos en el escenario y en las gradas no cabe ni un alma más. La música no puede ser mejor. Me llena y me desborda.

No hace mucho que los corridos tumbados y bélicos aparecieron en la escena musical de México. Estos, a diferencia de los que cantaban los Cardenales de Nuevo León, Los Cadetes de Linares, Los Tigres del Norte o Los Tucanes de Tijuana, tienen una épica mucho más cruda y un sonido casi casi barroco. Su vestuario también se ha renovado, ya no se les ve con sombrero y botas, sino con ropa deportiva y tenis.

Lo primero que escuché de Junior H fueron sus corridos más famosos: “El Azul” y “El hijo mayor”. En el primero me sorprendió el cambio repentino de ritmo y tono en el coro; en el segundo, la originalidad de las letras. Si bien, hay mucho que cuestionar sobre el discurso que vanagloria a personajes como Joaquín Guzmán, hay que reconocer que da mucho placer escuchar rimas tan inesperadas como “era adicto a la adrenalina / era lo que lo activaba y sacaba el jale en caliente / en el convoy puro suicida / listos pa’ tirar vergazos / no la pensaban dos veces”. Qué habilidad en el uso del español.

Como mujer no me identifico con este tipo de narraciones, como tampoco me identifico con la Ilíada ni con el Cantar del Mío Cid, que son también historias de vatos demostrando su hombría y poderío en la guerra contra otros vatos para lograr objetivos de vatos. Pero sí encuentro resonancia en la fatal lucha mexicana de intentar salir de la pobreza, como muchos de los personajes que aparecen en estas canciones.

No obstante, a diferencia de otros intérpretes y compositores de corridos bélicos, como Natanael Cano y Peso Pluma, el $ad Boyz, es decir, Junior H, escribe sobre antihéroes que no solamente son aspiracionistas, pues de quienes hablan sus canciones no solo son morros que quieren salir de pobres y lucir cadenas de oro, pistolas y troconas, sino que también son introspectivos. Esta es la cualidad más rara de su música. En casi todas sus letras encontramos a los que están fumándose un gallo o en una misión bélica, pero a la vez extrañan, sufren, aman, lloran, sueñan.

En Atrapado en un sueño, las canciones trastocan porque en todas nos habla alguien que, aunque trabaja en algo ilícito o se la pasa chido con los compas, en el fondo también está triste. Esto no solo lo sabemos por la letra, sino por la música, que es otro lenguaje, pues, aunque en “Mente positiva” pareciera que el mensaje es: “me la estoy pasando a toda madre”, la música dice: “pero me está cargando la v…”. Por eso es que muchas veces el personaje central no quiere dejar de beber: “va amaneciendo y la verdad no me quiero dormir”, dice en “Se quedan viendo”; “amanecernos directos a la mañana”, en “Me siento”. La fiesta no debe terminar, porque en el silencio y en la soledad el antihéroe junioracheano no soportaría su propio vacío.

Atrapado en un sueño me suena a las Babyshambles sessions de The Libertines, y no lo digo como si este parangón “validara” la música tumbada, lo digo porque aún en géneros que parecieran opuestos hay coincidencias, quizá involuntarias, pero que en el caso de los dos citados, me revelan mi propia preferencia por acordes melancólicos.

Yo no lloro siempre que escucho estas piezas, pero casi siempre siento el nudo, no solo por mi propio reflejo en ellas, sino porque encuentro ahí a gente viva, que sí he visto, que hasta conozco. Gente que también merece que alguien componga sobre ellos y que el rock de Metallica, ni siquiera el de Maná, que en su momento se sintieron tan defensores de los marginados, lo hará.

Este concierto se hace a pocos días de la prohibición de los corridos bélicos en Aguascalientes. Aunque el gobierno federal solamente ha invitado a escribir sobre otros temas, legislaturas estatales han hecho sus propias leyes al respecto, por lo que los diputados hidrocálidos, que son bien conocidos por ser ultraconservadores, hicieron lo propio. No obstante, el $ad Boyz nos complace con “El hijo mayor” al final del show, pero no lo puede cantar porque le apagan el micrófono, así que lo hacemos nosotros. Unos minutos después, escucho el video que grabé y no reconozco mi voz. No soy yo, es una persona frenética, una mujer que también siente al poder de la adrenalina con el sonido de la bandona.

¡Quiere alguien pensar en los niños!

Estoy viendo Los Simpson, acostada en mi cama, y justo cuando llego al capítulo 23 de la temporada 7, “El problema con Apu”, durante el debate sobre la ilegalización de inmigrantes, recuerdo que la frase de Helen Lovejoy la he escuchado decir muchas veces de los detractores de la música tumbada.

¿De verdad la gente piensa en los niños y las niñas? Es difícil notarlo en una cultura históricamente adultocéntrica. Como escritora de literatura infantil lo digo: es difícil pensar en niños y niñas. Muchas veces se escriben cuentos o historias pensando que son para ellos, pero desde una postura totalmente vertical, que no los toma en cuenta como personas activas en la sociedad. Yo misma he caído en ese error, pero no es totalmente voluntario, sino que es estructural.

Duele aceptarlo, pero durante siglos se intentó que la infancia no existiera, de ahí que muchos de nuestros abuelos y abuelas, e incluso padres y madres, tuvieron que comportarse como adultos desde muy tempranas edades. Culturalmente, nuestro contacto con esa etapa del desarrollo humano es relativamente temprano, quizá de mediados del siglo XX para acá. Y aún es complicado.

El asunto es que generalmente se piensa en niños y niñas solo como seres que se convertirán en adultos y no realmente como personas verdaderas que están presentes en las sociedades con sus propias necesidades y aportaciones, y por ello es que difícilmente sabemos lo que les ocurre o cómo abordarlo. Los corridos, y particularmente los bélicos y tumbados, no están hechos ni dirigidos para niños y niñas, de hecho, es muy poca la música que se hace para ese público. Es legítima la preocupación de que ellos escuchen esas composiciones, pero esa es una deuda del ámbito privado, es decir, de la familia. La cuestión es que cuando en la familia no se sabe realmente cuidar de las infancias se cae en la idea de que entonces el mundo es el que debe hacerlo, lo cual es, no solo irresponsable, sino imposible, pues equivaldría a pedir al entorno que nada se mueva para que entones los más pequeños no corran ningún riesgo. En ese sentido, se cae en lo que el personaje de Los Simpson hace, pues pone como pretexto a los niños para protegerse a sí misma de algo que le asusta y no sabe cómo resolver.

Al momento de pedir que alguien piense en niños y niñas tendríamos que hacerlo en primera persona: “yo tengo que cuidar que nada les pase”, y eso implica no solo cuidar la música que escuchan, sino las dinámicas de poder que ejercemos sobre ellos y que nos hacen creer que ellos no son inteligentes como para saber qué es lo bueno y lo malo, o qué es correcto y qué no cuando se les explica cualquier cosa con respeto y detenimiento. Aunque la responsabilidad no es solo del Estado ni solo de la familia, quizá pensar en los niños y las niñas no es protegerlos de cierta música, sino acompañarlos a que encuentren en ella lo que como adultos tendríamos que comprender también, no solo lo que no queremos escuchar: nuestra historia y la realidad más cruda.

¿El rock está muerto?

Estoy en la carretera que lleva a Ojocaliente, municipio que queda a media hora de mi casa. Voy acompañada de mi hermano. Nos dirigimos al funeral de la abuela paterna. Suena “Javier, el de los llanos” en el estéreo y eso nos basta para empezar a hablar de la música. “El rock está muerto”, dice él y me sorprende escuchárselo decir, porque si por alguien atendí el rock metal, y después el nu metal, fue por él. Desde la prepa vi a mi hermano usar playeras metaleras, llevar en su compact disc selecciones cuidadosamente hechas para escuchar por días enteros y lo oí hablar sobre discos, canciones y conciertos durante décadas.

“Desde la época en que salieron The Strokes y Muse, creo que ya no se ha hecho nada bueno”, agrega. “Y esos ya son poperos, ¿no?”, reflexiono. Suena entonces “M&M” de Netón Vega. Veo por la ventana. Los campos dorados de las milpas brillan bajo el sol. Los cerros en el horizonte son azules, verdes, cafés. Hace calor. Siento una profunda tristeza que se agudiza con el sonido de la trompeta. En este momento, con este escenario, no podría estar escuchando a Cradle of filth, no se me antoja ni me sentiría acompañada.

Pienso entonces en que, actualmente, el rock ya es parte del establishment. Los rockeros ya no escuchan el rock porque haya un mensaje contestatario ahí, sino porque resulta que ya es una música de élite, un símbolo de estatus. Y claro, muchos de los músicos de rock hecho en Europa, por ejemplo, son de conservatorio. Incluso varios de los rockeros mexicanos, como los integrantes de Café Tacvba, vienen de la clase media y sus discursos son sumamente complacientes.

A uno de mis mejores amigos le da risa que acá en México, los fans metaleros se pintan la cara de blanco y negro, para mostrarse “bien oscuros”, pero es una fanfarronería porque en nuestro país no hay una tradición gótica real, como la hay, por ejemplo, en Suecia… En cambio, el aspiracionismo del que hablan los corridos tumbados es real, es muy de la cultura mexicana.

Un escritor de mi ciudad se molesta con esta música, la tacha de apología del narco, pero él mismo escribe cuentos en los que unos malandros hacen pozole a otras personas y en los que el sexo es terriblemente violento porque objetiviza a las mujeres… Otro escritor dice que le ha costado mucho tiempo y esfuerzo tener un gusto musical educado, y se enorgullece de que sea jazz, contradicción extraña, puesto que él mismo se dice contracultural. ¿Desde cuándo “el gusto educado” está alineado con el sistema, con la complacencia? El jazz no lo estaba. Hay mucho de superioridad moral en estas posturas, por eso no llegan a ser críticas, sino pura incomodidad.

Y claro, esta superioridad no solo se da en los metaleros y en los escritores, pues mi propio papá, que es un verdadero trve de Los Bukis, cae en esta dinámica: “qué gacho canta ese wey”, dice cuando escucha a Natanael Cano cantar “O me voy o te vas”. “No, ya cochinearon esa canción”, dice incrédulo, decepcionado, molesto.

 

Una propia contradicción

Estoy en Fresnillo. Es mediodía y es miércoles. Estoy con uno de los responsables de que ahora escucho música tumbada más que otra cosa. Estamos en Mi Cantinita, tomando vampiros, viendo cómo la gente va a sus trabajos, a la escuela. Nosotros estamos escuchando música. Suena “Marlboro rojo”, de Fuerza Regida, “La people II”, de Tito Doble P, Peso Pluma y Joel de la P, y “Presidente”, de Gabito Ballesteros, Natanael Cano, Netón Vega y Luis R. Conríquez.

Él y yo nos encontramos en la música. Sin esta hubiera sido imposible conocernos, y cuando digo conocernos me refiero a realmente llegar a la profundidad de quienes somos. En la música nos encontramos reales, vulnerables. No son los corridos y lo que dicen, sino la manera en que nos conectan cuando cantamos a todo pulmón juntos, cuando nos reímos, cuando bailamos.

Él y el semidesierto son los paisajes que me conectan con la música. A su vez, la música me lleva hacia mí misma, a mis raíces, a quien realmente soy: una mujer contradictoria, pero sensible. No sé explicarme a mí misma que acudí a la marcha del 8M escuchando “Ch y la pizza”. No sé explicar a nadie que la violencia me causa repulsión, pero grito “chaaau” cuando suena “Rubicón”, de Peso Pluma. ¿Es apropiación, resignificación, contradicción, supervivencia simbólica? Creo que es todo a la vez. Sí hay una apropiación de discurso, pero no desde la validación, sino desde la confrontación personal. El límite entre catarsis y reproducción de violencia aparece cuando, pese a cantar y disfrutar, la incomodidad persiste porque, aunque haya cierto placer al escuchar esta música, no deja de ser un dispositivo de violencia simbólica que asumo desde la aceptación de la complejidad del mundo en el que habito, en el que hay una masculinidad hegemónica ante la que tengo que sobrevivir. Disfruto de esto, pero ese goce está atravesado por estructuras que también me dañan.

El oxímoron de mi personalidad queda al descubierto cuando escucho el estruendo salvaje de los requintos, de las tubas, del contrabajo. Y eso solo lo entiende él. Y solo lo puedo compartir con él. Por eso estoy aquí, hoy, a su lado, en una ciudad queda a una hora de distancia de mi casa, cuando, si fuera más coherente, debería estar en mi casa escribiendo un artículo sobre el desarrollo compartido en el período de Echeverría. Aquí no estoy sola.

Me conozco en mi propio desconocimiento. Y creo que eso es justamente lo que más me gusta de esta música. Lo que escucho cuando escucho corridos no solo es música, es también una confrontación personal, social, cultural, política… un país que amo, pero me asusta. No escucho héroes, sino sobrevivientes. Unas fuerzas internas luchan adentro de mí y de ello salen chispas placenteras. No es cómodo, no es elegante. Es arte. Lo que escucho es una parte de mí que no sé explicar porque quiero justicia, pero a veces también venganza… Me asusta la violencia, pero creo que la canto para no sentir miedo. Quizá no soy coherente, pero honesta sí.

La tarde comienza a caer, la vemos colgando del cielo desde donde estamos sentados, le damos un trago a nuestros vampiros. El bar sigue solo, como si lo hubieran abierto especialmente solo para nosotros dos, así que sonreímos y cantamos la canción que suena a tope: “parezco de la maña, me veo bien placoso de Dolce Gabbana…”

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Fotografía: cortesia archivo personal Cristela Trejo

Por: Pilar Pino  

Cristela Trejo no eligió este camino de manera racional, como quien decide una carrera o un oficio. Lo heredó de una manera que pocas personas heredan algo: viviéndolo desde niña, de la mano de une padre marxista y une madre de fe que juntes fundaron la primera escuela para trabajadores en Querétaro a finales de los sesenta, y que llevaban a sus hijxs al CERESO porque el trabajo de cambiar el mundo no se pausa.

Hoy, treinta años después, Cristela es abogada feminista, defensora de derechos de la infancia y docente universitaria. Ha acompañado a niñas, niños, mujeres y madres buscadoras en los momentos más devastadores de sus vidas. Ha sido reconocida con la Medalla María Rodríguez Morillo por la legislatura de Zacatecas. Y ha sido criminalizada por el mismo Estado que debería proteger a quienes ella defiende.

La encontramos en medio de todo eso. Como siempre, porque ella cuando se trata de acompañar, ella no descansa.

P — Cristela, ¿quién eres y a qué te dedicas, con tus propias palabras?

Soy Cristela Trejo. Soy defensora de derechos de la infancia, soy abogada feminista y soy docente universitaria.

P — Llevas treinta años caminando junto a quienes más te necesitan. ¿Cuál es el momento o la historia que encendió en ti esa vocación?

Tiene que ver con mi crianza. Mi padre era totalmente marxista, mi madre era una mujer de fe. Una combinación rara, pero siempre haciendo incidencia social en las escuelas donde daban clase. Trabajaban en la sierra queretana y les incomodaba que el proyecto de vida de las mujeres fuese el matrimonio: decían que había algo más, que tenían que estudiar. Fundaron la primera escuela para trabajadores en Querétaro a finales de los sesenta.

Mi madre fue también la primera maestra que implementó el sistema de educación en el Cereso, desde los años setenta. Y yo era una niña que andaba ahí junto con ella. A veces parece un poco irresponsable, pero así fue. Cuando vine a Zacatecas empecé a trabajar con poblaciones en situación de calle, con niñas y niños, acompañando a mujeres que vivían muchísima violencia. Tenía diecinueve años. Venía de Filosofía, todavía no ingresaba a Derecho. Y desde ahí no lo he dejado de hacer.

Hay casos que me han partido muchísimo, que en algún momento me generaron demasiada angustia como para querer parar. Pero no. Respiro y sigo.

"Respiro y sigo. Siempre."

P — La Medalla María Rodríguez Morillo reconoce tu trayectoria ante toda la legislatura. ¿Qué significa ese reconocimiento en un contexto donde el activismo muchas veces se ejerce desde la invisibilidad, y donde además te han criminalizado?

Los reconocimientos para quienes hacemos defensa de derechos humanos pueden parecer triviales, incluso frívolos. Pero en este momento, donde se nos está criminalizando por acompañar a víctimas, sí representa algo. Para mí fue algo bueno en el sentido de visibilizar la lucha de las mujeres que acompañamos a otras poblaciones.

Y porque eso es lo que hacía María Rodríguez Morillo: era docente, y fue torturada y asesinada por eso, por la ignorancia de un grupo de personas. Queremos poner su memoria en la mesa, porque no hay una disculpa pública de la Iglesia por los crímenes cometidos en su nombre, y en el imaginario zacatecano colectivo no está su figura como debería estar.

Hay que poner en la mesa a las mujeres que están resistiendo al sistema de justicia patriarcal, a las madres buscadoras, a quienes están siendo criminalizadas y revictimizadas. Nos están invisibilizando, y cuando alzas más la voz, se te criminaliza. En Zacatecas ya les ha costado la vida a dos madres buscadoras y a una defensora del territorio. La oposición de la bancada de Morena al reconocimiento hizo que no pasara tan desapercibido. Sin querer lo hicieron más visible.

"La memoria histórica va más allá de los gobiernos. Eso es lo que no han entendido."

P — Acompañar a víctimas de violencia implica cargar con historias devastadoras. ¿Cómo cuidas tu propia salud emocional mientras sostienes el dolor ajene?

Tengo que reconocer que soy privilegiada: tengo una red de apoyo muy fuerte, no solamente local, también nacional, y puedo pagar un acompañamiento terapéutico. Eso me permite vivir con todos esos dolores compartidos, con esas tristezas, enojos y furias, y reconocer que mi acompañamiento es muy mínimo para lo que requieren las familias.

Pero por eso es el litigio feminista: porque no solamente acompañamos a las víctimas, sino que trabajamos para cambiar la estructura. Y lo estamos logrando. Nuestro avance más significativo en estos últimos meses ha sido la despenalización del aborto en Zacatecas. En una sociedad tan tradicional, ocurrió algo difícil de creer. Se logró. Falta mucho todavía para que sea un derecho sin culpa, un derecho a la salud de manera digna y segura. Pero estamos trabajando.

"Lo personal es político. Y hay que ser responsables con ello."

P — Las madres buscadoras representan una de las luchas más desgarradoras de este país. ¿Qué has aprendido de su valentía?

Son mi referente inmediato más fuerte sobre la dignidad y la resistencia. Son mujeres precarizadas que están haciendo lo que nunca se había visto en este país: construyendo legislación, logrando cambios estructurales en la Constitución, aprendiendo medicina forense, técnicas de búsqueda, cómo revisar un expediente, cómo coadyuvar con el Ministerio Público, promoviendo amparos. Es una maravilla lo que están haciendo.

Y al mismo tiempo están resistiendo al olvido, haciendo memoria, ejerciendo lo que los zapatistas llaman “la digna rabia”. Aprendieron todo eso a través del dolor y la desgracia. Para mí son un símbolo de este país: están haciendo lo que las instituciones no hacen.

Lo mínimo que puede hacer la sociedad zacatecana es cambiar las narrativas de criminalización hacia las víctimas. Lo mínimo. Porque todo el mundo conoce a alguien que está desaparecide. No es algo lejano. Está a la vuelta de la esquina.

"Son mujeres precarizadas haciendo lo que las instituciones no hacen: encontrar a sus seres queridos."

P — Has sido víctima de represión del Estado por defender a las madres buscadoras. ¿Cómo se sostiene la convicción cuando el sistema que debería protegerte se convierte en tu agresor?

No estamos buscando intereses económicos, y por eso no estamos en una situación de altísimo riesgo. Estamos exigiendo que se cumpla lo que ya está en la ley, nada más. Estamos visibilizando algo que quieren mantener oculto. Y eso incomoda. Lo vemos en los tres niveles de gobierno: cómo desacreditan los censos de personas desaparecidas, cómo minimizan las cifras.

Pero no estamos exentas. Las dos buscadoras asesinadas en Zacatecas eran buscadoras de sus hijas, que probablemente estuvieron en redes de trata con fines de explotación sexual. Ahí está el interés económico. Entonces hay que verlo con otro enfoque: no estamos exentas, aunque en este momento no generemos la incomodidad que genera tocar esos intereses económicos directamente. Por eso también es importante el autocuidado colectivo: saber cuándo replegarse un poco. No tenemos escudo protector.

P — ¿Cuáles son los cambios estructurales más urgentes que México necesita para garantizar justicia real a las víctimas?

Un sistema de justicia eficiente y eficaz. Y tenemos retrocesos importantes con la reforma de elección del Poder Judicial. Creo que esto nos va a tener en pausa un buen tiempo. La autonomía de la Fiscalía tampoco tuvo los resultados que esperábamos: sigue siendo imposible, sigue siendo la misma dinámica de complicidad de décadas.

Acceder a la justicia en este país sigue siendo un privilegio. Quien tiene recursos económicos, conocimiento, redes, capital simbólico, puede acceder. Quien no, no. Claro que el sistema judicial tenía muchas áreas de oportunidad, claro que eran urgentes los cambios, pero esta no fue la vía. Fue la menos acertada y fue la que se implementó. Esperemos que los retrocesos sean momentáneos.

"Acceder a la justicia en este país sigue siendo un privilegio. Eso tiene que cambiar."

P — ¿Qué mensaje le darías a las mujeres jóvenes que quieren transformar su entorno, pero sienten que su voz es demasiado pequeña para ser escuchada?

Que no hay voz pequeña. Todas las voces son poderosas. El simple hecho de poner un límite ante una violencia normalizada, como puede ser la doméstica o la del noviazgo, con eso ya están logrando mucho. Son referentes para otras generaciones, para las hermanitas más pequeñas, para las vecinitas. Que se lo crean.

Lo personal es político, y hay que ser responsables con ello. Tratar de ser congruentes, aunque nos vayamos a equivocar porque somos personas. No sentirnos derrotadas ante la frustración del sistema. Todos los días podemos trabajar, todos los días podemos ser referentes. No hay voz pequeña.

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Imagen: cortesía Yurinova Fibela

 

Una médica sexóloga y docente universitaria habla sobre sus quiebres, su autocrítica y el arte de acompañar sin colonizar a quienes cuida.

Por: Pilar Pino

 

Hay personas que eligen una profesión. Hay otras que la profesión las elige a ellas, las sacude, las quiebra y las rehace. Krystal Yurinova Fibela pertenece al segundo grupo. Médica, sexóloga, docente universitaria y preparatoriana, trabaja en los márgenes donde la biología se toca con la dignidad. En una ciudad conservadora como Zacatecas, ha construido —con tropiezos propios confesados con honestidad sorprendente— un modelo de atención que pone el cuerpo de las y los usuarios en el centro, no como objeto clínico, sino como territorio de derechos. Esta conversación con Pilar Pino es un retrato de lo que significa ejercer la medicina con conciencia: sin paternalismos, sin certezas absolutas y con la valentía de cuestionarse primero a unx mismx.

P- Eres médica, das clases en la preparatoria y tienes formación en sexología. Cada uno de esos roles, por sí solo, ya sería una vida entera. ¿Cómo te describís a ti misma? ¿Cómo nombrarías, en tus propias palabras, lo que hacés?

El ejercicio continuo de una educación con enfoque de género, diversidad e inclusión, y en defensa de los derechos humanos en temas de salud integral. Y cuando hablo de salud integral, hablo de salud mental, salud física, salud emocional. Esta trayectoria lleva toda una vida de estrategias, rumbos, caídas, donde te das cuenta que el ejercicio mismo es diario. Es diario en cada espacio en el cual estás, y el cual puedes transformar de manera propositiva.

P-  Trabajás con personas en sus momentos más vulnerables, muchas veces solxs. ¿Qué significa para ti estar presente en esos momentos? ¿Y qué has aprendido de las personas que has acompañado?

Lo más importante para quienes se acercan es que se sientan entendidas, escuchadas o escuchados, y sobre todo que vean acciones específicas que salvaguarden y cuiden su integridad. He tenido experiencias muy positivas y muy negativas, donde se les ha criminalizado, donde incluso se les castiga por una decisión que es un derecho —como el derecho a la identidad o el derecho libre a decidir sobre nuestros cuerpos— y por ese simple ejercicio de decidir se les cargan muchos estigmas: la culpa, la vergüenza, el castigo.

“Estas experiencias me han llevado a ser cada vez más humana, pero también más autocrítica: desde dónde estoy acompañando, y para qué y para quiénes estoy acompañando."

— KRYSTAL YURINOVA FIBELA

No se trata de maternalizar o paternalizar una causa, porque creo que muchas veces nos convertimos en lo que tanto criticamos. El hecho de querer decidir por alguien más es lo más violento que podemos hacer por una persona. Siempre me he mantenido muy al margen de respetar las decisiones de mis usuarias, usuarios y usuaries. La clave es brindarles información amplia, efectiva y afectiva, para que tengan herramientas y puedan tomar una mejor decisión. Porque en esa situación de vulnerabilidad la situación se puede tornar muy manipulable.

P- El sistema médico ha fallado históricamente a las mujeres y, ni qué decir, a las personas de la comunidad LGBTIQ+. ¿Qué implica ejercer la medicina desde esta perspectiva de derechos? ¿En qué es diferente a lo que hacen otrxs colegas tuyas y tuyos?

Eso fue una deformación de mi formación médica. Me ha costado —y me sigue costando mucho trabajo— ser médica con enfoque de género, diversidad e inclusión. Porque nuestro enfoque siempre ha sido muy biologicista, muy técnico, y a la vez muy violento y autoritario. Cuando me integro a un enfoque más humanístico y lo vivo en carne propia, ese sistema tan violento que oprime, opaca y coerciona a la población en condiciones de vulnerabilidad, me lleva también a cuestionarme mi praxis. ¿Desde dónde estoy medicando? ¿Desde dónde estoy acompañando? ¿Desde dónde estoy curando?

P- Siendo Zacatecas una sociedad muy conservadora, los derechos reproductivos y los de la comunidad LGBTIQ+ siempre han estado en disputa. ¿Cuál fue el momento en que sentiste que tu trabajo era urgente e irrenunciable?

Me daba cuenta de que los consultorios médicos escolares no eran más que espacios para expender medicamentos. La aspirina, el paracetamol, la curita, cuando realmente el objetivo de un consultorio médico escolar es la promoción, la prevención y la educación para la salud integral. En el papel sí estaba. Pero cuando se lleva a la práctica, nos damos cuenta de que no estaba funcionando como tal. Y al tratarse de adolescencias, la primera barrera era esa: No les dejan decidir con la justificación de que cumplen con la mayoría de edad. Cuando es todo lo contrario, son sujetxs de derechos, y el derecho a la salud integral es universal, igual que el de la educación. Lo que debemos hacer es proporcionales las herramientas para que puedas gestionar sus propias decisiones y asumir la responsabilidad de sus actos.

No hablamos de planificación familiar con adolescencias: ellxs no están planeando una familia. Están ejerciendo su derecho a una sexualidad libre e informada."

— KRYSTAL YURINOVA FIBELA

P- ¿No es lo mismo el acompañamiento que le das a una niña de 13 años que a una adolescente de 16 o 17, verdad?

Yo a veces digo que la edad solamente es una estadística, porque la madurez emocional, intelectual y social es diferente en cada etapa y en cada usuaria o usuario. En un solo grupo de primer año, cuyas edades oscilan entre los 13 y 14 años, hay un abismo dependiendo del contexto que vive cada estudiante. Puedes tener una adolescente con una madurez biológica importante pero con una madurez emocional que todavía sigue siendo la de una niña. Por eso me genera mucha satisfacción poder trabajarlo desde la interseccionalidad, generando acompañamientos adecuados al contexto, para que tanto padres, madres de familia y profesorado se sientan con la confianza de que hay una profesionalización atendiendo a sus hijxs y estudiantes.

P- Me comentabas que cuando tuviste esa discapacidad momentánea de movilidad, te diste cuenta de muchas cosas. ¿Fue ese el momento de quiebre personal que te hizo pasar de conocer estas luchas a vivirlas y defenderlas más activamente?

Me cacé también en esta situación de estrés laboral y ansiedad donde no había contención. Porque las personas que cuidan, enseñan y hacen esta chamba cargan algo supér pesado. Y más cuando tenemos una personalidad aprensiva: es la parte en que también te es difícil pedir ayuda. Yo, que soy profesional de la salud, que lo estaba viendo y lo estaba viviendo, aun así no asumí ese riesgo, dejé mi atención a la salud mental, hasta que me quebré. Y cuando me quiebro de manera integral, también me doy cuenta de todo lo demás que se necesita. Esta sensación de querer seguir siendo útil, cuando sigues siéndolo desde otras aristas… pero también es la oportunidad del descanso. ¿Por qué no?

Soy neurodivergente. Hasta que llevas terapia y aterrizas un poco, te das cuenta de que tu vida no es tan sencilla como la de alguien que ves y te preguntas: ¿por qué a ellx le salen las cosas tan fáciles cuando yo estoy batallando muchísimo?"

— KRYSTAL, SOBRE NEURODIVERGENCIA Y AUTOCONOCIMIENTO

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Imagen: creada con IA Gemini

Por Jorge de la Torre*

         Segunda parte

En cambio, la temporalidad mesiánica, al ser temporalidad de ruptura con el tiempo del progreso, apunta a una especie de temporalidad mítica, con ello nos remitimos, por su alusión a la fuerza del mito, como una representación vital, pulsional, existencial, y emocional, que nos habita de forma honda en lo que se ha llamado el inconsciente colectivo de la humanidad, en donde anida esta fuerza mesiánica ralentizada por el tiempo de lo eterno. Este inconsciente colectivo histórico es también la memoria de la humanidad, en donde se han depositado todos los instantes de peligro; es decir, todos los tiempos de lucha, de toma de decisiones y de posturas que configurarán la realidad histórico social. La fuerza mesiánica y el tiempo mesiánico están ahí puestos, podemos decir, expandiéndose también; y por ello, entrando en contacto directo y de forma orgánica con nuestros instantes de peligro en el tiempo presente. Por ello, ante los acontecimientos, o instantes de peligro dirigidos por la temporalidad del progreso capitalista, hay que situar al tiempo mesiánico, como tiempo de transformación, o de posibilidad de redención, de ruptura y de repliegue sobre el tiempo del eterno retorno.

La oposición del tiempo primigenio, el tiempo en forma de kairós, y de aión; es decir, en forma de (instante) y de (eternidad), frente a la temporalidad del sistema mundo tecnocapitalista que promueve la utopía del progresismo fisicalista, sería en realidad la lucha contra una pseudotemporalidad que nos agota, nos consume, nos devora. Es el reino de cronos que devora a sus hijos, el reinado e imperio del tiempo cronológico. El acto heroico y supremo, consiste en romper con la pseudotemporalidad, provocar la desgarradura del tiempo cronológico y cuantificable que nos demarca, y lo mide todo. Para buscar otra posible medida, la medida de la irrupción del acontecimiento, del momento en que el instante rasga la eternidad como dice Kierkegaard, al señalar que cada salto existencial auténtico para devenir sujeto, pasa por la relación que se establezca con el instante, en tanto este es posibilidad de transgresión y de ruptura con el tiempo de la continuidad, y de la uniformidad.

El tiempo de la durée, de Henri Bergson, junto al tiempo del eterno retorno de Mircea Eliade, se conectan a su vez, con el tiempo mesiánico de Benjamin. Pero también el instante de peligro de Benjamin coincide con otro instante, el instante existencial de Kierkegaard, en donde se da el salto hacia otra forma de existencia. El instante kierkegaardiano permite vislumbrar lo que podemos conocer como el tiempo existencial, el cual pasa a su vez, por tres estadios: el estadio estético, el estadio ético y el estadio religioso. Cada salto existencial, implica un instante en que se da el salto de un tiempo existencial a otro tiempo existencial. Para Kierkegaard, el estadio religioso, implica haber llegado al tiempo de la eternidad, como meta del individuo, sin demeritar otros saltos o tiempos existenciales. Cada salto implica una transformación en el orden de la existencia concreta. Por ejemplo, si para el sujeto existencial del estado religioso el tiempo es de eternidad; para el sujeto existencial estético, el tiempo es finito, voluble, vuela y nos consume. Un día somos bellos y al otro día ya no. Un día tenemos poder y dinero, al día siguiente todo se esfumó.  

Nietzsche, también hará referencia al tiempo del eterno retorno, en dos pasajes que son emblemáticos. El primero de ellos, es una provocación para visualizar el tiempo del eterno retorno por medio de la afirmación de lo que llamó la voluntad de poder que se puede entender como la voluntad del querer, o del desear. La provocación, más o menos es planteada así: …Imagina que estás en una noche en tu habitación, se puede ver un rayo de luna entrando por la ventana, así como una araña diminuta sobre su telaraña; de repente aparece un duende que te pregunta: ¿volverías a vivir este día?, ¿quieres con tal pasión y entrega lo que pasó en este día, que volverías a él una y otra vez? Si la respuesta es sí, entonces has entrado en la lógica del tiempo del eterno retorno, del tiempo auténtico, el tiempo en donde se juntan de forma virtuosa el instante y la eternidad. Si dices que no, entonces estás aún en el tiempo del mal, el tiempo en donde eres devorado, el tiempo cronológico, el tiempo del sistema mundo, el tiempo de los sin tiempo, de los que viven para el sistema mundo que lo devora todo y nos deja en estado de despojo, de miseria, de opresión.

El otro pasaje es el pasaje más heroico de toda su obra, culmen de la filosofía nietzscheana. En este pasaje se concentran las dos representaciones del tiempo del cual venimos hablando. Por un lado, el instante de la redención, de la transfiguración de todos los valores, el acceso al tiempo mesiánico y a su fuerza mesiánica, al tiempo sagrado, al tiempo del eterno retorno; por el otro, el instante de peligro, como no tiempo, el tiempo del mal, el tiempo que podemos llamar artificial por ser el tiempo del progreso, el tiempo satánico: …una víbora se desplaza de forma silenciosa alrededor de la fogata en donde yace plácidamente a cielo abierto un pastor. La víbora se desplaza furtivamente hasta la humanidad del pastor, sube por él hasta que llega a su boca y se mete por ella asfixiando al pastor que se despierta aterrorizado, se da cuenta que está en un instante de peligro, el terror lo paraliza, muere de miedo; pero de repente, surge en él el coraje, el valor; entonces, de repente, se levanta de su lecho y devora de una mordida la cabeza de la serpiente. Ese momento, es el momento que marca el nuevo cielo y el nuevo mundo para él, pues se ha transfigurado, ya no es un hombre, es un superhombre que ha vencido al miedo y al terror que lo paralizaba y no lo dejaba actuar. Estaba situado en el tiempo de la pseudotemporalidad, el tiempo satánico, pero ahora que lo ha vencido, danza, y su danza es de júbilo, se ha transfigurado, y con ello, ha alcanzado la eternidad, el tiempo del eterno retorno del súper hombre.

Zarathustra es el profeta persa que vivió en la región de lo que hoy es Irán. Nietzsche lo eligió para hacer su crítica a los valores y la idiosincrasia occidental, por medio de las representaciones simbólicas proveídas al inconsciente colectivo por el cristianismo occidental bajo la hegemonía cultural de la iglesia católica romana europea. Su libro profético, cual nuevo testamento: Así habló Zaratustra, no puede leerse solamente como una crítica ácida y contundente hacia el cristianismo cultural, sino como una provocación e invitación a mirar el tiempo genuino del eterno retorno, para romper con la pseudotemporalidad, con el tiempo del mal.

Ubicándonos en el tiempo del ahora, podría ser importante que detectemos cuáles son nuestros instantes de peligros, los movimientos reptilianos y furtivos que se mueven en medio de las sombras, y con ello, darnos cuenta que tenemos dos opciones, morir de miedo y quedarnos paralizados, o darnos cuenta que estamos ante la oportunidad de dar el salto definitivo que rasgue la pseudotemporalidad para dar paso al tiempo del eterno retorno, el tiempo de lo mesiánico; el tiempo de la transfiguración de un nuevo cielo y un nuevo mundo; el tiempo de pasar del miedo a la vida, o del tedio de la vida, a la afirmación y gozo de la vida, al decir: ¡sí, claro que sí! ¡viviría este momento una y otra vez de ser necesario! ¡Así de esta forma afirmo cada palabra y cada acto mío! Pero tal afirmación no se puede dar bajo una forma repetitiva y mecánica, es decir meramente exterior, dentro del tiempo cronológico, en el cual se nos mide y se nos pondera como un mecanismo más; sino en el tiempo de la vivencia interior, el tiempo del instante y de la eternidad. Sin embargo, para llegar a ello, se hace necesario el acto heroico ante el instante de peligro, el acto que pueda rasgar el velo del tiempo del mal.

 

  • Jorge de la Torre es licenciado en Sociología con la terminal en Estudios Ibérico Latinoamericanos. Tiene una especialidad en Antropología y Étic, una maestría en Filosofía y Ciencias Sociales y un Doctorado en Ciencias Sociales.

WhatsApp Image 2026 03 23 at 12.59.51 PMImagen:Alexia Joana Ovando Márquez

 

Por: Alexia Joana Ovando Márquez *

La noción actual de “mujer” es un resultado, una consolidación paradigmática que representa un cambio de modelo respecto al cuerpo. Esta opera a través de un conjunto de creencias, valores y técnicas compartidas, que de forma inconsciente e invisible, determinan cuáles realidades son las aceptables. Esta estructura nació a finales del siglo XVIII tras del colapso del modelo del sexo único en donde la mujer no era diferente al hombre, sino una versión “invertida” y menos perfecta debido a la falta de “calor vital”. El cuerpo era una metáfora del cosmos: los órganos eran isomorfos, los fluidos (la sangre, el semen y la leche) eran una misma sustancia transformada. En ese esquema, el sexo ocupaba lugar como categoría sociológica y no ontológica. Hacia principios del siglo XIX, la revolución epistemológica de la modernidad convirtió el cuerpo femenino y masculino en una “verdad anatómica” independiente de la cultura. La biología apareció como fundamento epistemológico estable e inamovible del orden social. En este nuevo contexto, lo que pretendía ser un descubrimiento científico fue la legitimación de un régimen político donde la categoría de sexo funcionó como un filtro totalitario. Este redujo el cuerpo humano a la supuesta función de los órganos, según lo determinado por el propio régimen. A través de la teoría de la ovulación espontánea se vinculó la identidad de los cuerpos exclusivamente a sus capacidades reproductivas.

Bajo este contrato social, la mujer y el hombre sólo cobran sentido a partir de una oposición heterosexual que reduce la experiencia subjetiva a una clasificación entre “úteros generadores” o “productores de esperma”, asegurando así la reproducción de la especie y la plusvalía de los servicios de cuidado. Por lo tanto, el descubrimiento de la anatomía femenina no es una verdad natural, sino una producción política que legitima un orden social presentándolo como naturaleza inmutable. Esta revolución que utilizó la corporalidad como fundamento de una nueva política, convirtió la diferencia sexual en un paradigma que suministró modelos culturales. La transición del modelo de “sexo único” al de los “dos sexos” marcó un cambio donde la ciencia empezó a operar bajo un marco teórico que determinaba lo que era válido. La biología se convirtió en el pilar del orden social y la “verdad anatómica” fue la consolidación de un nuevo paradigma en el cual el individuo actúa a través de una repetición performativa: una reiteración estilizada de actos y normas que producen el efecto del sexo natual.

Kuhn, Thomas S. (2007). La estructura de las revoluciones científicas (Apéndice/Epílogo). Citado en: Briceño, T. "El paradigma científico y su fundamento en la obra de Thomas Kuhn". Tiempo y Espacio, v.19, n.52, p. 303

Laqueur, Thomas. (1994). Cap. V: "El descubrimiento de los sexos", pp. 257, 263

Wittig, Monique. (2006). "La categoría de sexo" en El pensamiento heterosexual, p. 21

Preciado, Paul B. (2020). Testo yonqui. Cap. 6: "Tecnogénero" (Sección: El crepúsculo de la heterosexualidad como naturaleza), p. 95

Preciado, Paul B. (2020). Cap. 4: "Historia de la tecnosexualidad" (citando a Judith Butler), p. 58

 

  • Alexia Joana Ovando Márquez, es una joven escritora mexicana de 23 años, su trabajo es multidisciplinario. Tiene un blog feminista: https://feministaqueexplota.blogspot.com/  Cuenta con cursos en Autoetnografía feminista, Escritura creativa, Escritura de novelas, Narrativa y cuentos. Además ha sido asistente de investigación y colaboradora en la elaboración de la página web de Sociología Urbana en la UAM-Acapotzalco y becaria en la Escuela Nacional de Antropología e Historia. Creación de la página web  de etnología, creadora de contenido, administración de redes sociales.

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Imagen: creada con IA Gemini

 

Por: Jorge de la Torre*

  

          Primera parte

 Una forma ver el tiempo de la Modernidad ilustrada occidental como modelo civilizatorio, es ver el tiempo como un tiempo que se mide, se cuantifica. Sobre todo, a partir de la matematización y geometrización que establece la ciencia moderna europea a partir del siglo XVII con la observación por telescopio del universo físico observable que hace Galileo con la publicación en 1610 de su obra Sidereus Nuncius (El Mensajero Estelar). La ciencia moderna comenzó así, con la medición del tiempo cósmico, hasta que Georges Lemaître, establecerá a principios del siglo XX su teoría del Big Bang,[1] o gran explosión, en donde se sostiene que el universo físico observable tuvo un comienzo, un origen, que data de aproximadamente hace 13, 800 millones de años. El universo observable que conocemos se ha expandido desde entonces, dando lugar al nacimiento de miles de millones de constelaciones de galaxias y de estrellas que contienen a su vez, miles de millones de sistemas planetarios en donde el nuestro es como un granito de arena en la vastedad de un desierto inmensamente colosal en donde cada determinado tiempo se descubre una nueva extensión de ese desierto de arena.

Otra forma de hacer una consideración de lo que es el tiempo, es verlo no desde la física moderna, sino desde la filosofía. Es famoso el debate entre Albert Einstein y Henri Bergson.[2] Para Einstein, el tiempo, al igual que el espacio, la materia y la energía, son propiedades de este universo físico observable. La liberación de estas propiedades físicas a partir de la partícula elemental del cual surgieron, ha dado lugar a la inflación, y luego a la expansión de un universo que se dobla o se curva, gracias al efecto de la fuerza gravitatoria que imprime la masa-energía de los cuerpos sobre el espacio-tiempo. Con ello, el tiempo, al igual que las tres propiedades, espacio, materia, y energía, no puede ser absoluto, sino relativo. Este será uno de los principales postulados de la teoría conocida como la teoría de la relatividad en lo que se conoce como la ralentización del tiempo, y que sostiene que, en la medida que se está más cerca de un objeto, cuya concentración de masa y energía es mayor, le imprimirán éstas a su vez, una curvatura mayor al espacio-tiempo, haciendo que éste experimente una especie de suspensión cronológica, o incluso, si el objeto en cuestión es muy masivo como un hoyo negro, se podría considerar que el tiempo en su nivel de mayor ralentización se detiene completamente. Así, el tiempo como las otras propiedades que están interrelacionadas entre sí, están en un universo que es dinámico y avanza a una velocidad constante, pero con valores que no son absolutos, sino relativos a un sistema de referencia particular, y desde el cual se podría ver que el tiempo pasa más rápido, o bien, mucho más lento. Otro dato importante, es que el tiempo físico es un tiempo objetivo, medible; y por ello, todo suceso o acontecimiento que se dé en este universo, es finito, calculable, manejable, predictible, en tanto está sujeto a las leyes físicas de este universo; sin embargo, queda abierta la cuestión si este proceso de expansión puede seguirse dando de forma infinita.

Cuando le preguntan a Einstein si cree en Dios, el dirá, que cree en el Dios de Spinoza. Para Baruch Espinoza, que es un filósofo del siglo XVII, Dios es una substancia infinita y eterna, que está expresado desde cada micropartícula elemental, hasta cada entidad masiva del universo en cualquier coordenada del tiempo-espacio; que no se agota en esa expresión o manifestación física, sino antes bien, lo que podemos esperar de ese universo físico y material, son nuevas y distintas manifestaciones de materia y energía, y de espacio y tiempo, en combinaciones que podemos decir rebasan cualquier computo posible, pero por lo menos, establecen un criterio cierto. Este universo físico observable tiene un orden, y al haber un orden, la razón puede aspirar a conocer este orden, por lo menos matemáticamente y geométricamente.[3] Por ello ante tal orden matemático dirá Einstein, que Dios no juega a los dados.    

Por su parte Henri Bergson, desde la filosofía, planteaba en aquel debate épico, que el tiempo que se mide es un tiempo ilusorio. Un tiempo que se puede dividir artificialmente en pasado, presente, y futuro, no puede ser más que un tiempo parcializado, un tiempo finito e ilusorio. Podríamos llamarlo un no tiempo. Pero si quisiera hacerse una consideración más honda de la naturaleza del tiempo, habría que decir que el tiempo unifica todo cuanto existe, ha existido, y existirá. El tiempo sí es medición; pero medición de eternidad, de infinitud. Bergson le llamó durée, (duración). El tiempo del que habla Bergson es un tiempo subjetivo, no empírico, no físico, no cuantificable, un tiempo inmedible, inconmensurable; es más bien un tiempo del orden de lo teórico que postula la idea de que un mismo instante, una acción en el tiempo, está operando simultáneamente dentro del tiempo de lo eterno.[4]

Einstein concluyó lapidariamente que el tiempo de los filósofos no existe. Con esto se planteó una división más, como la que ya existía entre las ciencias de la naturaleza y las ciencias del espíritu, entre la división de la Erklären (explicación) y la Verstehen (comprensión), que hacen patentes dos modos distintos de abordar la realidad. En el abordaje que podemos llamar cuantitativo, prima lo espacial y temporal, en su intercambio de materia y energía, desde la matematización de tal fenómeno; es decir, lo importante es establecer una medición del fenómeno y de su expresión empírica. Lo que no se mide no puede ser objeto de conocimiento. En el otro abordaje que podemos llamar cualitativo, el tiempo que se mide es un no tiempo, es tiempo ilusorio constituido desde el marco referencial de lo humano simbólico y de su carácter representacional, como el Dasein (ser ahí) de Ser y Tiempo de Heidegger, que funciona como el compresor del ser. Sin el Dasein, (ser ahí), aludiendo a la temporalidad existenciaria del hombre, no puede haber quien testifique comprensivamente sobre el ser de las cosas.[5]  

Otro autor que hace una esquematización muy parecida sobre el tiempo, es Mircea Eliade, cuando señala que el tiempo de las culturas modernas civilizadas es distinto al de las culturas primitivas no desarrolladas. Mientras que el tiempo es profano para las culturas modernas; es decir, artificial e instrumentable. Para las culturas primitivas el tiempo es natural; esto es, tiene sus propios ciclos. Por ello, hay que respetar estos ciclos de forma reverencial y sagrada, pues de ellos nace la vida. En el tiempo profano o moderno, impera el criterio de medición de la realidad en donde el hombre es principalmente el referente de medición. En el tiempo sagrado o antiguo, no hay posibilidad de medición, porque no hay referente que lo agote. Es un tiempo absoluto, eterno, continuo. Mircea Eliade le llamó el tiempo del eterno retorno.[6]          

Bajo esta misma esquematización entre lo sagrado y lo profano, entre lo artificial y lo natural, entre lo cuantitativo y lo cualitativo, podemos abordar la forma en la que se presenta el tiempo como tiempo mesiánico y como tiempo progreso. El tiempo representacional, es decir, el tiempo artificial sería el tiempo del progreso, que no sólo es ilusión sino barbarie, como lo señala Walter Benjamin, en sus tesis sobre la historia, dando énfasis particular a lo que llama “instante de peligro”.[7]

El concepto benjaminiano de “instante de peligro”, sugiere una función vital dentro de su pensamiento, sobre todo en lo que se refiere a lo histórico político, toda vez que remite a una praxis humana concreta y situada en lo que se puede llamar el acontecimiento histórico del presente, pero también a una relación y conexión con los acontecimientos histórico políticos del pasado. En este sentido, podemos destacar los conceptos de “fuerza mesiánica” y “el tiempo mesiánico”, como categorías temporales que suspenden la temporalidad del progreso y la modernidad tecnocientífica, emplazándola a una pseudotemporalidad; es decir, a una temporalidad que no es orgánica, situada y concreta; sino abstracta, configuradora de la racionalidad moderna; y con ello, de la forma etérea de vida moderna en la que el sistema capitalista, como sistema de producción de la vida social, organiza el tiempo con su complejo técnico industrial y militar, demarcando una temporalidad que podemos llamar sistémica para mantener de forma controlada, esto es sujeta a medición, la reproducción de la vida humana, vista meramente como un cálculo político, y como una cuestión de gestión administrativa; es decir, mero cálculo de recursos, los cuales están sujetos a la fórmula de costo-beneficio.

Continuará…

 

[1] Cf. George Lemaître, father of the Big Bang, American Museum of Natural History. (Consultado el 21 de marzo de 2026). https://www.amnh.org/learn-teach/curriculum-collections/cosmic-horizons-book/georges-lemaitre-big-bang

[2] Cf. El enfrentamiento entre Albert Einstein y Henri Bergson, Fronteras CTR Revista de Ciencia, Tecnología y Religión. (Consultado el 21 de marzo de 2026). https://blogs.comillas.edu/FronterasCTR/?p=6688

[3] Cf. Baruch Spinoza, Ética demostrada según el orden geométrico, Madrid, Tecnos, 2007.

[4] Cf. Luis Sáez Rueda, El tiempo de duración es plenamente real. Bergson (II). (Consultado el 22 de marzo de 2026). https://www.ugr.es/~lsaez/blog/entradas/2023/Bergson_2.htm

[5] Cf. Martin Heidegger, Ser y Tiempo, Madrid, 2009.

[6] Cf. Mircea, Eliade, Lo sagrado y profano, Ed. Guadarrama/Punto Omega, 1981.

[7] Walter Benjamin, Tesis sobre filosofía de la historia, México, Ítaca, 2008.

 

  • Jorge de la Torre es licenciado en Sociología con la terminal en Estudios Ibérico Latinoamericanos. Tiene una especialidad en Antropología y Étic, una maestría en Filosofía y Ciencias Sociales y un Doctorado en Ciencias Sociales.

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Fotografía: cortesía Cecilia González

Por:  Pilar Pino 

Hay mujeres que no caben en una sola categoría y que, precisamente por eso, lo cambian todo. Ana Cecilia González Mayorga es licenciada en educación preescolar y en educación física y deporte, maestra de ballet desde que tenía edad para enseñar lo que aprendió desde los tres años, y competidora de fisicoculturismo. Tres mundos que, para muchxs, suenan imposibles de habitar al mismo tiempo.

Pero Cecilia no los separó. Los mezcló. Y lo que surgió de esa mezcla no es solo una historia de disciplina extraordinaria: es una historia sobre cómo quererse, cómo enseñarles a otrxs a quererse, y cómo el cuerpo, cuando se trabaja desde el amor y no desde el miedo, se convierte en la herramienta más poderosa que una persona puede tener.

La conocimos después de su primera competencia. Todavía con ese brillo específico de quien acaba de descubrir algo nuevo de sí mismx.

P — Cecilia, cuéntanos quién eres y a qué te dedicas, con tus propias palabras.

Mi nombre es Ana Cecilia González Mayorga. Soy licenciada en educación preescolar y en educación física y deporte. En la mañana ejerzo como educadora, en la tarde soy maestra de ballet, y ya también estoy dando asesorías personalizadas de entrenamiento. Es bastante, pero la verdad a veces ni siento el cansancio, siento que estoy más feliz y eso pasa como en segundo plano.

"A veces ni siento el cansancio. Siento que estoy más feliz y eso pasa a segundo plano."

P — El ballet pide cuerpos ligeros, verticales, etéreos. El fisicoculturismo celebra la masa muscular, el volumen, la fuerza. ¿Cómo conviven estos dos mundos dentro de ti?

Más bien yo no quise elegir entre uno y otro porque los dos me llenan bastante. El ballet lo practico desde los tres años, entonces no fue una opción dejarlo. Al contrario, siento que es un complemento que me ayudó muchísimo en la competencia reciente, sobre todo para las poses. El cuerpo se vuelve un poquito más pesado, más rígido, pero no he permitido que eso pase porque sigo haciendo mis ejercicios de elasticidad. Trato de que no afecte mi postura como bailarina.

Y mi coach en Puebla me dijo que eso fue un punto muy bueno en mi competencia: las posturas del fisicoculturismo van muy ligadas al ballet. Las transiciones, todo fue un conjunto. Se me acomodó de una manera que yo misma no esperaba.

"Nunca los viví como dos mundos separados. Los mezclé, y ese fue el resultado que tuve al competir."

P — El ballet tiene una historia larga y dolorosa de exigirles a las mujeres cuerpos que muchas veces las enferman. ¿Cómo cambió tu relación con tu cuerpo cuando empezaste a construirlo desde la fuerza y no desde la restricción?

Fíjate que a mí nunca se me exigió un cuerpo como tal. Desde pequeña fue más bien el amor por el baile, por la danza, por el movimiento, sin un estándar que nos estuvieran pidiendo para poder bailar. Ya ahorita en la actualidad sabemos que exigir cierto cuerpo repercute mucho en lo emocional de lxs alumnxs. Y al contrario, ahorita es la inclusión: incluir a todas las personas que sientan ese deseo, ese amor por la danza.

Yo jamás les pediría a mis niñas, a mis alumnxs, algún tipo de cuerpo específico. Algo que los haga sentir mal o que ya no sientan esas ganas de seguir practicando. Acá se trata de sentir tu cuerpo, de quererlo, de amarlo, de poder moverlo con la libertad que uno desee.

P — ¿Alguien te dijo alguna vez que un cuerpo musculado no era compatible con ser bailarina o maestra de ballet?

Al contrario. Cuando me animé a competir, mucha gente me empezó a decir que quería que les diera clases. Chavas y chavos que también compiten me decían: quiero tomar una clase contigo porque siento que me va a ayudar mucho con mi postura. Nadie me lo dijo de manera negativa. Más bien fue una sorpresa que funcionó.

"La seguridad que gané al competir la estoy mostrando ahora en mis coreografías de danza."

P — Entrenar para competir y al mismo tiempo mantener la técnica, la flexibilidad y la gracia del ballet requiere una disciplina enorme. ¿Cómo es tu rutina?

Con mucha disciplina, porque es cansado. Todo el día: en la mañana soy educadora, en la tarde maestra de ballet, y encima las asesorías de entrenamiento. En periodos de competencia, uno trae menos comida, menos carbohidratos, y hay que rendir en todo. No sé qué exija más disciplina si el ballet o el fisicoculturismo, la verdad las dos un poco.

Pero te digo, siento que estoy más feliz así. El cuerpo se adapta cuando estás haciendo algo que amas.

P — ¿Qué le dio el fisicoculturismo al ballet, y el ballet al fisicoculturismo?

Yo creo que el fisicoculturismo me dio conocerme más profundamente. En esta competencia vi mi cuerpo de otra manera, con más amor propio, más seguridad. Y esa seguridad que gané compitiendo la estoy mostrando ahora en mis coreografías de danza. Y el ballet le dio al fisicoculturismo la postura, las transiciones, la gracia en el escenario. Los dos se alimentaron.

P — ¿Cómo mezclas en tus clases la técnica del ballet con tu papel de educadora?

Con las niñas mezclo la técnica de la danza con el juego. Así las niñas logran entender el ejercicio sin que se sienta tedioso ni exigente. Que lo disfruten más que nada, que sigan teniendo esa emoción de: voy a ir a clases de ballet y no va a ser aburrido, no me van a pedir un cuerpo específico. Acá es un momento donde voy a disfrutar, a llenarme de sensaciones y movimientos.

"Cada cuerpo es un mundo. Más que nada querernos y amarnos tal y como somos."

P — A las niñas y jóvenes que estudian ballet y sienten que su cuerpo no encaja en lo que el mundo del baile les exige, ¿qué les dirías?

Que cada persona es un mundo y cada cuerpo también lo es. Querernos y amarnos tal y como somos. A veces nos exigimos tanto que de verdad ni es para tanto. Deberíamos valorarnos desde adentro, más que nada desde adentro. Desde afuera ya es algo más estético, más físico, y la verdad no siento que vale tanto la pena. A veces nos enfrascamos en algún defecto y yo creo que más bien es querernos todo el tiempo.

P — ¿Y a una mujer que quiere empezar a entrenar fisicoculturismo pero siente que ese mundo no fue construido para ella?

Que se atreva. Todas empezamos desde cero. Yo me acuerdo la primera vez que entré a un gimnasio: me moría de vergüenza, me daba pena hasta pedir ayuda. Más que nada acercarse a alguien que te pueda asesorar y orientar. De ahí uno va agarrando confianza, seguridad, nos vamos enamorando de los cambios y de los pequeños logros. Y te digo: para mí nunca fueron dos mundos separados. Los mezclé y ese fue el resultado que tuve.

P — Ceci, ¿para ti el cuerpo es un instrumento, una obra de arte, una herramienta de lucha, o todo a la vez?

Todo a la vez. Es una obra de arte. Conocer tu cuerpo es una manera fantástica de decirte: me quiero, me amo, tal y como soy. Para mí es todo, porque va desde el movimiento hasta la fuerza y el cambio que puedes llegar a tener.

P — ¿Qué mensaje le darías a tus alumnas, a las niñas que te admiran?

Que se atrevan a hacer lo que ellas quieran, sin importar lo que piense la gente. Que descubran lo que puede llegar a ser su cuerpo: en una pose de ballet, en una elasticidad, en el fisicoculturismo, cómo puede llegar a transformarse. Que se atrevan.

Desde la redacción

Ana Cecilia González Mayorga no compite para demostrarle nada a nadie. Enseña ballet porque ama el movimiento. Entrena porque descubrió en la fuerza una forma de amarse. Y cada día, en un salón lleno de niñas que aprenden a habitar sus cuerpos sin vergüenza, hace algo que pocos sistemas educativos logran: les enseña que su cuerpo es suyo, que es suficiente, y que puede llevarlas a donde ellas quieran ir.

Eso, sin duda, es inspiración.

— Pilar Pino

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Fografía: Creada con IA Gemini

 

Por: Roberto Soto Esquivel*

En las últimas décadas los conflictos bélicos se han intensificado. La invasión a Afganistán, Irak (inicios del siglo XXI) la guerra en Siria y Yemen en la segunda década del siglo XXI y la Guerra en Ucrania. Aunque también está el eterno conflicto (genocidio) en Palestina; pero existen otros menos conocidos. Sudán, República Democrática del Congo, (por mencionar algunos) son devastadoras guerras civiles que han profundizado las enormes asimetrías existen en el continente africano.

Recientemente, la Guerra entre Irán versus Israel-Estados Unidos ha mostrado que la maldad no tiene límites. Atacar con un misil de precisión una escuela de niñas provocó al menos 168 asesinatos, pero la comunidad internacional reaccionó de manera débil, olvidemos a la Naciones Unidas (ONU), y por supuesto los medios de comunicación se volvieron cómplices de este asesinato al callar y no denunciar de manera enérgica. Ante este escenario debemos preguntarnos el ¿porqué de las guerras? ¿Tienen sentidos las guerras? ¿Quiénes ganan?

Desde la instauración de la democracia, hasta apoderarse de las materias primas (petróleo, oro, diamantes, uranio, litio, tierras raras), proteger a la sociedad, en especial a mujeres y niños, combatir el terrorismo y el narcotráfico; son algunos factores que sostienen los principales protagonistas los conflictos. No se debe olvida que también se mata en nombre de Dios.

En general, existen diversos intereses de los conglomerados (económicos y financieros) que desean apoderarse de territorios y materias primas para acrecentar sus riquezas. Sin embargo, sus efectos son devastadores. Desde destruir el medio ambiente, hasta asesinar a niñas de una escuela son resultado de las mentes irracionales y perversas que dominan los destinos del mundo, dirían ellos, son efectos colaterales.

La verdadera democracia es la nuestra, tu democracia solo empobrece, mi Dios es el único, el tuyo es impostor, no tienes derecho a desarrollarte, no debes tener almas de destrucción masiva, solo yo tengo ese derecho. Son tan sólo algunas frases (vacías) que se utilizan para estallar los conflictos. Los pedófilos y genocidas son quienes están controlando los destinos del mundo.

Por cierto, existe un actor en común de estas guerras, Estados Unidos y su industria armamentista. En este país se sitúan las principales empresas de defensa más grande como son Lockheed Martin, Raytheon Technologies, Northrop Grumman, Boeing y General Dynamics; éstas usan sus lobbies para influir en todo conflicto bélico a lo largo del mundo. Es un hecho que ellos mismos, alimentan los conflictos bélicos, regionales y al interior de los países, para ellos, las muertes son un negocio, las personas, las culturas no forman parte de sus intereses.

Su hipocresía es tal, que pueden decir un día que se deben respetar los derechos humanos de las mujeres en Irán, pero al mismo tiempo, mandan un misil balístico de precisión y matar 168 niñas; y simplemente se quedan callados o culpan a otros de sus asesinatos.

A palabras de Enrique Dussel, los bárbaros del siglo XXI están destruyendo las ciudades más sagradas de la historia mundial y con ellos sus personas (niños y niñas), pero a pesar de ello, la FIFA otorgó al presidente de Estados Unidos, en diciembre de 2025, el premio FIFA de la Paz por sus gestiones a favor de ella. En definitiva, la PAZ ES LO ÚNICO QUE TIENE VALOR EN UNA GUERRA.

 

  • Roberto Soto Esquivel es Doctor en Economía egresado del Posgrado de Economía de la Universidad Nacional Autónoma de México. Actualmente es Profesor-Investigador de la Unidad Académica en Estudios del Desarrollo de la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ). Realizó una Estancia Posdoctoral en el Centro de Estudios de Administración de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Miembro de la Red Iberoamericana de Estudios del Desarrollo (RIED) y del Sistema Nacional de Investigadores. Su línea de investigación general es la economía financiera; y líneas particulares como: microfinanzas y análisis del sector financiero internacional.

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 Imagen: Creada con IA Gemini

 

Por: Mauricio González González*

 

La guerra se expande, diversas partes del orbe sucumben, la geopolítica no ha cesado de agitarse y las obscenas muestras de poder que le acompañan orientan y dirigen las acciones ofensivas bajo narrativas cada vez más rancias. En tiempos tan violentos, de sangre y muerte, no ceder a la barbarie resulta apremiante. Tenemos presente, tal como enseñó Immanuel Wallerstein, que la disputa por la hegemonía tiene en la acción militar a una de sus mejores aliadas, pero también con él sabemos que lo que estamos presenciando es el declive de la hegemonía norteamericana, sus últimos estertores, lo cual desplegará bajo terrible exuberancia:

“La historia armamentística, por miles de años, consiste en que los poderosos toman la delantera con sus caras innovaciones tan pronto como los débiles tienen acceso a la generación de armamentos. Aunque esto no ha cambiado todavía, la capacidad para infligir daño sí se ha transformado” (Wallerstein, Utopística. Las opciones históricas del siglo XXI, 1998 [1997]).

La cuantificación de víctimas, de agresiones, de devastación y de millones de dólares destinados a ello es abrumadora, no obstante, jamás alcanzarán para mostrar el dolor de quienes padecen en carne propia la acción militar que en mucho se juega por control territorial y energético. La solidaridad con los pueblos negados no debe detenerse, es urgente, indispensable, necesaria.

Frente al genocidio en Gaza, frente a los miles de muertos en Ucrania e Irán, frente a la amenaza constante a Cuba, a las agresiones en Venezuela, frente a la coerción permanente hacia América Latina, la confianza por un mundo más justo y más equitativo desfallece: cada bomba, cada explosión, cada combustión destinada o efecto de guerra, independientemente del “éxito de su objetivo”, es un golpe de muerte. Las víctimas humanas y más-que-humanas se acrecentarán en un mundo climáticamente herido donde el punto de no retorno se aproxima (2050, según los conservadores informes del IPCC). La indolencia de la geopolítica del largo siglo XX sorprende al actuar con indiferencia sobre una configuración mundial que se desvanece. Es sabido que en la guerra no hay vencedores, los costos son altísimos para cada bando, mas esta vez será contundente, el precio también será planetario.

Todo indica entonces que la posición más radical frente a conflictos tan cruentos que como siempre sólo benefician a pequeñas elites, nuevamente es la afirmación contundente de la no violencia, una tradición que se alberga en los acervos de no pocas luchas, que tuvo éxito frente a la amenaza nuclear y que tiene en el movimiento indio a uno de sus principales referentes:

“Ninguno de nosotros sabía qué nombre dar a nuestro movimiento. En ese tiempo yo usaba el término ‹‹resistencia pasiva›› para describirlo. No entendía las implicaciones que tenía denominarlo de esta manera. Sólo sabía que había surgido de un principio nuevo […] la cambié por satyagraha. La verdad (satya) implica el amor, y la firmeza (agraha) simboliza la fuerza. Así comencé a llamar al movimiento indio satyagraha, es decir, la fuerza que nace de la verdad y del amor o de la no violencia” (Gandhi, “El nacimiento de la ‹‹Satyagraha››”, 2008 [1923]).

Afirmar enérgicamente el no a la guerra es asumir la lucha por la vida, la que nos enseñan numerosos pueblos, es subrayar el principio esperanza que albergan todas las utopías encarnadas de miles de millones que no sólo no claudican en las sangrientas exigencias de los Estados y el mercado, sino que asumen que en la innovación, en los procesos colectivos, anida la potencia de lo aún por venir. Radicalizar la exigencia de la no violencia, el no a la guerra, es un acto por demás auténtico frente a la barbarie en curso.

  • Mauricio González González estudió la licenciatura en Etnología, así como una maestría en Teoría Psicoanalítica, y la maestría y doctorado en Desarrollo Rural. Ha sido profesor de diferentes programas de estudio y posgrados tanto en escuelas privadas como públicas y comunitarias. Asimismo colabora en diferentes organizaciones y redes de la sociedad civil, principalmente ambientalistas. Escribe en el suplemento La Jornada del Campo y la agencia informativa Desisnfomémonos. Actualmente forma parte del colectivo CORASON, con quien participa en Radio Huaya “La voz campesina” dentro de la barra de opinión.

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