
Imagen:Tomada de la web, créditos a quien corresponda
Por: Mauricio González González*
No hay sorpresa de que la ciencia ficción sea hoy una de las fuentes principales de imaginación conceptual, de las más fértiles. Numerosas pensadoras nos han mostrado cómo la ficción especulativa resulta una de las mejores herramientas para afrontar los tiempos en curso; el término “terraformar” no es excepción. En 1942, Jack Williamson le incluyo en un breve cuento titulado “Collision Orbit” que apareció en la revista Astounding Science Fiction y, más tarde, en el año 2000, construyó toda una epopeya a su alrededor en la novela The Ultimate Earth, que en español se tradujo como Terraformar la Tierra, donde diferentes generaciones de clones humanos intentan reanimar la vida del planeta otrora azul después de un cataclismo causado por un asteroide.
Durante la segunda mitad del siglo XX, el término fue ocupado para imaginar la vida más allá de la Tierra, más ello no sólo por ambiciosos especuladores que aspiran allegarse beneficios a partir de la colonización de un planeta B, sino incluso por mentes destacadas en astronomía, como Carl Sagan, quien encontraba en esta noción una forma de ampliar los modos de existencia terráqueos hacia otros planetas. La paradoja que actualmente enfrentamos no deja de tener matices de ironía, ya que los apremios climáticos, el grave deterioro ambiental y la puesta en cuestión del futuro de numerosas especies hace que, más que mirar a otros planetas para terraformarles, volteemos al nuestro para intentar restablecer las condiciones de existencia incluso para nuestra especie.
Así, terraformar es un concepto vigente utilizado por, entre otros, Benjamín Bratton (2021 [2019]), quien le ocupa como propuesta de diseño, planificación y gestión geopolítica y geotecnológica con las cuales puedan recuperarse las cualidades ambientales propicias para la especie humana junto a todas aquellas de las que depende. Por otro lado, para Amitav Ghosh (2023 [2021]), potente pensador indio, la terraformación le ha servido para mostrar cómo los órdenes de conquista y colonización europea generaron paisajes de explotación y monocultivo que, como muestra con el caso de la nuez moscada en las Islas Banda, han sido regla de negación de la vida y su diversidad en una historia de larga duración que inició en el siglo XVII. La hegemonía eurocéntrica terraformó al planeta al punto en que hoy se ha vuelto uno de sus principales problemas, efecto de la violencia que silenció órdenes más complejos de interacción con el entorno.
La productividad de este término es tal que, bajo enfoques multiespecie se puede denotar, tal como hace la entrañable Donna Haraway (2019 [2016]), que los principales terraformadores del planeta son las bacterias, y que ello antecede por mucho a la aparición de la humanidad, dejando ver la relevancia de recuperar y considerar procesos simbiogenéticos que favorezcan el compost que ella promueve, ajeno al humanismo ilustrado. Y en este esfuerzo no está sola, le asisten numerosas experiencias vernáculas de cooperación multiespecie por demás virtuosas. Así, las milpas mesoamericanas nuevamente emergen como territorios donde la sociabilidad más-que-humana es signo de hospitalidad, generosidad y alianza, forma históricamente probada de terraformación con cualidades culturales que dan sustancia no sólo a una culinaria, sino incluso a las mujeres y hombres de maíz que pueblan mundos entreverados de numerosos entes incluso metahumanos. El complejo milpa es paradigma para la terraformación de un planeta en disputa, terraformar el mundo bajo la égida de estas tecnologías es prioritario, contamos con acervos prácticos.
- Mauricio González González estudió la licenciatura en Etnología, así como una maestría en Teoría Psicoanalítica, y la maestría y doctorado en Desarrollo Rural. Ha sido profesor de diferentes programas de estudio y posgrados tanto en escuelas privadas como públicas y comunitarias. Asimismo colabora en diferentes organizaciones y redes de la sociedad civil, principalmente ambientalistas. Escribe en el suplemento La Jornada del Campo y la agencia informativa Desisnfomémonos. Actualmente forma parte del colectivo CORASON, con quien participa en Radio Huaya “La voz campesina” dentro de la barra de opinión.