No hay voz pequeña: treinta años defendiendo lo que nadie más quiere defender

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Fotografía: cortesia archivo personal Cristela Trejo

Por: Pilar Pino  

Cristela Trejo no eligió este camino de manera racional, como quien decide una carrera o un oficio. Lo heredó de una manera que pocas personas heredan algo: viviéndolo desde niña, de la mano de une padre marxista y une madre de fe que juntes fundaron la primera escuela para trabajadores en Querétaro a finales de los sesenta, y que llevaban a sus hijxs al CERESO porque el trabajo de cambiar el mundo no se pausa.

Hoy, treinta años después, Cristela es abogada feminista, defensora de derechos de la infancia y docente universitaria. Ha acompañado a niñas, niños, mujeres y madres buscadoras en los momentos más devastadores de sus vidas. Ha sido reconocida con la Medalla María Rodríguez Morillo por la legislatura de Zacatecas. Y ha sido criminalizada por el mismo Estado que debería proteger a quienes ella defiende.

La encontramos en medio de todo eso. Como siempre, porque ella cuando se trata de acompañar, ella no descansa.

P — Cristela, ¿quién eres y a qué te dedicas, con tus propias palabras?

Soy Cristela Trejo. Soy defensora de derechos de la infancia, soy abogada feminista y soy docente universitaria.

P — Llevas treinta años caminando junto a quienes más te necesitan. ¿Cuál es el momento o la historia que encendió en ti esa vocación?

Tiene que ver con mi crianza. Mi padre era totalmente marxista, mi madre era una mujer de fe. Una combinación rara, pero siempre haciendo incidencia social en las escuelas donde daban clase. Trabajaban en la sierra queretana y les incomodaba que el proyecto de vida de las mujeres fuese el matrimonio: decían que había algo más, que tenían que estudiar. Fundaron la primera escuela para trabajadores en Querétaro a finales de los sesenta.

Mi madre fue también la primera maestra que implementó el sistema de educación en el Cereso, desde los años setenta. Y yo era una niña que andaba ahí junto con ella. A veces parece un poco irresponsable, pero así fue. Cuando vine a Zacatecas empecé a trabajar con poblaciones en situación de calle, con niñas y niños, acompañando a mujeres que vivían muchísima violencia. Tenía diecinueve años. Venía de Filosofía, todavía no ingresaba a Derecho. Y desde ahí no lo he dejado de hacer.

Hay casos que me han partido muchísimo, que en algún momento me generaron demasiada angustia como para querer parar. Pero no. Respiro y sigo.

"Respiro y sigo. Siempre."

P — La Medalla María Rodríguez Morillo reconoce tu trayectoria ante toda la legislatura. ¿Qué significa ese reconocimiento en un contexto donde el activismo muchas veces se ejerce desde la invisibilidad, y donde además te han criminalizado?

Los reconocimientos para quienes hacemos defensa de derechos humanos pueden parecer triviales, incluso frívolos. Pero en este momento, donde se nos está criminalizando por acompañar a víctimas, sí representa algo. Para mí fue algo bueno en el sentido de visibilizar la lucha de las mujeres que acompañamos a otras poblaciones.

Y porque eso es lo que hacía María Rodríguez Morillo: era docente, y fue torturada y asesinada por eso, por la ignorancia de un grupo de personas. Queremos poner su memoria en la mesa, porque no hay una disculpa pública de la Iglesia por los crímenes cometidos en su nombre, y en el imaginario zacatecano colectivo no está su figura como debería estar.

Hay que poner en la mesa a las mujeres que están resistiendo al sistema de justicia patriarcal, a las madres buscadoras, a quienes están siendo criminalizadas y revictimizadas. Nos están invisibilizando, y cuando alzas más la voz, se te criminaliza. En Zacatecas ya les ha costado la vida a dos madres buscadoras y a una defensora del territorio. La oposición de la bancada de Morena al reconocimiento hizo que no pasara tan desapercibido. Sin querer lo hicieron más visible.

"La memoria histórica va más allá de los gobiernos. Eso es lo que no han entendido."

P — Acompañar a víctimas de violencia implica cargar con historias devastadoras. ¿Cómo cuidas tu propia salud emocional mientras sostienes el dolor ajene?

Tengo que reconocer que soy privilegiada: tengo una red de apoyo muy fuerte, no solamente local, también nacional, y puedo pagar un acompañamiento terapéutico. Eso me permite vivir con todos esos dolores compartidos, con esas tristezas, enojos y furias, y reconocer que mi acompañamiento es muy mínimo para lo que requieren las familias.

Pero por eso es el litigio feminista: porque no solamente acompañamos a las víctimas, sino que trabajamos para cambiar la estructura. Y lo estamos logrando. Nuestro avance más significativo en estos últimos meses ha sido la despenalización del aborto en Zacatecas. En una sociedad tan tradicional, ocurrió algo difícil de creer. Se logró. Falta mucho todavía para que sea un derecho sin culpa, un derecho a la salud de manera digna y segura. Pero estamos trabajando.

"Lo personal es político. Y hay que ser responsables con ello."

P — Las madres buscadoras representan una de las luchas más desgarradoras de este país. ¿Qué has aprendido de su valentía?

Son mi referente inmediato más fuerte sobre la dignidad y la resistencia. Son mujeres precarizadas que están haciendo lo que nunca se había visto en este país: construyendo legislación, logrando cambios estructurales en la Constitución, aprendiendo medicina forense, técnicas de búsqueda, cómo revisar un expediente, cómo coadyuvar con el Ministerio Público, promoviendo amparos. Es una maravilla lo que están haciendo.

Y al mismo tiempo están resistiendo al olvido, haciendo memoria, ejerciendo lo que los zapatistas llaman “la digna rabia”. Aprendieron todo eso a través del dolor y la desgracia. Para mí son un símbolo de este país: están haciendo lo que las instituciones no hacen.

Lo mínimo que puede hacer la sociedad zacatecana es cambiar las narrativas de criminalización hacia las víctimas. Lo mínimo. Porque todo el mundo conoce a alguien que está desaparecide. No es algo lejano. Está a la vuelta de la esquina.

"Son mujeres precarizadas haciendo lo que las instituciones no hacen: encontrar a sus seres queridos."

P — Has sido víctima de represión del Estado por defender a las madres buscadoras. ¿Cómo se sostiene la convicción cuando el sistema que debería protegerte se convierte en tu agresor?

No estamos buscando intereses económicos, y por eso no estamos en una situación de altísimo riesgo. Estamos exigiendo que se cumpla lo que ya está en la ley, nada más. Estamos visibilizando algo que quieren mantener oculto. Y eso incomoda. Lo vemos en los tres niveles de gobierno: cómo desacreditan los censos de personas desaparecidas, cómo minimizan las cifras.

Pero no estamos exentas. Las dos buscadoras asesinadas en Zacatecas eran buscadoras de sus hijas, que probablemente estuvieron en redes de trata con fines de explotación sexual. Ahí está el interés económico. Entonces hay que verlo con otro enfoque: no estamos exentas, aunque en este momento no generemos la incomodidad que genera tocar esos intereses económicos directamente. Por eso también es importante el autocuidado colectivo: saber cuándo replegarse un poco. No tenemos escudo protector.

P — ¿Cuáles son los cambios estructurales más urgentes que México necesita para garantizar justicia real a las víctimas?

Un sistema de justicia eficiente y eficaz. Y tenemos retrocesos importantes con la reforma de elección del Poder Judicial. Creo que esto nos va a tener en pausa un buen tiempo. La autonomía de la Fiscalía tampoco tuvo los resultados que esperábamos: sigue siendo imposible, sigue siendo la misma dinámica de complicidad de décadas.

Acceder a la justicia en este país sigue siendo un privilegio. Quien tiene recursos económicos, conocimiento, redes, capital simbólico, puede acceder. Quien no, no. Claro que el sistema judicial tenía muchas áreas de oportunidad, claro que eran urgentes los cambios, pero esta no fue la vía. Fue la menos acertada y fue la que se implementó. Esperemos que los retrocesos sean momentáneos.

"Acceder a la justicia en este país sigue siendo un privilegio. Eso tiene que cambiar."

P — ¿Qué mensaje le darías a las mujeres jóvenes que quieren transformar su entorno, pero sienten que su voz es demasiado pequeña para ser escuchada?

Que no hay voz pequeña. Todas las voces son poderosas. El simple hecho de poner un límite ante una violencia normalizada, como puede ser la doméstica o la del noviazgo, con eso ya están logrando mucho. Son referentes para otras generaciones, para las hermanitas más pequeñas, para las vecinitas. Que se lo crean.

Lo personal es político, y hay que ser responsables con ello. Tratar de ser congruentes, aunque nos vayamos a equivocar porque somos personas. No sentirnos derrotadas ante la frustración del sistema. Todos los días podemos trabajar, todos los días podemos ser referentes. No hay voz pequeña.