Fotografía: Sara Rodriguez
Norma Castorena, lideresa sindical del sector salud, habla sobre organización, resistencia y esperanza desde las trincheras del movimiento trabajador
Por Pilar Pino
En un sistema de salud que sangra por múltiples frentes —recortes presupuestales, precarización laboral, agotamiento de la base trabajadora— hay quienes eligen quedarse y pelear. Norma Castorena es una de ellas. Lideresa sindical, defensora de lxs trabajadorxs de la salud y voz inclaudicable frente a las autoridades, nos recibe para hablar sin rodeos de lucha colectiva, dignidad y el poder de organizarse.
Liderear un sindicato en el sector salud no es fácil, y hacerlo como mujer agrega capas adicionales de resistencia. ¿Cuál ha sido el obstáculo más difícil que has tenido que superar y cómo lo convertiste en fortaleza?
Ser líder sindical es un desafío enorme, y lo es todavía más cuando el gobierno y las autoridades asumen que ese lugar le corresponde a un hombre. Esa idea, ese prejuicio instalado, ha sido quizás el reto más grande que he enfrentado. Pero lo convertí en fortaleza, porque ser mujer al frente de un sindicato habla de flexibilidad, de sensibilidad, de empatía. Hablamos con firmeza y convicción. He levantado la voz, he representado la voz de miles de trabajadores y siempre he defendido sus derechos laborales de manera justa. Eso nadie me lo puede quitar.
"Ser mujer al frente de un sindicato habla de flexibilidad, sensibilidad y empatía. He representado la voz de miles de trabajadores y siempre he defendido sus derechos."
A lo largo de tu camino, ¿cuál logro llevas más cerca del corazón? Ese que cambió la vida de otras personas y que reafirma tu vocación de lucha.
Hay muchos logros, muchas conquistas. Pero lo que más llevo en el corazón es la oportunidad de luchar por los derechos laborales de la gente, de ver reflejados en los talones de pago de las familias trabajadoras los beneficios que dan certeza y mejoran su condición económica. Logramos que se reconociera la profesionalización de las enfermeras, de los trabajadores sociales. Luchamos por mejores condiciones para médicos y administrativos. Cada reconocimiento, cada bono, cada día ganado cuenta. Y cada vez que alguien le reconoce su valor a un trabajador de la salud, yo me siento profundamente feliz.
En un momento donde el sistema de salud enfrenta recortes, austeridad y una crisis de agotamiento en la base trabajadora, ¿qué papel juegan las lideresas sindicales para sostener a quienes intentan desmantelarlo?
El papel es luchar. Luchar todos los días. Levantar la voz, hablar con verdad, saber separar la cuestión política de la cuestión laboral —y a la vez saber juntarlas cuando es necesario— para lograr mejores condiciones para mis compañeras y compañeros. Nadie va a venir a rescatarnos desde afuera. La organización colectiva es la única herramienta que tenemos para resistir y avanzar.
Si una trabajadora de la salud te escribiera hoy diciéndote que se siente sola, agotada, invisible, ¿qué le dirías desde el alma y no desde el protocolo?
Le diría que no está sola. Que no se sienta agotada ni invisible. Que hay una compañera, un compañero, que está dando la pelea por ella, aunque no siempre se vea. Que su trabajo tiene valor, que su dignidad importa, y que la lucha que llevamos adelante es también por ella.
¿Qué convicción te levanta cada mañana para seguir luchando?
Más que una frase, hay una motivación profunda. Primero, pongo cada lucha en manos de Dios —esa es mi mayor fortaleza en los días más difíciles. Y después, la convicción de saber que lo que hacemos es justo. Que luchar por la dignidad y los derechos de los trabajadores de la salud es una lucha que vale la pena. Que al levantar la voz, hago valer la expresión de miles de compañeras y compañeros. Eso me basta para levantarme cada día.
Hay una convicción que siempre me acompaña: cuando la causa es justa, rendirse nunca es una opción.
"Saber que mi lucha es por la dignidad y la justicia me basta para levantarme cada día."
