
Fotografía: cortesía Tenorio´s
Por: Pilar Pino
Jennifer Mariana demuestra que la edad no define la madurez ni la determinación.
A sus 20 años, ya tiene más claridad sobre su camino que muchos adultxs.
Su mensaje es simple y poderoso: "haz lo que quieres, con disciplina y por las razones correctas."
Con apenas 20 años, Jennifer Mariana Álvarez Enríquez ya compite en fisicoculturismo, entrena a otras mujeres y tiene clarísimo lo que quiere. Su madurez y determinación sorprenden a cualquiera que la escuche.
Hay personas que, desde muy jóvenes, saben exactamente a dónde van. Jennifer Mariana es una de ellas. Cuando la conoces, su seguridad y claridad de propósito te desarman. No habla de sueños vagos: habla de disciplina, de hábitos, de un estilo de vida que construye día a día. A sus 20 años, ya lleva dos años compitiendo en fisicoculturismo y asesora a otras mujeres en su camino hacia el fitness. Esta es su historia.
¿Puedes presentarte? ¿Quién eres y a qué te dedicas?
Me llamo Jennifer Mariana Álvarez Enríquez, tengo 20 años y soy entrenadora. Además de entrenar a otras personas, compito en fisicoculturismo, que es también mi gran pasión.
¿Cuándo comenzaste en el mundo del fisicoculturismo?
Hace aproximadamente dos años. Empecé a competir cuando tenía 18 años, así que soy bastante nueva en esto, aunque siento que he aprendido mucho en muy poco tiempo.
¿Has enfrentado obstáculos específicos en este camino?
El mayor obstáculo ha sido la fortaleza mental. Mantener el ritmo de los entrenamientos, los cardios, construir el hábito de la constancia... Eso es lo verdaderamente difícil. Pero con la práctica todo se va mejorando.
En los días difíciles, ¿cómo te motivas para entrenar?
Lo vivo como un estilo de vida. Al principio cuesta, como todo, pero llega un punto en que simplemente lo haces: te sientas mal o bien, igual tienes que hacerlo. Es como lavarte los dientes o bañarte. No es una opción, es parte de tu día.
¿Hubo algún límite que te costó establecer? ¿Qué cambios tuviste que hacer?
Sí. Al principio no tenía los recursos económicos suficientes para sostener una preparación competitiva, así que tuve que buscar trabajo y esforzarme el doble para poder costearlo. El fisicoculturismo implica gastos en suplementos, alimentación específica, viajes a las competencias... No es barato, pero lo vale.
¿Qué responsabilidad sientes al guiar a otras mujeres que quieren seguir tu camino?
Básicamente, demostrarles que sí se puede. Que el único límite real está en su mente. Si logran controlar ese aspecto, podrán alcanzar cualquier cosa que se propongan.
¿Qué cambio urgente te gustaría ver en el mundo del fitness para las mujeres?
Que el entrenamiento deje de hacerse por las críticas o por lo que dicen los demás, y que pase a ser verdaderamente un estilo de vida. Que cada mujer lo haga porque ella quiere, porque le hace bien, y que eso se vea reflejado en una disciplina genuina y constante.
Los estándares de belleza en el fitness han cambiado mucho. ¿Cómo manejas eso con tus clientas?
Depende del objetivo de cada persona. Las modas influyen, claro que sí, pero al final lo más importante es lo que cada quien quiere para su cuerpo y su salud. Yo acompaño a mis clientas en función de sus propias metas, no de las tendencias.