Tejer es resistir, caminar es sanar

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Fotografía: Malely Linares

 

Por: Pilar Pino 

Claudia Waxama López no vino a esta entrevista a representar a todo un pueblo ni a ser la imagen de ninguna causa ajena. Vino a contar su historia, con la misma dignidad con la que teje, con la que marcha, con la que acompaña a otras mujeres a recordar que tienen voz. Eso, en sí mismo, ya es una forma de transformar el mundo.

Claudia Waxama López viene del estado de Jalisco y lleva seis años viviendo en Zacatecas. Pero más que geografía, su historia es la de una mujer que decidió no quedarse callada. Activista wixárika, promotora de rituales ancestrales femeninos y tejedora de comunidad —en el sentido más literal y más profundo de la palabra—, Claudia forma parte de la Colectiva de las Haramas y trabaja cada día para que otras mujeres de su pueblo sepan que no están solas. Asimismo, Claudia dirige el Círculo de la palabra, espacio exclusivo mujeres wixarikas, donde comparten saberes ancestrales, conviven, son escuchada y se apoyan entre ellas.

La encontramos horas después de la marcha del 8M. Todavía algo cansada, pero con la voz firme y la mirada clara. Esta es su historia.

P — Claudia, ¿puedes presentarte con tus propias palabras, desde donde tú quieras empezar?

Soy del estado de Jalisco y tengo como seis años viviendo aquí en Zacatecas. Soy wixárika y trabajo con mujeres de mi comunidad para que conozcamos nuestros derechos, recuperemos nuestros espacios y no nos quedemos solas cuando algo nos pasa.

"Es bonito cuando las mujeres nos apoyamos."

P — ¿Cómo te uniste a la Colectiva de las Haramas y qué fue lo que te impulsó a trabajar por los derechos de las mujeres de tu comunidad?

Fue un proceso que se fue dando poco a poco. Yo misma viví situaciones difíciles y entendí que no podía quedarme con eso sola. Al unirme a la Colectiva encontré que había más mujeres que necesitaban escucharse, acompañarse. Desde ahí empezamos a construir espacios donde las mujeres wixáricas pudieran hablar, recuperar rituales que nos pertenecen, recordar que tenemos voz.

P — En ese camino de promover derechos, ¿te has enfrentado a situaciones de violencia, de estigmatización, de resistencia por parte de esposos, autoridades o incluso de tu propia comunidad?

Sí. Ha sido difícil. Hay esposos que no quieren que sus mujeres participen, hay autoridades que no te toman en cuenta, que no te escuchan. A veces uno mismo duda, uno mismo se cansa. Pero también sé que es parte del camino, y eso me ha hecho más fuerte.

"Si me la quitan, no sé qué haría. Esa fuerza es lo que me sostiene."

P — ¿Tuviste apoyo en los momentos más difíciles, o los atravesaste sola?

Hubo momentos muy solos. Pero también fui encontrando personas, mujeres sobre todo, que me fueron sosteniendo. Mi familia también, aunque no siempre ha sido fácil. Es algo difícil todavía, pero cuando las mujeres nos juntamos, cuando nos apoyamos, eso cambia todo.

P — ¿Cómo combinas los rituales femeninos ancestrales que has recuperado con el apoyo a mujeres que están viviendo situaciones de violencia o vulnerabilidad?

Para mí siempre han ido juntos. Los rituales no son algo del pasado que uno saca como adorno: son formas de recordar quiénes somos, de sanar, de conectar con las demás. Cuando una mujer está en un momento muy duro, a veces no necesita que le hablen con términos técnicos sino que la sienten, que la acompañen. Tejer juntas, hacer los rituales, es eso: sentarnos, estar presentes, recordar que somos parte de algo más grande.

"Tejer no es solo hilo. Es recordar quiénes somos y que no estamos solas."

P — ¿Cómo vives el hecho de que muchas veces la lucha wixárika se invisibiliza, que las autoridades no escuchan, que se ignora lo que ustedes enfrentan?

Es algo muy doloroso. Uno va, uno denuncia, uno pide y muchas veces no pasa nada. Pero también creo que lo que hacemos vale aunque no siempre sea visible. Cuando apoyo a otra mujer para que no se rinda, eso ya es un cambio. No siempre lo vemos de inmediato, pero está ahí.

P — ¿Has visto cambios concretos en los lugares donde trabajas? ¿Algo que te diga que sí está pasando algo?

Sí. Por ejemplo, en las marchas. Antes yo no había visto mujeres wixáricas marchando, hablando en público. Ahora ya las veo, no solo aquí en Zacatecas, sino también en Jalisco. Ya se ve que algo está cambiando. Que las mujeres ya marchan, ya no solamente se quedan calladas. Para mí eso es muy grande.

"Ya veo a más mujeres wixáricas marchando. Eso, para mí, es muy grande."

P — ¿Qué mensaje le das a las mujeres de tu comunidad que sufren en silencio, y también a quienes quieren sumarse a apoyar a otras?

Les diría que no están solas, aunque a veces se sientan así. Que hay otras que ya pasaron por eso y siguen de pie. Que busquen a otras mujeres, que se junten, que no carguen todo solas. Y a las que quieren apoyar, que primero escuchen, que no lleguen a decirte qué hacer, sino a caminar junto a ti.

 

Nota editorial: Esta entrevista se publica con profundo respeto hacia el pueblo wixárika y su cosmovisión. No buscamos exotizar ni romantizar su cultura, sino escuchar una voz que merece ser oída en sus propios términos.