La Piñata

La piñata

Una lectura de “El árbol” de María Luisa Bombal

Por: Paula Olivia Ruiz Gámez

Siempre me he preguntado por qué en las fiestas de cumpleaños te ponen una venda en los ojos para romper la piñata. Es como si trataran de impedir que llegues a la meta, y peor aún, te cantan una canción para que sepas que tu turno está por acabar… ¿Para qué al final todo tu esfuerzo haya sido en vano y no te tocara ningún dulce? Si vemos el lado positivo, teníamos una vara de madera que nos guiaba, es decir, nos daba esperanzas de que en algún momento la romperíamos. Bueno, ¿nosotros qué íbamos a saber? Éramos demasiado ingenuos para entender esa injusticia.

Así se sintió Brígida cuando abrió los ojos al final de la historia en el cuento “El árbol” de María Luisa Bombal, en el que se relata como una niña crece en la ignorancia y en las burlas. Ella era la menor de 6 niñas, así que su papá no hizo el mínimo esfuerzo de educarla. A sus 18 años, se casó con Luis: un señor grande, con pelo que parecía “calle nevada” y con un porte respetable. Sin olvidar que era amigo de su señor padre. Su matrimonio no era del todo bueno; a él le daba pena tener una esposa desconocedora del mundo, provocando que el personaje principal se quedara todo el día en la casa, por lo que su aburrimiento sería excesivo si no fuera por un árbol. ¿Cómo? Sí, así es, un gomero, para ser más específicos. Esta planta le ayudaba a tener el equilibrio perfecto de sol y sombra en su habitación. Cuando el aire soplaba, las ramas golpeaban a la ventana de Brígida y creaban un sonido nada desagradable para ella.

Un ella día despertó y se dio cuenta de que su compañero verde ya no estaba: “Las raíces levantaban las baldosas de la acera y entonces, naturalmente, la comisión de vecinos...”. Gracias a ese suceso, la luz entró directamente a su cuarto, lo que hizo que viera, por fin, lo viejo que era su marido. También desató múltiples pensamientos de cómo el tiempo había pasado tan rápido y ni un hijo tenía en brazos; siendo esta la razón del porqué dejó a su esposo y se quitó el vendaje de una vez por todas.

Ahora se preguntarán: ¿Qué tiene que ver el ejemplo de la piñata con el relato? Veámoslo así: Brígida es la niña que está a punto de darle a la piñata. Su padre y la sociedad le tapan los ojos, haciéndole creer que es tonta e incrédula para poder atinarle, así que lo único que la mantiene firme es la vara de madera, es decir, el árbol, que le ayuda un poco a tener esperanzas de que en algún momento terminará con la rutina. Al final, la canción termina, se quita el vendaje y se da cuenta de que todo su tiempo fue desaprovechado, ya que no agarró ningún dulce. En pocas palabras, todo ese tiempo batalló para que Luis le hiciera caso y no consiguió éxito. ¿Lo pueden ver ahora?

El otro día escuché a un amigo decir: “Nos amarramos muy jóvenes”. “¿Amarrar?”, pensé. ¿Ahora vemos así el amor y el tener pareja? Desde mi punto de vista, así es. Pero no cuenten tanto con mi opinión, ya que hasta apenas unos meses, experimenté mi primer corazón roto y es muy probable que estas palabras estén llenas de tristeza y resentimiento, pero realmente así lo veo.

Cuando yo estaba en Secundaria, se hizo un viaje de graduación a Puerto Vallarta. Para ese entonces, yo tenía “pareja de manita sudada” y en todo el trayecto estuve con él. Aún hoy, cuando hacemos reuniones con mis amigos de esa etapa, hablan de aventuras y anécdotas que vivieron esa vez en la playa… y yo, ¿dónde estaba? Amarrada con mi noviecito de ese entonces. ¡Mierda!, me da coraje saber que estuve como en el cuento “Cita a las nueve” del autor Juan Ferreira, que trata de una muchacha que se “amarró” desde muy joven al querer amar y obtener la atención de Daniel, para que al final, él terminara amando a su hermana, injusto, ¿no lo creen? Todo su tiempo y dedicación fueron tirados a un abismo. Malgastó toda su juventud en querer romper una sola piñata, cuando había más cosas en la fiesta por hacer. Así me sentí yo, preferí perder muchos momentos de la secundaria por querer encontrar el amor desde muy pequeña. ¿Valió la pena? Definitivamente no.

Desde muy chicos nos pintan la idea de que el amor es hermoso y que por esa persona, tan especial, somos capaces hasta de hundirnos en un barco, con el agua helada… Sí, así es, estoy pensando en el Titanic y yo sé que todos conocemos la historia de la película. Sabemos que Rose tuvo la oportunidad de salvarse, yéndose en un barco junto con las otras mujeres de la embarcación, pero no quiso y decidió quedarse. Si Jack no hubiera muerto, ¿qué nos asegura que su amor iba a durar para siempre? ¡Qué tal que Jack terminaba dejándola y, acá, nuestra chica pelirroja arriesgando su vida por él! Y es a lo que voy: cómo es que damos la vida y nuestro tiempo a algunas personas que, al final del día, no sabemos si nos pondrán el pie para tirarnos. ¿Cómo estamos seguros de que esa persona, al último, no nos quitará todos nuestros

dulces? O peor aún, ponernos varías vendas para que nunca podamos encontrar la piñata.

Son varios tipos de suposiciones y es difícil de explicar, pero quien sabe interpretarlo a la perfección es Baldomero Lillo, en su cuento “Compuerta número 12”, que relata cómo un niño de ocho años es obligado por su padre a trabajar en las minas, aun cuando él no quiere. En esta historia nos demuestran cómo un pequeño, aún sin saber que le espera y con miedo, estuvo dispuesto a cruzar por esa compuerta. Es de admirar que a su edad, con poner orgulloso a su padre y hacer su deber, se trague todos sus “peros” y dé ese paso a lo desconocido.

Me pregunto yo: ¿Habrá pasado lo mismo Brígida? Al ser presionada por su padre, no tuvo más remedio que cruzar la compuerta: “Adiós a la juventud” y casarse con un señor mucho mayor que ella. Al pasar el tiempo, no tuvo de otra que aceptarlo y obligarse a quererlo. Es algo que me da mucha rabia o bueno, algo que me pasó, pues al final de mi relación, yo solo quería ser libre, pero me obligaba a quererlo… Prácticamente, yo había tomado la compuerta: “Debes estar con él, para no sentirte sola”. Al principio es fácil, pero si mantienes ese ritmo por un tiempo, llega a ser agobiante, cansado y terminas por cerrar ese acceso con llave, hasta nuevo aviso. Es por eso que yo sigo siendo fiel creyente de que ahora, más que nunca, deberíamos disfrutar, sin estar amarrados a ningún tipo de lugar o persona.

Aferrarse a un amor que ya no es sano, es como juntar las piezas de un plato roto. Podrás hallar algunas partes, pero han sido tantas las veces que se ha quebrado, que no vuelve a ser el mismo. No terminemos siendo como los personajes de Rubén Darío en el cuento “El rubí”, que trata sobre un gnomo que tenía encarcelada a una mujer, de la que él se había enamorado completamente, pero la mujer nunca lo quiso, prefiriendo tratar de escapar y morir, por lo que su sangre creó un rubí. De manera literal es difícil de ver, pero si lo observamos como una situación en la que tuviste todas las señales del universo y hasta los consejos de tus amigos se desbordaban por tus oídos de tanto que te advertían, y aun así seguías aferrada a aquel amor que solo generaba sufrimiento… bueno, déjame decirte que te puedes considerar parte del cuento de Darío. La situación empeora cuando piensas que por fin saliste de esa realidad tóxica pero te das cuenta que tu ex pareja está feliz y hasta consigue tener otra persona más rápido que en un parpadeo. Sientes frustración porque esa persona fue la que te hizo sufrir, es quien te lastimó y, aún así, termina ganando; justo como el gnomo hizo con la muerte de su “amada”: La privó de su libertad, la obligó a estar con él. Ella muere y él termina haciendo un rubí con la sangre de esa mujer.

¿Para qué les cuento todo esto? Porque ahora que pasó tiempo y puedo contarlo sin derramar lágrimas, sé que salí de una relación tóxica en la que me sentía culpable de todo, y si tengo la oportunidad de ayudar a más jóvenes como yo a abrir los ojos y salir de ahí, lo haré.

Brígida, el personaje de Bombal, ocupó la ayuda del árbol para darse cuenta de que debía irse de ahí. Yo necesité quedarme hasta que la gota derramó el vaso. Ella y yo, para ser felices, tuvimos que enamorarnos de un Daniel para pretender que teníamos una cita a las nueve. Dispusimos pasar por varios lugares para saber cuál era nuestra compuerta número 12 y así darnos cuenta que no merecemos morir desangradas para que de nuestro sufrimiento hagan un rubí.

Si en algún momento te toca darle a la piñata, no temas. Tú sabes muy bien que habrá personas que te taparán los ojos, te pondrán una canción con cuenta regresiva y muy probablemente te quitarán toda la recompensa, a pesar de tu esfuerzo. Es aterrador, lo sé, pero es parte del vivir. Mi único consejo es: Aférrate a tu árbol de gomero, a tú vara; sabiendo que algún día te ayudará a salir. Como Víctor Cáceres dice en “Paludismo”: “La vida sigue, porque tiene que seguir”.

 

  • Olivia Ruiz Gámez ( Fresnillo Zacatecas, 2004) es estudiante en la carrera Ciencias y técnicas de la comunicación por la Universidad Autónoma de Durango. Cuenta con un promedio de 96 y es becaria con el 50%. Participó en la Semana Cultural de Zacatecas y el Festival del Folclor (2023) como maestra de ceremonias. Realizó publicidad a la empresa Coronel Gym ( 2022) y a la campaña fuerza x México (2021). Actualmente cuenta con un programa de Radio en la cadena 95.5 Zacatecas.