“¿Por qué tengo que renunciar a lo que quiero ser o hacer por un futuro que no sé si llegará o no?”
Cho Nam-Joo, autora del libro
Por: Pilar Pino *
Kim Ji-Young, nacida en 1982 es una novela que ha sacudido al mundo, por la universalidad de su tema: la violencia, misoginia, discriminación y desigualdad entre hombres y mujeres. Es una novela con cualidades literarias y estéticas, tales que, toca fibras sensibles con las que un gran número de mujeres nos identificamos y otro tanto de varones empatizan con la condición de ser mujer.
La obra cuenta la historia de Kim Ji-Young. Narra la vida de una mujer común, como su nombre “Kim”, es el más frecuente en la población coreana, crece dentro de los parámetros de lo socialmente aceptado, como el de la mayoría de las mujeres de su país. Nacer, asistir a la escuela, estudiar y convertirse en adultas, para ser relegadas y segregadas en distintas circunstancias por no ser hombres, es decir, por el simple hecho de ser mujeres.
Situación que empeora y/o se acentúa si deciden seguir el camino de la maternidad, criticadas por su forma de crianza y por no ser productivas para el sistema. Mientras que para quienes deciden no tener hijos y dedicarse a su profesión son duramente culpadas por las bajas tasas de natalidad.
Esta novela es una crítica a la inequidad, tanto a la que ha existido desde hace años como a la que aún prevalece. Sobre esa que se ha hecho invisible en la cotidianidad, pero que siempre ha recaído en la figura femenina de múltiples maneras y en diferentes escenarios: en el hogar, en la escuela, en el ambiente laboral, en la toma de decisiones, en la maternidad.
La historia de Kim Ji-Young permite visibilizar todas esas conductas normalizadas, que han tenido que ser soportadas por nosotras, las mujeres y que no deberían ser así. Provoca en quien la lee una mezcla de sentimientos y emociones -la que destaca es la indignación- lo que permite reflexionar con profundidad el contexto histórico-sociocultural global.
Las mujeres son criticadas por no servir al sistema capitalista patriarcal, donde quien no produce con todo su potencial es percibida como alguien sin valor. Si eres madre y trabajas, eres una excelencia dentro del capitalismo porque estas reproduciendo la fuerza de trabajo (o lo que también conocemos como reproducción social), a la vez que produces ganancias y excedentes para el capitalismo. Sin importar que tu salud física y mental se vea comprometida.
Cuando solo se es madre se es vista como un parasito, hay una escena del libro en la que Kim Ji-Young derrama una taza de café en una cafetería donde estaba junto a su bebé. Las personas alrededor de ella la miran y la llaman a susurros “mamá cucaracha”.
Un día, sin razón aparente, Kim Ji-Young comienza a hablar con las voces de otras mujeres de su vida -vivas y fallecidas-. Ahí comienzan los saltos temporales para brindarnos historias de la infancia, juventud y edad adulta, no solo de la vida de Kim JI-Young, sino de narrativas con las que las mujeres del siglo XX nos sentimos identificadas, como el acoso, la discriminación y segregación.
El sentimiento de inseguridad que se tiene al salir a la casa y utilizar el transporte público- con los que cualquier mexicana se sentirá identificada-, los prejuicios para quienes salen de lo tradicional, así como la imposición de reglas sociales y familiares, que someten a las mujeres.
Por lo anterior, y otras cosas me atrevo a afirmar que es una obra extraordinaria. En apariencia es una obra de fácil lectura, pero en realidad toca temas complejos y fuertes. Su complejidad se logra expresar con elegancia en una narrativa sencilla. Siendo una fotografía cruda de lo que significa ser mujer, enfrentándote a un mundo que parece estar en tu contra.
La autora basa su obra en una serie de datos y estadísticas en notas a pie de página que van corroborando la cruda realidad de la sociedad coreana. Desigualdad que no nos es ajena en lo más mínimo realzando posibilidades e instancias de cuestionamientos sobre el rol político que se ejerce en nuestro país. La novela basada en datos reales visualiza la cotidianidad de la mujer en Corea extrapolando sin un mínimo de diferencia en nuestra propia sociedad mexicana.
La novela se presta para rebatir todas y cada una de nuestras acciones humanas dando paso a una reflexión en torno a la precaria vida que nos lleva el sistema capitalista basado en lo económico. Es un libro que como te hace sonreír también es doloroso lo que lo convierte una la lectura necesaria. Por ello, en el siguiente link podrás descargarlos en formato pdf:
Pilar Pino Acevedo es una figura destacada en Zacatecas, no solo por su trabajo como feminista marxista, economista y escritora, sino también por su activismo en favor de los derechos de las personas con autismo y mujeres; y, su compromiso con la política de izquierda. Su experiencia como madre de una niña con autismo la ha llevado a ser una voz importante en la lucha por la inclusión y la aceptación de las personas con discapacidades. Su participación en la colectiva Nantzin Zacatecas y su colaboración con medios como columnista en La Cueva del Lobo y la revista literaria El Guardatextos demuestran su compromiso con la difusión de ideas y la promoción de políticas de izquierda. Actualmente, como coordinadora editorial de la revista Tlali Nantzin, sigue contribuyendo a la discusión y el análisis de temas políticos y sociales desde una perspectiva crítica y progresista.
Sentada frente a la computadora, escribiendo en calzones, con una copa de vino a un lado, y viendo a través de la ventana los carros que avanzan por la avenida Circunvalación División del Norte, en Guadalajara, con el rugido de los motores de camiones urbanos en los oídos hasta altas horas de la noche, en 2012 me sentía Carrie Bradshaw en Sex and the city, viviendo sola en mi propio departamento, en una ciudad que estaba conociendo y de la que me enamoré profundamente.
Ese año vi la serie completa en YouTube, porque anteriormente, en la casa de mis papás, solo era posible ver uno que otro capítulo a medianoche, en Tv Azteca, lo cual acarreaba diversos inconvenientes. Me identifiqué con Carrie porque tenía algunas cosas en común con ella: escritora, amante de la moda e irremediablemente buscadora del amor en los brazos de un hombre. Charlotte me resultaba muy conservadora, Miranda un poco hombruna y Samantha demasiado liberada… Debo confesar que me asustaba la manera en que veía a Samantha pasar de un hombre a otro, y de no vincularse afectivamente con ninguno; era mucho para mí que nací en una familia tradicional zacatecana.
Cuando apareció en el catálogo de Netflix, mi hermana, que es más de una década menor que yo, me dijo que la vio y que no le gustó. “¿Por el final? Yo creo que Carrie debió quedarse con Aidan. Big es demasiado tóxico”, le dije, para defender un poco una de las series que marcaron significativamente mi educación emocional. “Carrie es insoportablemente tóxica”, me replicó. Argumenté que eran otros tiempos, que a inicios del 2000 Sex and the city era lo más liberal que veía una mujer en la televisión… pero no la convencí.
Sin embargo, quizá en un afán de refutar a mi hermana, volví a verla con detenimiento. Las primeras dos temporadas, aún sentí cierta conexión con Carrie, porque ella, al igual que yo en aquellos ayeres, buscaba el amor bajo la idea del romanticismo que desde siempre nos prometieron a las mujeres, la misma idea que indica que debe ser un amor apasionadamente doloroso y arrebatadamente placentero. Y, sin embargo, al inicio Carrie muestra señales de crítica, incluso se le ve como una mujer oscura: el cabello largo y alborotado, gafas de negras micas y siempre un cigarro entre los dedos. En el episodio 4 de la segunda temporada, titulado “They shoot single people, don't they”, Carrie se pregunta si es mejor fingir que estar sola, dado que acepta posar para la foto de un artículo de revista en el que el tema es “soltera y fabulosa”. Tras una cadena de desastrosos eventos que parecieran lo opuesto al objetivo de la publicación, al final del capítulo vemos a Carrie sentada en la terraza de un bar, con una copa de vino, usando lentes oscuros y contemplando a la gente pasar al mediodía, todo esto mientras que con su cara expresa nostalgia, sí, pero también seguridad: “sin libros, sin hombres o amigas, sin armadura, y sin fingir nada de nada”. Solo por ello es uno de mis episodios favoritos.
No obstante, conforme avancé en las temporadas, noté cambios reveladores en ella, particularmente. Cada vez se hace menos comprensiva con sus amigas. Cada vez las juzga con más moralismos, sobre todo a Samantha, a quien más de una vez le hace comentarios en tono shame slut. Peor aún, cada vez es menos tolerante a las críticas y, cada vez más obsesionada con tener una pareja, aunque en ello le vaya la dignidad o la salud mental y emocional. En la última temporada, resulta incluso doloroso verla en su relación con Jack Berguer, quien en repetidas ocasiones se encarga de invalidarla solo por ser más exitosa que él, mientras ella lo justifica incansablemente hasta que es él quien la abandona. Qué decir del ruso, Alexandr Petrovsky, quien desde el primer encuentro deja ver su carácter dominante y violento al decirle: “eres una comediante”, cuando ella hace una crítica de una instalación artística. Y, claro, Big: el gran magnate que vuelve a buscarla cada que se le antoja y al que ella deja regresar una y otra vez…
“¿Qué haría Carrie Bradshaw en mi situación? Para hacer lo contrario”, dice un meme que me aparece casi a diario en mis actualizaciones, porque desde que la serie está en Netflix más gente ha podido verla con calma y cada vez son más también quienes han notado que el comportamiento de Carrie es errático. A mí me tomó doce años notarlo, pero no solo eso, sino también una relación de diez años, un largo duelo, muchas lecturas feministas y, desde luego, la entera disposición al cambio.
Aunque ahora le doy la razón a mi hermana, también mantengo mi postura: eran otros tiempos, a inicios del 2000 Sex and the city era lo más liberal que veía una mujer en la tele. Gracias a esa serie pude hablar abiertamente de sexo con mis amigas, incluso muchos de los asuntos de parejas que se desarrollan en los episodios los viví en carne propia, por lo que tuve la certeza de no ser la única atravesándolos; me hicieron sentir menos sola en una época en la que poco se decía de ello, sobre todo para quienes veníamos de familias en las que ciertos temas estaban vetados.
En esta segunda revisión, Samantha me parece la mujer más consciente y libre de todo el programa. Su personaje se mantiene fiel a sí misma hasta el final con mucha dignidad. “Te quiero, pero me quiero más a mí”, es la frase que le dijo no solo a Richard Wright, el primero del que se enamoró, también a Smith Jerrod, su pareja, cuando se separa de él, esto último ya en la primera película basada en la serie. En diferentes momentos, es ella quien ofrece verdaderos manifiestos de emancipación sexual, reproductiva, afectiva y social. En ese sentido, es un personaje realmente complejo y completo. Sin miedo a equivocarme, afirmo que Samantha es lo que hay de Sex en esa producción, entendiendo esto no solo como una relación química y fisiológica entre dos personas, sino como una condición con la que se nace y como una postura política.
Me parece que, por un lado, dado que la serie se basa en el libro de Candace Bushnell que lleva el mismo título, el cual fue publicado en 1997 en Estados Unidos y que se convirtió en un éxito de ventas, intenta mantener la idea original, pues la autora fue parte de la socialité neoyorkina en los ochenta y posteriormente columnista del New York Observer, en el que escribía sobre las aventuras de ella y sus amigas. Por el otro, los guionistas para la adaptación televisiva son, en su enorme mayoría, hombres, entre los que destacan Darren Star y Michael Patrick King, dos nombres que aparecen también como guionistas en series parecidas, como Beverly Hills 90210, Desparejado, Younger y Emily en París, entre otras, en las que son evidentes varias coincidencias: la vida burguesa, la visión blanca, el parejocentrismo y, lo que más me asusta y molesta, los hombres mujeriegos y violentos que, luego de muchos años y después de causarle un terrible desgaste a las protagonistas, milagrosamente cambian y se convierten en personas decentes: nada más alejado de la realidad y nada más tóxico.
En ese sentido, al ser consciente de que consideré a Sex and the city, y particularmente a Carrie, durante mucho tiempo como un modelo a seguir, me es terrible caer en cuenta de que romanticé gran parte de mi vida sexoafectiva situaciones verdaderamente infames y las validé repitiéndolas, aconsejándolas. Y, sin embargo, tampoco quiero hacer campaña contra Carrie, sería como castigarme, porque, como he dicho, fue un ejemplo que seguí. Tenemos que aceptar que muchas fuimos, somos o seguimos siendo como Carrie, y que no es algo sencillo de cambiar. Lograr salir de todo un aparato cultural no es tan fácil como ver la televisión y criticarla. En realidad, creo que el personaje funciona aún como un claro recordatorio de quiénes fuimos las que crecimos en esa generación de mujeres, de los anhelos que teníamos y del daño que nos hizo. A la par, exijo mejores modelos, sobre todo para las nuevas generaciones. Exijo contenido escrito y televisado cuyo objetivo no sea mostrar las relaciones de pareja como un esfuerzo constante por no enloquecer ante el miedo al rechazo o como un sufrimiento interminable o como un paliativo para evitar la soledad, y que no cree una cultura de mujeres que romantizan el abuso y que ven en el amor de pareja la única felicidad. Y todo esto lo escribo aún en calzones, frente a la computadora, a un lado de una ventana que me muestra una tranquila calle por donde nadie pasa, en completo silencio y con toda la paz.
Citlaly Aguilar es doctora en Estudios del Desarrollo por la Universidad Autónoma de Zacatecas. Becaria del PECDA Zacatecas en 2011, 2013 y 2015. Ganadora en el certamen de ensayo Erradumbre (Mantis Editores, 2021) y mención honorífica en el Premio Nacional de Ensayo “Dolores Castro” 2021 y mención honorífica del 9 Premio de Periodismo Gonzo (UANL y Producciones el Salario del Miedo, 2023). Autora de La literatura zacatecana en el siglo XXI (IZC, 2014), La fabulosa historia de Anémona y Durazno (2021), Dentro del aire de vidrio (2021) y Crónica de la habitación (2022). Coordinó la antología de ensayo literario El Centauro (Policromía, 2016).
Entrevista a Elvira Quintero Fernández excandidata a Diputada Federal por el partido Movimiento Ciudadano, actualmente es secretaria de Derechos Humanos desde 2022 de este partido, es delegada de la Fundación México con Valores. Ella nos comparte su experiencia como mujer joven en los comicios pasados.
La excandidata es psicóloga de profesión, brinda consultas particulares y en la Comisión Ejecutiva de Atención Integral a Víctimas el Estado de Zacatecas. Además, es activista dentro de la Colectiva Nantzin Zacatecas.
Egresada de la Universidad Autónoma de Zacatecas, ha hecho diplomados en: Victimología con enfoque de género e inclusión social; Protección Especial de Niñas, Niños y Adolescentes en condiciones de vulnerabilidad; Derechos de niñas, niños y adolescentes con perspectiva de género.
¿Cómo fue tu experiencia en los comicios pasados?
Fue una experiencia muy enriquecedora en aprendizaje, con muchos obstáculos que se pudieron superar, pero que no fueron sencillos. Los tres meses dedicados a recorrer el Distrito 3 federal, compuesto por 14 municipios, sin dinero y sin patrocinadores, fue muy pesado.
Sabía que iba a ser todo un reto, pero se hizo más grande por el hecho de ser joven, ser mujer, y no tener eso que llaman callo político; más no valía desistir, porque mi lucha era por sentar bases para un mejor Estado. Una responsabilidad, que por cierto, casi ningún político recuerda después de ser elegido
¿Alguna vez una persona te dijo algo para hacerte desistir de tu candidatura?
Sí. Sentí mucha decepción del sistema. Era uno de los de la vieja política: me dijo que debía bajarme de la candidatura, porque era muy joven y las cosas ya estaban negociadas, que seguramente me iban a desaparecer en alguno de los municipios si le gustaba a “uno de los malos”, y no valía la pena que me expusiera. Que mejor siguiera en trabajando en mi consultorio. Pensé en desistir, por la frustración, pero asumí el riesgo
¿Tuviste algún problema de seguridad? ¿Es decir, en algún momento sentiste que tú integridad estaba en peligro, ya sea por ser víctima de amenazas o acoso?
Nunca mi integridad estuvo en peligro, pero el mansplaining nunca faltó y el acoso sexual fue común, sobre todo en las colonias de la capital de Zacatecas más alejadas. Gracias a mi equipo de campaña, siempre me sentí segura con su acompañamiento.
¿Cuál es la experiencia más bonita de todo esto?
Coincidir con mentes libres que defienden sus valores contra todo, que trabajan por mejorar Zacatecas, sin claudicar. Asimismo, el encontrar tantas niñas y niños interesados en la política, más que los propios adultos. Pequeñitos que depositaron en mis manos sus deseos para cambiar la realidad. Sé que algún día podré decirles: ¡lo logramos!
¿Crees que se han derribado las barreras para que las mujeres ejerzan sus derechos políticos electorales?
Aunque ya existen los mecanismos para asegurar la paridad de género, aún falta trabajo por hacer para que la llegada de una mujer al poder sea por el reconocimiento de sus capacidades y no sólo por cumplir cuotas.
Aplaudo tener una primera mujer Presidenta Electa en el país, porque rompe con el paradigma hegemónico en México (de alguna manera), empero, Zacatecas dista aún de cristalizar la eliminación de las violaciones a los derechos políticos de las mujeres, puesto que no se han cumplido, siquiera, los objetivos para garantizar el cumplimiento de los derechos humanos.
Basta con ver las arbitrariedades que comenten las propias instituciones gubernamentales, revictimizando a quien recurre a ellas por un hecho de violencia, por ejemplo, o las desigualdades, de cualquier tipo, al interior de una familia tradicional.
Pilar Pino Acevedo es una figura destacada en Zacatecas, no solo por su trabajo como economista y escritora, sino también por su activismo en favor de los derechos de las personas con autismo y su compromiso con la política de izquierda. Su experiencia como madre de una niña con autismo la ha llevado a ser una voz importante en la lucha por la inclusión y la aceptación de las personas con discapacidades. Su participación en la colectiva Nantzin Zacatecas y su colaboración con medios como columnista en La Cueva del Lobo y lla revista literaria El Guardatextos demuestran su compromiso con la difusión de ideas y la promoción de políticas de izquierda. Actualmente, como coordinadora editorial de la revista Tlali Nantzin, sigue contribuyendo a la discusión y el análisis de temas políticos y sociales desde una perspectiva crítica y progresista.
Hace tiempo, en un grupo en el que impartía clases de literatura, tuve como alumno a un muchacho que casi no entraba a las sesiones, por lo tanto, cuando lo hacía y se le preguntaba algo, no tenía idea de qué responder y, aunque en esos casos es mejor callar, al susodicho le parecía mejor idea hacerse el chistosito haciendo comentarios sarcásticos como: “¿para qué me pregunta si usted ya sabe?” o “usted es la maestra, usted debe saber”. En fin, debo confesar que me era preferible su inasistencia.
Una vez, al comprobar que ese alumno no podía presentar el examen parcial, puesto que, por reglamento, no cumplía con el porcentaje mínimo de asistencia requerido para ello, me sentí, por primera vez en mucho tiempo, realmente poderosa. Así que, cuando le pedí al mencionado que abandonara el aula, creí que me había salido, por una vez, con la mía.
No obstante, minutos después, el joven regresó con la directora del lugar, quien me pidió que lo dejara presentar examen, que “con él no se aplica el reglamento”. “¿No que no? Ya ve, yo siempre me salgo con la mía”, me dijo el muy cínico mientras le entregaba el cuestionario y me lanzaba una sonrisa burlesca.
Así, creo que no me equivoco al decir que la venganza es un sentimiento común en la raza humana y que, en mayor o menor medida, todos la hemos padecido o aplicado. Sin embargo, me interesa particularmente saber y explicar la relación entre venganza y mujeres, pues, curiosamente, en los textos literarios aparecen casi siempre juntas.
2.
En el cuento “El cholo que se vengó”, Demetrio Aguilera Malta relata la historia de un indio ecuatoriano, Melquíades, quien, enamorado de una chola, Andrea, se fue a trabajar lejos, con el firme propósito de lograr tener una vida mejor para ambos. Pero el cuento da un giro inesperado cuando ella, al verse sola, inicia una relación con otro hombre de nombre Andrés. La venganza del cholo fue no intervenir y, posteriormente, regodearse ante el arrepentimiento de la chola.
El texto, al igual que muchos otros conocidos como El conde de Montecristo, Cumbres Borrascosas y El gran Gatsby, basa su idea de venganza en una relación amorosa, en la que, vaya sorpresa, la que traiciona es una mujer, y el traicionado un pobre hombre indefenso. Léase con ironía, por favor.
No es coincidencia que en la antología El cuento hispanoamericano, de Seymour Menton, en la que el cuento de Aguilera Malta aparece como un ejemplo del criollismo, la extensa mayoría de autores seleccionados para explicar este género literario sean hombres. En el último apartado del libro, dedicado a “el feminismo y la violencia: 1970-1985”, solo se toma en cuenta a dos mujeres y… ¡a dos hombres! Es decir, difícilmente habrá otra concepción de venganza que no sea la de todos los tiempos: la mujer es mala. De eso trata, por ejemplo, el mito griego de “La caja de Pandora”, del que Hesíodo cuenta que después de que Prometeo robara el fuego de los dioses para llevárselo a los humanos, Zeus lo castigó mandando a Pandora:
Antes de ello la raza de los hombres vivía en la Tierra libre de todo mal, de la pesada fatiga y de las dolorosas enfermedades que traen la muerte a los hombres. Pero la mujer Pandora, al levantar con sus propias manos la gran tapa de la vasija que las contenía, soltó y derramó sobre los hombres las mayores miserias (Panofsky, 1975, p. 16-17).
Y, como la mitología griega es un sistema de creencias que se propagó rápidamente por todo occidente, esta idea está íntimamente validada de manera inconsciente por todo el mundo. En los cuentos hispanoamericanos propuestos por Seymour Menton, hallamos varios ejemplos. En “El clis de sol” de Manuel González Zeledón, una mujer tiene unas gemelas que, al final del cuento, descubrimos que las tuvo con un italiano y no con su esposo. En “Los amores de Bentos Sagrera” de Javier de Viana, el protagonista es un hombre que, aunque casado, tiene un amorío del que se quiere deshacer y que, como es de esperarse, es la esposa de este personaje quien termina con la vida de la otra mujer. De igual manera, en “En provincia” de Augusto D’halmar es una mujer quien, aunque tiene marido, se aprovecha del narrador del cuento para tener un hijo y luego abandonarlo. Aunque en ninguno de estos textos los hombres llevan a cabo una venganza, sí muestran a las mujeres como seres despiadados, capaces de lo que sea con tal de salirse con la suya.
“Pues al chile, qué bueno”, diría una de mis mejores amigas, como dice cada que alguien habla de mujeres que logran algo, aunque no se trate de las victorias más decentes. No se puede tampoco decir que los personajes de dichos cuentos sean blancas palomitas. En “El cholo que se vengó”, el protagonista, por el que conocemos la historia, se muestra como un hombre honorable que, después de haber confiado su amor y su promesa a una mujer, esta lo abandona. No obstante, no deja pasar la oportunidad para espetarle en la cara:
Tei hallao cambiada ¿sabés vos? Estás fea; estás flaca, andás sucia. Ya no vales pa nada. Solo tienes que sufrir viendo como te hubiera ido conmigo y como estás ahora ¿sabes vos? Y anda vete que ya tu marido ha estar esperando la merienda, anda vete que sinó tendrás hoy una paliza… (Menton, 2019, p. 140).
Aunque se pudiera pensar que él no hizo nada, tampoco resulta un verdadero héroe en la historia. La venganza, aunque silenciosa, funciona porque, por extensión, los golpes que le propine a la mujer su esposo, son también del cholo, quien, una vez que su deseo no fue cumplido, lo único que puede es querer que la chola sufra y no hacer nada para impedirlo.
3.
En Hispanoamérica, desde tiempos inmemoriales, las mujeres han sido vistas y tratadas como una categoría inferior a la de los hombres. Por ello, es de esperarse que sus cuentos hablen sobre esto y que, la venganza, sea planteada en términos de aleccionarlas. En otras palabras, la venganza y las mujeres están unidas por un hilo en común: los hombres, quienes actuarán como justicieros siempre.
Me podrán rebatir, desde luego, pues mi texto no intenta ser una verdad absoluta, sino exponer un punto que considero importante. Pero tanto en los libros, cuanto en las calles, como mujer he sido víctima una y otra vez de las más crueles e insensatas venganzas, no ya por cosas que yo haya hecho, sino por el simple hecho de ser mujer y, como consecuencia, de carecer de poder y medios de defensa.
Aquel alumno, que me hizo ver lo insignificante que soy en el sistema educativo para el que trabajo, no es más que un pequeño ejemplo de lo que he tenido que padecer a lo largo de mi vida en situaciones parecidas. La vida me ha mostrado que la venganza solo es posible para unos cuantos. ¿Acaso el cholo no tenía más poder que la chola cuando regreso y encontró que ella ya estaba con otro? ¿La chola alguna vez tuvo opción de ganar algo entre un hombre golpeador y uno vengativo?
No nos equivoquemos, la venganza no quema el alma ni la envenena y no es un platillo que se come frío; es un privilegio al que, al ser nosotras siempre las malvadas en la tradición cultural de la humanidad, las mujeres no vamos a poder acceder, pero sí padecer.
Citlaly Aguilar es doctora en Estudios del Desarrollo por la Universidad Autónoma de Zacatecas. Becaria del PECDA Zacatecas en 2011, 2013 y 2015. Ganadora en el certamen de ensayo Erradumbre (Mantis Editores, 2021) y mención honorífica en el Premio Nacional de Ensayo “Dolores Castro” 2021 y mención honorífica del 9 Premio de Periodismo Gonzo (UANL y Producciones el Salario del Miedo, 2023). Autora de La literatura zacatecana en el siglo XXI (IZC, 2014), La fabulosa historia de Anémona y Durazno (2021), Dentro del aire de vidrio (2021) y Crónica de la habitación (2022). Coordinó la antología de ensayo literario El Centauro (Policromía, 2016).
Entrevista a Angelica del Muro Núñez, psicóloga egresada de la UAZ y UDLAP, psicoterapeuta Cognitivo Conductual Basada en la Evidencia Terapias Contextuales con acentuación en adolescentes, adultxs, adultxs mayores y familia. Educadora certificada en Disciplina positiva para la familia por la Positive Discipline Association. Certificada en: Psicología Organizacional en Psico-Afectividad e Inteligencia Emocional en el Instituto San Juan Pablo II; y, en terapia Familiar y Autismo por ILEP. Además, realiza periódicamente talleres para padres y madres sobre crianza y disciplina positiva.
¿Qué es la disciplina positiva?
La disciplina positiva es un método amable pero firme de disciplinar a un o una niña que no es ni punitivo ni permisivo y, que su principio es fundamental es el respeto. La disciplina positiva es un método de crianza científico que se desarrolló sobre la base de la psicología alderiana. Este es la mejor forma para lograr un efecto a largo plazo y erradicar comportamientos no deseados en niñas y niños.
Aunque los estilos de crianza más comunes están basados en los mimos y los castigos parecen ser eficaces a corto plazo; sin embargo, suelen ser inconvenientes a largo plazo. ¡Debemos intentar evitarlos! Y encontrar una forma nueva de educar enseñando habilidades para la vida sin la culpa parental.
¿Cuál es el objetivo de ofertar talleres para padres y madres sobre disciplina positiva?
El objetivo es dotar de herramientas a padres, madres y a cuidadores primarios para que puedan enfrentarse y dar acompañamiento a sus hijas e hijos de los desafíos del día a día. Lo anterior, les permitirá desarrollar un clima de amabilidad, armonía y comprensión mutua dentro de casa.
Las y los niños aprenden a ser responsables cuando tienen la oportunidad de aprender las habilidades sociales correctas, lo que se transformará en aprendizajes valiosos que le serán útiles a lo largo de sus vidas.
Les ayudara a desarrollar un buen carácter, objetivo que puede lograrse siempre y cuando tengan en casa un ambiente de amabilidad, firmeza, dignidad y respeto.
¿En qué consiste la disciplina positiva?
La disciplina positiva, desarrollada por Jane Nelsen, consiste básicamente en una palabra “respeto”. Se diferencia de otros métodos de disciplina porque la mayoría de los métodos se centran en el castigo y recompensa, mientras que lo disciplina positiva centra en el respeto y la armonía así como en el desarrollo de diversas habilidades para la vida basadas en el autocontrol del niño o la niña.
La disciplina positiva es una forma eficaz de mejorar el comportamiento de lxs niñxs, ya que tiene su origen en la psicología alderiana con un concepto de crianza que utiliza un profundo conocimiento del comportamiento de la o el niño. La psicología subraya que los niños son seres sociales y su comportamiento y acciones esta orientada hacia objetivos.
¿Cuáles son los principios de la disciplina positiva?
Los principios de la crianza positiva tratan de abarcar los aspectos más importantes dentro de la crianza: Saber escuchar, observar, comprender y comunicar de forma asertiva.
Se centra en dotar de herramientas a los progenitorxs y a su vez desarrollar habilidades para la vida en niñas, niños y adolescentes. El principio es formar desde la comprensión y el respeto mutuo, más con habilidades que con regaños.
Aprender estrategias efectivas para motivar los comportamientos y gestionar los conflictos, fomentar el desarrollo de habilidades de comunicación positiva para que niñas, niños y adolescentes aprendan alternativas para corregir los comportamientos no deseados y ganar seguridad en el manejo de conflictos con niños pequeños, así crear una relación de respeto mutuo más allá de los gritos y castigos. La crianza positiva es un respeto mutuo.
¿Para quién o quiénes esta diseñada la crianza positiva?
La psicóloga Jane Nelsen, desarrolla este nuevo método de crianza. La disciplina positiva esta dirigida a todos aquellos que tienen a su cargo el cuidado de niñxs: cuidadores primarixs, madres, padres, abuelxs, tíxs, es decir, todas aquellas personas que tengan interacción para la crianza de un o una niña.
¿Qué es lo que te motivo a ofrecer este tipo de talleres?
Durante mis consultas las personas han mostrado esta necesidad; además puede verse socialmente. Nuestros estilos de crianza no son los más efectivos y lo vemos en el impacto social que se genera en los jóvenes, quienes normalizan e incluso romantizan la violencia. Busco poner mi granito de arena, por más familias sin violencia.
Durante mi trabajo con adolescentes en terapia descubrí que lo anterior es un foco rojo y también un área de oportunidad es en la integración y vinculación de los miembros de la familia. En ocasiones, por no tener una comunicación asertiva se llegan a situaciones como adicciones o la pérdida del sentido de pertenencia dentro de la propia familia.
Contacto Whats App para agendar citas y/o talleres con Angélica del Muro 492 111 44 41
Pilar Pino Acevedo es una figura destacada en Zacatecas, no solo por su trabajo como economista y escritora, sino también por su activismo en favor de los derechos de las personas con autismo y su compromiso con la política de izquierda. Su experiencia como madre de una niña con autismo la ha llevado a ser una voz importante en la lucha por la inclusión y la aceptación de las personas con discapacidades. Su participación en la colectiva Nantzin Zacatecas y su colaboración con medios como columnista en La Cueva del Lobo y lla revista literaria El Guardatextos demuestran su compromiso con la difusión de ideas y la promoción de políticas de izquierda. Actualmente, como coordinadora editorial de la revista Tlali Nantzin, sigue contribuyendo a la discusión y el análisis de temas políticos y sociales desde una perspectiva crítica y progresista.
“La Tierra no nos pertenece, nosotros pertenecemos a la Tierra”
Proverbio Indígena
Por: Pilar Pino Acevedo
El 2020 será recordado en la historia como el año en que la civilización humana se vio amenazada, no sólo por la pandemia del COVID-19. Sino, por la crisis sistémica, económica, sanitaria, ambiental y derechos humanos que han develado las desigualdades, pobreza y violencias que se viven en la mayor parte del mundo. Además de cuestionar la actual forma de reproducción económica, social, energética y ambiental.
La catástrofe ecológica global, sin duda, es culpa de la humanidad. Del modelo económico lineal de "extraer, producir, desperdiciar". El cambio climático nos ha obligado a entender el planeta finito y la necesidad de actuar de manera conjunta, para favorecer la protección de toda la vida, es decir buscar alternativas al modelo económico imperante.
Es un hecho que el capitalismo como modo de producción no va a ser reemplazado. Sin embargo, existen más alternativas al neoliberalismo para producir mercancías para satisfacer las necesidades humanas ilimitadas. Una de ellas, la economía circular.
La economía circular es una alternativa atractiva que busca redefinir qué es el crecimiento, con énfasis en los beneficios para toda la sociedad. Esto implica disociar la actividad económica del consumo de recursos finitos y eliminar los residuos del sistema desde el diseño. Respaldada por una transición a fuentes renovables de energía, el modelo circular crea capital económico, natural y social y se basa en tres principios: eliminar residuos y contaminación desde el diseño; mantener productos y materiales en uso; y, regenerar sistemas naturales.
Actualmente, los países desarrollados, con visión sostenible, le están apostando por el desarrollo de energías renovables y abandonar los combustibles fósiles en base a una descentralización de la producción energética, es decir, por una estructura horizontal. Lo que está convirtiendo en competitivas a estas fuentes de energía. Tanto por los precios en el mercado como por las nuevas legislaciones y acciones judiciales que obligan a los países a disminuir sus emisiones de carbono.
En la Unión Europea se preparan para adoptar el enfoque de la economía circular, que estima podrá aportar a la economía mundial 700 mil millones de dólares, por la disminución de costos de extracción de materias primas. Ya que este enfoque busca que los materiales sean reutilizados para evitar los desecho.
Sin embargo, esta tendencia hacia la economía circular se ha visto afectada por el conflicto bélico entre Rusia y Ucrania. Lo anterior, porque financiamiento no ha sido suficiente para proyectos de economía circular, ya que fueron redireccionados los recursos. Pero, la Unión Europea reconoce que la importancia y necesidad de un cambio de modelo en pro del medio ambiente, tan es así que durante el Foro Mundial de Economía Circular 2024, la Comisaria Europea de Asociaciones Internacionales, Jutta Urpilainen, anunció dos iniciativas destinadas a promover la economía circular a nivel mundial.
La creación del Centro de recursos de la economía circular de la UE en el marco de la estrategia Global Gateway facilitará los intercambios y las asociaciones entre las partes interesadas de la UE y de terceros países, fomentando la adopción de políticas y modelos de negocio sólidos de economía circular en todo el mundo, con un presupuesto de 15 millones de euros.
Mientras que en Estados Unidos Bidem apostó por regresar a las políticas keynesianas -se espera que, si regresa a la presidencia Trump, siga una política bélica para dinamizar su mercado interno y la creación de empleos-; en México AMLO la apuestas fue las políticas de desarrollo de la década de 1970. Empero, mientras el sector agropecuario estadounidense está tecnificado y es competitivo, el de nuestro país ha sufrido un abandono desde hace 40 años, es probable que la presidente electa, Claudia Sheinbaum siga el mismo camino que su antecesor.
Se estima que el costo por el deterioro del suelo en el mundo asciende a 400 mil millones de dólares. Desde la economía circular, los desechos orgánicos se reutilizan como composta y se evita que vayan a los vertederos, la recuperación de los suelos es un punto nodal de este enfoque.
Pese a lo anterior, para transitar a la economía circular existen dos grandes obstáculos: la resistencia de los poderes establecidos para mantener el estatus quo que les ha dado grandes beneficios y, el modelo de consumo que ya no es sostenible porque no existen los recursos naturales para abastecer las necesidades humanas actuales. Lo que Marx ya vislumbraba y nombró como brecha metabólica.
Nunca antes en la historia humana nuestra especia había enfrentado un reto de la dimensión actual. Sin embargo, por primera vez en la historia de la humanidad se desarrolla conciencia planetaria y pluralista, inclusiva e igualitaria, en número pequeño pero, creciente de personas. Tiene su expresión en la lucha contra el racismo, la rebelión para erradicar la violencia contra las mujeres, derecho a la diversidad de creencias y la sexualidad, denuncia la desigualdad y lucha para la protección del planeta, es decir, un cambio profundo de conciencia.
Pilar Pino Acevedo es una figura destacada en Zacatecas, no solo por su trabajo como economista y escritora, sino también por su activismo en favor de los derechos de las personas con autismo y su compromiso con la política de izquierda. Su experiencia como madre de una niña con autismo la ha llevado a ser una voz importante en la lucha por la inclusión y la aceptación de las personas con discapacidades. Su participación en la colectiva Nantzin Zacatecas y su colaboración con medios como columnista en La Cueva del Lobo y lla revista literaria El Guardatextos demuestran su compromiso con la difusión de ideas y la promoción de políticas de izquierda. Actualmente, como coordinadora editorial de la revista Tlali Nantzin, sigue contribuyendo a la discusión y el análisis de temas políticos y sociales desde una perspectiva crítica y progresista.
“El verdadero peligro no es que las computadoras comenzaran a pensar como los hombres, sino que los hombres comenzaran a pensar como las computadoras”
Sydney J. Harris, periodista y columnista estadunidense
Noam Chomsky, lingüista, filósofo, politólogo y activista estadounidense de origen judío -uno de los mejores intelectuales vivos del mundo-; Ian Roberts, profesor de lingüista y el experto en inteligencia artificial (IA) Jeffrey Watumull, escribieron una columna conjunta de opinión publicada en el New York Times en días recientes. En ella que se muestran optimistas de los nuevos avances de la (IA), pese a que advierten de sus peligros y su amoralidad.
El optimismo porque la inteligencia es el medio por el que se solucionan los problemas y preocupación porque la IA degrade la ciencia y la ética al incorporar a una tecnología una concepción fundamentalmente errónea del lenguaje y el conocimiento.
El ChatGPT de Open AI, Bard de Google y Sydney de Microsoft son maravillas del aprendizaje automático, aunque son aclamados como los “primeros destellos en el horizonte de la inteligencia artificial general” en la que las maquinas superen a los cerebros humanos en términos de velocidad de procesamiento, tamaño de memoria, percepción intelectual, creatividad artística y cualquier otra facultad distintivamente humana, ese momento todavía no ha llegado.
Pese a que estos programas pueden ser útiles en la programación de computadoras, se conoce por la ciencia de la lingüística y la filosofía del conocimiento que difieren profundamente de cómo razonan y utilizan el lenguaje las personas. Estas diferencias imponen limitaciones significativas de lo que pueden hacer. Para los autores dichos programas se encuentran estancada en una fase prehumana o no humana de la evolución cognitiva.
“Su defecto más profundo es la ausencia de la capacidad más crítica que posee cualquier inteligencia: decir no solo lo que ocurre, lo que ocurrió y lo que ocurrirá —eso es describir y predecir—, sino también lo que no ocurre y lo que podría y no podría ocurrir», aseguran antes de subrayar que estos son los ingredientes de una explicación, «la señal de una verdadera inteligencia». Argumentan que, a diferencia de las máquinas, «el pensamiento de estilo humano se basa en posibles explicaciones y corrección de errores, un proceso que limita gradualmente qué posibilidades se pueden considerar racionalmente”.
La inteligencia humana es capaz de pensar moralmente, es decir, las personas tenemos la capacidad de limitar nuestra creatividad, con un conjunto de principios éticos que determinan lo que debería ser de lo que no. Para que sean útiles los programas como ChatGPT deberán tener la capacidad de generar resultados novedosos; además, deberá de mantenerse de contenido moralmente objetable.
Cabe preguntarse si la inteligencia artificial se desarrollará y perfeccionará hasta convertirse en un pensamiento artificial y las consecuencias éticas y morales que ello implicaría. No es descabellado hacernos estas preguntan tomando en cuenta que vivimos en una cultura de la inmediatez, donde nuestra capacidad de concentración y curiosidad se han visto mermadas por las dinámicas de las redes sociales y los teléfonos inteligentes.
Pilar Pino Acevedo es una figura destacada en Zacatecas, no solo por su trabajo como economista y escritora, sino también por su activismo en favor de los derechos de las personas con autismo y su compromiso con la política de izquierda. Su experiencia como madre de una niña con autismo la ha llevado a ser una voz importante en la lucha por la inclusión y la aceptación de las personas con discapacidades.
Su participación en la colectiva Nantzin Zacatecas y su colaboración con medios como columnista en La Cueva del Lobo y lla revista literaria El Guardatextos demuestran su compromiso con la difusión de ideas y la promoción de políticas de izquierda. Actualmente, como coordinadora editorial de la revista Tlali Nantzin, sigue contribuyendo a la discusión y el análisis de temas políticos y sociales desde una perspectiva crítica y progresista.
"La posibilidad de las mujeres para tomar decisiones libres para ellas y sus familias no debe ser un privilegio reservado para las mujeres con recursos, sino que debe ser un derecho de cada mujer y cada niña de todo el mundo. Lo mismo sucede con el derecho a la salud y a la no discriminación”
Grupo de expertos en derechos humanos de las Naciones Unidas (2017)
Por: Pilar Pino *
¡Nuestro estado se pinta de verde! La legalización del aborto es una realidad gracias al triunfo de la lucha feminista, tanto a nivel nacional como local. Desde hace varios años las feministas zacatecanas habíamos pugnado por este derecho humano de las mujeres y personas gestantes.
El Segundo Tribunal Colegiado del Vigésimo Tercer Circuito ordenó al Congreso de Zacatecas despenalizar el aborto y declarar inconstitucionales los artículos 211, 212 y 213 del Código Penal del Estado que, prohíben el “aborto voluntario”. Luego de que se concediera un amparo al Grupo de Información en Reproducción (GIRE). Cabe señalar que dichos artículos fueron aprobados en 1986 (hace casi 40 años). Además, refieren que las penas son: de cuatro meses a un año de prisión.
El derecho a decidir otorga dignidad a las mujeres –base de los derechos humanos– y, por lo tanto, el Estado debe garantizar estos derechos sexuales y reproductivos, como educación sexual, acceso al aborto electivo realizado por profesionales y, en el marco legal, a la anticoncepción, a los tratamientos de fertilidad y a la protección legal contra abortos forzados.
En este sentido, el Estado zacatecano está obligado a garantizar la interrupción del embarazo de forma segura, dentro del abanico de servicios de salud ofertados por la secretaría de Salud; asimismo debe de concientizar a la población y al personal médico para que el aborto sea reconocido como un derecho humano.
La interrupción de embarazo, un derecho humano
El derecho a decidir sobre el propio cuerpo es una de las demandas básicas y más antiguas del movimiento feminista. La despenalización y legalización representa un paso más para disminuir la mortalidad materna y la injusticia social que implica esta práctica, así como métodos anticonceptivos y educación sexual al alcance de todxs, para prevenir el abuso sexual infantil y embarazos adolescentes.
Además de ser un importante reconocimiento de las mujeres como personas con capacidad de decidir y su libertad reproductiva, así como de sus derechos humanos. Conservando la congruencia del carácter laico del Estado mexicano que respeta la diversidad ideológica y reconoce la libertad de conciencia de las personas.
La realidad es que miles de mujeres se someten a abortos clandestinos, solas y en condiciones insalubres. No nos debe importar el porqué de su decisión ya que son tan distintas como distintas somos las mujeres entre nosotras, desde que los embarazos son producto de violencia sexual hasta porque no se tienen las condiciones económicas y emocionales para criar a un hijo o hija.
Al respecto, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) se ha pronunciado a favor del derecho de las mujeres a decidir sobre su vida sexual y reproductiva, y en contra de la criminalización que sufren cuando se ven orilladas a la interrupción de un embarazo. Además, reconoce que la falta de acceso al aborto legal, seguro y gratuito es una clara violación a sus derechos fundamentales.
Lamentablemente, aún hay mucho camino que recorrer, la criminalización, la reducción de la disponibilidad de los servicios de salud -realidad que fue evidenciada durante la pandemia-, la estigmatización y las actitudes despectivas de los profesionales de la salud, son algunos de los factores que impulsan a miles de mujeres a realizarse abortos inseguros, poniendo en riesgo su integridad física e incluso sus vidas.
Al respecto, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que al año se realizan 25 millones de abortos clandestinos e inseguros, siendo esta la tercera causa más común de muerte materna del mundo y la causa de cinco millones de discapacidades, en su mayoría evitables.
Postura del Congreso Local
La diputada local Karla Valdez Espinoza expresó que la resolución de tribunales federales que va en contra de la penalización del aborto es un asunto que tendrá que ser tratado en la próxima Legislatura. Asimismo, reafirmó su postura es provida, que va en contra del aborto. También refirió que dicho asunto ya se rechazó anteriormente en comisiones de la actual Legislatura y no llegó a votarse en el Pleno.
Sobre el tema mencionó que aún queda la objeción de conciencia del personal médico. Sin embargo, con la declaración de 2021, la SCJN ratificó que el Estado está obligado a garantizar la disponibilidad de servicios seguros de interrupción del embarazo en todo momento y que la objeción de conciencia no puede, ni debe ser una barrera de acceso a ellos.
Aborto no es un invento del movimiento feminista
Lxs provida usan el argumento de que para arrebatar una vida solo dios, que las mujeres que abortan asesinan a sus hijas e hijos. Esto no es más que un valor cultural sin bases históricas, se les olvida que quien gesta la vida no lo hace siempre por voluntad propia.
Pero, que es lo que realmente hay detrás de este argumento, antes de la colonización, el capitalismo y la hegemonía occidental las mujeres abortaban y eran dueñas del conocimiento de las hierbas medicinales. Las mujeres realizaban estas prácticas con la ayuda de curanderas, parteras del pueblo, o las llamadas “mujeres sabias”.
Previo a la modernidad, la anticoncepción supo ser un arte femenino que combinaba hierbas, recetas pasadas de generación en generación, prácticas y conocimientos ancestrales. Hoy en día el 40% de la población mundial vive en países en donde el aborto es ilegal o está severamente restringido. La Organización Mundial de la Salud estimó en 2008 que en el mundo ocurren cerca de 21.6 millones de abortos inseguros cada año, causando un aproximado de 47.000 muertes.
Cuando los holandeses empezaron a esclavizar y comerciar con personas de origen africano, las mujeres utilizaban semillas para provocarse abortos, para que sus hijos e hijas no vivieran una vida de esclavitud. Es decir, las feministas no inventaron el aborto, la libertad reproductiva no es un fenómeno moderno.
Lo anterior, es un proceso que se desencadenó al ser vista la libertad reproductiva de las mujeres como una amenaza de los proyectos de expansión capitalista que requerían de una población creciente. Para adueñarse de los medios de reproducción, primero se tuvo que instalar la idea de que el cuerpo femenino era una máquina natural de crianza que funcionaba según ritmos que estaban fuera del control de las mujeres. Esta dominación se centra sobre toda una serie de tecnologías que tienen por objeto producir, administrar y dominar la vida.
A los provida no les importa la vida de las mujeres ni la de niños y niñas, ellos no son más que una herramienta del capitalismo que busca perpetuar las condiciones de precariedad y desigualdad que vienen con una mano de obra barata y; por tanto, con el proceso de acumulación capitalista. Si las mujeres no tienen la libertad de decidir si quieren o no reproducirse, entonces están sujetas a la deshumanización más brutal ya que se asume que su cuerpo “no les pertenece”, el aborto debe discutirse desde el ámbito de los derechos reproductivos, es decir, de los derechos humanos de las mujeres.
Pilar Pino Acevedo es una figura destacada en Zacatecas, no solo por su trabajo como economista y escritora, sino también por su activismo en favor de los derechos de las personas con autismo y su compromiso con la política de izquierda. Su experiencia como madre de una niña con autismo la ha llevado a ser una voz importante en la lucha por la inclusión y la aceptación de las personas con discapacidades. Su participación en la colectiva Nantzin Zacatecas y su colaboración con medios como columnista en La Cueva del Lobo y la revista literaria El Guardatextos demuestran su compromiso con la difusión de ideas y la promoción de políticas de izquierda. Actualmente, como coordinadora editorial de la revista Tlali Nantzin, sigue contribuyendo a la discusión y el análisis de temas políticos y sociales desde una perspectiva crítica y progresista.
A través de la historia, las mujeres han dedicado su vida al trabajo reproductivo, que comprende tanto labores domésticas como cuidado de hijas e hijos, personas adultas mayores. Responder por qué las mujeres se han dedicado a estas labores, conduce por lo general a excusas androcéntricas que justificaron primero un sistema patriarcal, y posteriormente también el orden social capitalista. Son explicaciones culturales, religiosas y/o de naturaleza biologicista las que respaldan la subordinación de las mujeres, y propician que éstas permanezcan en condiciones de vulnerabilidad y pobreza.
La incorporación de la economía feminista nos ofrece una nueva perspectiva crítica de mayor alcance, ya que es capaz de demostrar que las relaciones de poder en el sistema capitalista no solo se encuentran presentes entre quienes poseen los medios de producción y quienes necesitan vender su fuerza de trabajo para reproducir sus condiciones materiales de vida.
Bajo esta visión se incorporan al análisis de la ciencia económica categorías como sexo, género, división sexual del trabajo y trabajo reproductivo. Este será nuestro punto de partida.
Hacia una mirada feminista en la economía
A causa de que el papel que se asigna a las mujeres en el sistema económico dominante, la cual se encuentra reducida a explicar el funcionamiento del aparato productivo destinado a los mercados; y, por tanto, se ocupaba principalmente de encontrar la perfecta asignación para la producción.
La Economía Política cumple con revelar las relaciones sociales que configuran el modo de producción capitalista, por lo que perdería su objeto con la abolición del capitalismo y la generación de modos de producción socialistas.
La obra de Rosa Luxemburgo es oportuna, para probar cuestionamientos feministas a la ciencia económica se hacen presentes en la medida que la disciplina se consolida como tal. Evidencia, asimismo, que desde inicios del siglo pasado se advierte la necesidad de descentrar la mirada de la producción y los mercados capitalistas para lograr ver que existen otros entornos donde también se produce riqueza social.
La economía política nos revela que el sistema económico actual no se desenvuelve-como expresa la doctrina liberal- a partir de intercambios equitativos y voluntarios, sino con base en la extracción de valor (específicamente plusvalor) mediado por la adquisición y uso privado de la fuerza de trabajo colectiva; una regularidad institucionalizada como vínculos sociales libres e igualitarios.
La critica de la economía política resulta indispensable en sus concepciones centrales, pues permite entender al trabajo como fuente de valor y a la fuerza de trabajo como una mercancía en el momento presente; desde esa plataforma es posible explicar problemas como la pobreza o el desempleo. Su carencia medular, es que no consigue -pues en realidad no se plantea- explicar la función que desempeñan las mujeres -y específicamente el trabajo de las mujeres- en el ciclo de producción capitalista. Más allá de su reconocimiento temprano de la división sexual del trabajo por el punto de histórico de gestación de la ciencia económica moderna, no incorpora una serie de conceptos y variables que el feminismo de la segunda mitad del siglo XX si puso en la palestra política y científica.
Solo en tiempos recientes se reconoce la dimensión patriarcal que intercepta con la subordinación de clase del sistema capitalista, y como se relegó a las mujeres a la esfera doméstica.
El patriarcado como base del sistema sexo género que da sustento a la división sexual el trabajo no es una creación del capitalismo. La subordinación de las mujeres es anterior a dicho sistema, sin embargo, esta fue recuperada y funcionalizada al interior de éste, dotándolo de nuevos significados y configurando una forma particular de organización familiar, la familia patriarcal.
Cuando las mujeres ingresaron a los mercados de trabajo, las justificaciones naturalistas también sirvieron para excusar salarios más bajos para ellas en comparación con los percibidos por sus pares varones. Así como para desvalorizar la contribución de las mujeres trabajadoras y como consumidoras de la llamada revolución de consumo.
La familia nuclear, burguesa, tal como fue reconocida por los economistas clásicos, constituye un pilar de la sociedad de clases. En el núcleo familiar se normaliza la existencia de relaciones jerárquicas y de poder entre mujeres y hombres pues al ser estos los principales proveedores ostentan el poder económico, haciendo a las mujeres dependientes de ellos. Asimismo, muchas mujeres aceptan y reproducen la organización patriarcal de la familia, porque ellas mismas asumen como verdaderas las explicaciones androcéntricas que rigen a la sociedad. Dichas explicaciones incluyen argumentos religiosos, naturales (biologicistas) e incluso represivos, aludiendo a la necesidad de vigilar el comportamiento casto de las mujeres, con tal de evitar infidelidades que tendrían como consecuencia que los hombres vivieran la deshonra de mantener hijas e hijos engendrados por otros.
La corriente feminista ha criticado que el pensamiento marxista, a pesar de que fue incisivo al momento de identificar las relaciones de poder y de clase de naturaleza obrera, no fue capaz de advertir relaciones de opresión de las mujeres respecto al capital ni de reconocer que el patriarcado estaba presente en el sistema capitalista, y que fue anterior a él.
Construir conocimiento tomando distancia del presupuesto de que las mujeres son por naturaleza seres inferiores a los varones, y hacer un estudio materialista sobre la situación de las mujeres, desde otro lugar, con otras premisas. Ese otro punto es la epistemología feminista.
A lo largo de la historia las mujeres fueron alejadas de la posibilidad de construir conocimiento. El ser y estar de las mujeres en el mundo fue definido por los varones desde una construcción androcéntrica del conocimiento. Por ello surge la necesidad de crear una epistemología o teoría del conocimiento propiamente feminista. La importancia de la epistemología feminista radica en la posibilidad de reinterpretar la realidad social, política y económica de las mujeres.
Este trabajo se centra en el trabajo reproductivo como principal labor de las mujeres, por ende, destacamos el papel de las mujeres en la economía, esto como actoras invisibilizadas en la ciencia económica dominante, porque si bien el trabajo no pagado realizado por las mujeres era y es aún condición de posibilidad para la reproducción del sistema capitalista, en el análisis de dicha ciencia sus aportaciones son consideradas principalmente extraeconómicas.
Aportes del feminismo marxista a la crítica de la economía política
Como afirma Silvia Federici, Marx no fue capaz de concebir la actividad productora de valor de otra forma que no fuese producción de mercancías y su consiguiente ceguera ante el significado de la actividad reproductiva no pagada de las mujeres en el proceso de acumulación de capital.
Fue gracias a la epistemología feminista que las mujeres identificaron y denunciaron la injusticia que representaba para ellas el mantener vigentes las relaciones de poder entre mujeres y hombres, relaciones patriarcales. Su denuncia fue dirigida tanto para socialistas marxistas como para el propio marxismo.
Aceptar que la lucha por la emancipación de las mujeres pierde relevancia o puede subyugarse frente a la lucha de clases fue ampliamente criticado, porque la vida privada quedaba de una vez más despolitizada, no solo por los varones que se negaban a cuestionar los privilegios que asumían el rol de amas de casa como de algo natural; aún cuando eran capaces de manifestarse frente a las relaciones de poder que lograron identificar como parte del sistema capitalista.
Las feministas abrieron la discusión sobre lo que es el trabajo en si mismo, cuestionando la dicotomía entre el trabajo productivo e improductivo, ya que desde el androcentrismo se definió el trabajo reproductivo como una labor improductiva. Para las feministas marxistas la atención debía centrarse en evidenciar que el trabajo femenino no remunerado que se realiza en el hogar es fundamental para la producción de la fuerza de trabajo no solo redefine el trabajo doméstico, sino la naturaleza del propio capitalismo.
De esta manera surgió en la década de 1970 el movimiento por el salario para el trabajo femenino. Desde un feminismo marxista, las mujeres impulsaron este movimiento tanto en la teoría como en la práctica social.
La división sexual el trabajo y las categorías sexo y género fueron esenciales para politizar el trabajo reproductivo, de tal manera se identificó que el trabajo de las mujeres, aún el no remunerado, realizado “por amor” al interior de los hogares era productor de una mercancía específica: la fuerza de trabajo.
Identificar a las mujeres como productoras de la fuerza de trabajo, mercancía única y particular, de la cual se extrae el plusvalor, significa dotar a las mujeres de poder social y político. De esta manera las mujeres se erigieron como sujetas políticas y actoras de las luchas anticapitalistas, aunque no se estuvieran directamente trabajando en las fábricas.
Además de manifestarse contra el capitalismo, las mujeres feministas marxistas advirtieron que no se deben soslayar las consecuencias que la dimensión patriarcal del sistema capitalista genera en las vidas de las mujeres porque los estragos del sistema son diferentes entre mujeres y hombres. Al interior de los hogares las mujeres son las obreras y quien ejerce el control sobre ellas es el esposo, por lo tanto, las relaciones de poder no solo se dan entre clases sociales sino también entre sexos. Si bien la fuerza de trabajo del obrero se consume en la fábrica, la de las mujeres se consume al interior de los hogares. La asignación del trabajo hacia las mujeres corresponde a la división sexual del trabajo.
Esta es una de las principales causas de la ceguera de muchos varones frente a la subsunción del patriarcado en el sistema capitalista: ellos se ven privilegiados directamente con la reproducción de este sistema, no obstante, su carácter de obreros: subordinados y explotados.
Ese rol de prerrogativas no implica que los varones estén mucho mejor que las mujeres al interior del sistema capitalista, el feminismo marxista es consciente de la explotación que los varones sufren como clase desposeída al interior de las fabricas vendiendo su fuerza de trabajo. Por lo tanto, no se trata de luchar por la igualdad entre mujeres y hombres quedando ambos sexos subyugados frente al capital, sino caracterizar la dimensión patriarcal del sistema, como ya se ha dicho antes y comprender de qué manera el capital se ha beneficiado del trabajo de las mujeres aún cuando no están directamente en las fábricas.
El feminismo marxista demostró que ni al interior de la familia burguesa ni al interior de la familia proletaria es posible crear relaciones igualitarias entre hombres y mujeres, porque ambos modelos tienen como base al patriarcado, de tal manera que entrañan condiciones desiguales de poder. La liberación de las mujeres no puede depender de la lucha de clases porque la lucha
de clases no asume la lucha contra el patriarcado.
Economía feminista de la ruptura
La economía feminista de la ruptura, que se caracteriza por oponerse a una visión reduccionista sobre la desigualdad entre mujeres y hombres, así como de las estrategias que pretenden “combatirla” desde la economía dominante.
La economía feminista de la ruptura no tiene como principal objetivo cambiar o mejorar las condiciones de vida de las mujeres en el sistema actual, porque no considera posible reformar un sistema cuyo fin es la obtención de ganancias, sin importar como se obtienen o lo que para ello se destruye.
Desde esta postura se enfatiza que el sistema dominante no solo se ha apropiado de los trabajos invisibilizados que realizan las mujeres que viven bajo mandatos de la heteronorma.
La vertiente hegemónica de la economía ha insistido que para reducir la desigualdad patrimonial y social entre mujeres y hombres es necesario potenciar la participación de las mujeres en los mercados de trabajo. Desde esta perspectiva se busca que las mujeres puedan compaginar las actividades económicamente remuneradas con sus roles de madres y/o esposas, es decir, con las actividades no remuneradas que, de acuerdo con la norma patriarcal, deben realizar a partir de sus roles de género. Este tipo de economía no cuestiona por qué las mujeres deben permanecer como principales cuidadoras, por el contrario, busca fomentar la conciliación entre trabajo remunerado y el reproductivo para que las mujeres puedan acceder a los mercados de trabajo. Por lo tanto, puede identificarse como economía de la conciliación. Por otro lado, se encuentra la economía feminista de la ruptura la cual no acepta que las condiciones de vida puedan mejorar sin que se haga una profunda crítica al sistema económico dominante, que se ha beneficiado del trabajo no remunerado, particularmente el feminizado.
Para el feminismo de la ruptura remunerar el trabajo de las mujeres, aun cuando se logre reconocer su importancia para la reproducción de la fuerza de trabajo, no es suficiente porque no se trastoca de fondo los cimientos del sistema. Incluso se advierte que con dicha remuneración se corre el peligro de afianzar los roles de las mujeres como madres, esposas, cuidadoras y amas de casa.
La economía feminista de la ruptura enuncia un grave conflicto capital-vida que está presente desde los cimientos del sistema capitalista, es decir, manifiesta que el sistema capitalista esta provocando muerte, no solo como humanidad si no que está vulnerando toda la vida del planeta en su conjunto. Por ende, pone en el centro del análisis la sostenibilidad de la vida, asumiendo que toda ésta es vulnerable y requiere cuidados cotidianos que hasta ahora se han llevado a cabo de manera desigual, sin responsabilidad colectiva, aun cuando la necesidad de cuidado es universal.
Al cuestionar en qué condiciones se llevan a cabo los cuidados -quiénes cuidan, quienes reciben los cuidados y por qué-, las feministas de la ruptura observaron que estas actividades concentran relaciones de poder que van más allá de la división sexual del trabajo, que por supuesto la entraña- razón por la cual no abandonan el concepto de patriarcado-, pero que los cuidados son también realizados explotando ejes de poder como clase, etnia/raza, edad, entre otros. La razón es que el concepto de “cuidados” es amplio y no se agota en el trabajo de reproducción, tal como fue concebido por el movimiento de trabajo doméstico.
Toda persona requiere cuidados, en mayor o menor medida, y no solo quienes se pueden considerar dependientes por edad o salud. Los varones se han beneficiado del trabajo de cuidados que generalmente les proporcionan las mujeres.
Cambiar el eje de la discusión en torno a la economía para descentrar la mirada de los mercados capitalistas y ponerla en la sostenibilidad de la vida implica generar una profunda crítica al sistema económico dominante y entender que la búsqueda del capitalismo por obtener mayores ganancias está poniendo en peligro de muerte a la totalidad de la vida, pero también demuestra que en este sistema solo existe un tipo de sujeto cuya vida se busca sostener: el blanco, burgués, varón, adulto y heterosexual (BBVAH) (Pérez, 2019).
La economía feminista de la ruptura habla del patriarcado subsumido al capital que sigue como fundamento de la desigualdad entre mujeres y hombres, así como de un heteropatriarcado que agudiza las desigualdades sistémicas para identificar al BBVAH como la mayoría y su forma de vida como la única valida para ser sostenida. Por este motivo debe servir como modelo al cual aspirar, por estar asociado con el éxito económico, lo que pareciera liberarlo de cualquier responsabilidad de cuidado tanto para si como para el resto.
El sujeto masculino tiene el privilegio de no cuidar y de exigir cuidados, por lo que se argumenta que el privilegio de no cuidar es procapitalista. Las otras vidas son ubicadas como una serie de minorías que pueden explotarse para satisfacer los deseos y necesidades de dicho sujeto. Al poner en el centro la sostenibilidad de la vida, las autoras argumentan que además se trata de fomentar condiciones para que todas las vidas sostenidas, no solo algunas, y que lo sean de tal manera que valga la pena ser vividas.
Esta corriente hace hincapié en la explotación que pesa sobre el trabajo de cuidados, tanto remunerado como no remunerado, enfatizando que aún cuando es asalariado las mujeres siguen siendo quienes lo realizan primordialmente.
Normalmente se habla de trabajo doméstico en lugar de trabajo de cuidados, sin embargo, la noción de trabajo doméstico despolitiza que en realidad las trabajadoras del hogar hacen más limpiar la casa. Sin embargo, este trabajo se ha desvalorizado de tal manera que el dedicarse a este no implica que quienes lo realizan puedan mejorar sus condiciones de vida.
Los estudios sobre el trabajo doméstico remunerado, así como las encuestas de uso de tiempo, demuestran que es un trabajo que se realiza por la falta de oportunidades para encontrar otro tipo de empleo, ya que generalmente se trata de mujeres pobres o con poco acceso a la educación formal. El dedicarse al trabajo doméstico remunerado no garantiza a las mujeres salir de la pobreza. En muchas ocasiones, la búsqueda por mejorar sus condiciones de vida ha generado procesos migratorios, ocasionando fenómenos como las cadenas globales de cuidado. Mujeres que dejan a cargo de otros a sus familias en sus países de origen para dedicarse en ocupaciones de cuidado en países desarrollados. Al analizar este fenómeno desde la sostenibilidad de la vida, se advierte que tanto en los países receptores como en los países de origen existen problemáticas que lo desencadenan.
En los países receptores, pagar por cuidados se ha convertido en una práctica común, sobre todo a partir de las llamadas crisis de cuidados, originadas por el envejecimiento de la población; las relaciones patriarcales que delegaron en las mujeres la responsabilidad del trabajo; el acceso cada vez mayor de las mujeres a los mercados de trabajo; la decisión de las mujeres de dejar de ser las cuidadoras principales en los hogares; y el que los Estados de estos países no se hayan hecho cargo de proveer, a través de instituciones públicas, los servicios de cuidados necesarios. La crisis de cuidados se evidencia y acentúa en determinadas coyunturas, porque pone al desnudo la incapacidad de los Estados de proveer los cuidados que la población requiere.
Del trabajo de reproducción al trabajo de cuidados
Las propuestas que pretendan ofrecer soluciones antisitémicas a la crisis capitalista no pueden seguir asignando jerarquías a las luchas sociales, como ocurre al priorizar la producción mercantil y lucrativa frente a los trabajos de cuidados, y otros procesos de regeneración social y ecosocial.
Para generar propuestas de cambio social con mayor efectividad se precisa una transformación en el terreno político e institucional. Que los Estados generen marcos legales que ponderen la prioridad de cuidar la vida. En paralelo a la ruta político-institucional, deben generarse lecturas teóricas antisistémicas, capaces de responder a la configuración múltiplemente articulada del capitalismo actual, incluyentes de las necesidades de todos los grupos sociales que el capitalismo ha vulnerado y, a su vez de la imperante necesidad de proteger el medio ambiente. Las crisis ambientales ponen en peligro tanto la vida humana como la vida del planeta en su conjunto.
De cara a la problemática expuesta, la economía feminista ha reestructurado el concepto trabajo reproductivo porque a pesar de su importancia histórica ya que no es suficiente para dar cuenta de los trabajos que por motivos de género las mujeres realizan al interior del sistema, ni el perjuicio socioeconómico que la desvalorización de estos trabajos conlleva. Actualmente se ha planteado la categoría trabajos de cuidados, para dar cuenta de todas aquellas labores necesarias para reproducir y cuidar la vida en su conjunto, labores que mayoritariamente son realizadas por mujeres. Aun cuando ambos términos emanan del análisis económico feminista y tienen como base roles y estereotipos de género impuestos por el sistema patriarcal, estos no son sinónimos.
La categoría trabajo de cuidados permite, efectivamente, criticar la división sexual del trabajo y más aún, las formas en los que los cuidados “se organizan socialmente y de cómo esta organización se entrelaza con los sistemas de estratificación social, sexual y racial vigentes en nuestra sociedad, hasta el punto de alcanzar una situación crítica” (Pérez-Caramés, 2020:2).
El trabajo de cuidados posee todavía una organización marcada por la desigualdad sexual, social, económica y política que se ha vuelto insostenible y está generando graves crisis, no solo para las mujeres que cuidan de manera no remunerada, sino también para quienes buscan sostenerse y a sus familias a través de esta labor; por ello es necesario generar condiciones sociales, políticas y económicas que permitan una redistribución social -equitativa y justa- de los cuidados.
Irma Lorena Acosta Reveles Maestra y Doctora en Ciencia Política, con estudios de Licenciatura en Economía y Derecho. Profesora de tiempo completo de la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ); pertenece al Sistema Nacional de Investigadores (SNI) desde el año 2010, actualmente es Nivel II. Cuenta con Perfil Prodep otorgado por la Secretaría de Educación Pública (SEP) por séptima ocasión consecutiva. Sus líneas de investigación son los Estudios del Trabajo, la Sociología Rural, Políticas Públicas y Feminismo. En el marco de esos campos temáticos ha publicado doce libros, quince capítulos de libro y veinte artículos científicos en revistas de circulación internacional. Actualmente es integrante del Comité Científico de la Asociación Iberoamericana de Sociología (AIS) y miembro de diversas Comisiones Dictaminadoras en revistas científicas indexadas.
Zayra Yadira Morales Díaz Doctora en Economía Política del Desarrollo, Maestra en Estética y Arte, y Licenciada en Filosofía, por parte de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Actualmente realiza el segundo año de Estancia posdoctoral en la Universidad Autónoma de Zacatecas, como parte de las Estancias Posdoctorales por México, CONACYT. Las investigaciones que ha llevado a cabo han estado siempre relacionadas con los estudios de género y el feminismo en México. A nivel profesional, se ha desempeñado como profesora e investigadora en diversas instituciones de nivel superior y medio superior. Ha trabajado en la coordinación de proyectos de prevención social de la violencia, particularmente: Prevención de Violencia de Género y Prevención de Violencia Escolar. Asimismo, ha impartido diversos cursos y capacitaciones relacionados con la prevención de la violencia de género y los derechos humanos de las mujeres.
Actualmente, México transita por una oleada reciente en torno a la perspectiva social de la discapacidad centrada en los derechos humanos, la cual es respaldada por la Organización de las Naciones Unidas, a fin de instaurar internacionalmente, macro políticas en la igualdad de oportunidades para las personas con y sin discapacidad, garantizando así la protección y la valía universal de sus derechos humanos.
Las claves fundamentales del modelo social se mencionan a continuación:
* La discapacidad no se origina por causas asociadas a las limitaciones particulares de la persona; es decir la condición física, intelectual o sensorial de la persona, sino limitaciones de la sociedad al ejercer entornos discapacitantes que no den respuesta a sus necesidades en los espacios sociales.
* Dado que las personas con y sin discapacidad tienen la misma facultad para hacer aportaciones crecientes a su comunidad; el modelo social pugna por que las personas con discapacidad tengan una vida digna a través de la valoración de la diversidad y una plena inclusión que les permita ser partícipes en la vida cotidiana.
Por ello, se considera que la discapacidad es originada por causas sociales; tras prevenir, minimizar o derribar las barreras enfrentadas al evitar señalar particularmente a la persona en cuestión, sino a la sociedad para dar soluciones efectivas que promuevan la inclusión social, por ello las personas deben ser aceptadas tal cual son, enalteciendo sus habilidades y destrezas en lugar de centrar la atención en sus áreas de oportunidad, tras configurar entornos accesibles para todos, todas y todes a partir de una visión holística que permita a las personas con discapacidad incursionar participativamente en la vida social, desarrollando al máximo sus potencialidades a través de actividades como el arte, la cultura, el deporte y la academia, entre otros rubros.
Bajo este tenor, el modelo social de la discapacidad se encuentra moldeado con antecedentes originados en la convención sobre los derechos de las personas con discapacidad, aprobada el 13 de diciembre de 2016 por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), en la cual colaboraron cuantiosos actores y actrices de la sociedad civil, instancias gubernamentales, especialistas en derechos humanos y educación especial a fin de promover, proteger y hacer valer los derechos de las personas con discapacidad.
De esa manera, al adoptar los derechos humanos en materia de discapacidad se toma en cuenta la capacidad de la persona para pensar, razonar, sentir y actuar, habilidades que permiten a las personas desempeñar un rol importante en la sociedad desde una visión utilitaria, siendo reconocidos como sujetos de derechos en un sistema democrático que permite erradicar las barreras sociales enfrentadas, brindando a las personas con discapacidad la oportunidad de tomar decisiones y actuar con autonomía en función de las oportunidades que se les brindan.
Maria de los Angeles Moreno Padilla es licenciada en educación especial por la Benemérita Escuela Normal Manuel Ávila Camacho, Especialista en Estudios de Género y Educación por la Universidad Pedagógica Nacional 321 Zacatecas, maestra en Educación y Desarrollo Profesional Docente y doctorando en Humanidades con Especialidad en Patrimonio y Cultura para la Paz por la Universidad Autónoma de Zacatecas “Francisco García Salinas”. Es gestora cultural, activista social y lucha por los derechos humanos de las personas con discapacidad, así como de las infancias en el estado de Zacatecas mediante el ejercicio de la secretaría en la asociación civil sin fines de lucro: “Uniendo Discapacidades con Amor”. Ha participado en múltiples congresos locales, nacionales o internacionales con temáticas relacionadas a la inclusión de personas con discapacidad, habilidades socioemocionales y cultura para la paz. Cuenta con una publicación de libro relacionada a: Mejorar el aprendizaje escolar en México: el reto de la práctica profesional diferente.