
Imagen: Alexia Joana Ovando Márquez
Por:Alexia Joana Ovando Márquez
Recientemente se aprobó una reforma al Artículo III de la Ley de Educación de la Ciudad de México mediante la incorporación de la fracción XIII Bis, que reconoce el derecho de las alumnas a justificar inasistencias a clases cuando estas se deban a dolores menstruales severos. Esta licencia se aplicará en la educación básica y media superior. A primera vista, este se presume como un "avance significativo". Sin embargo, la verdadera reflexión es: ¿hacia dónde nos conduce este progreso y qué efectos estructurales generará esta reforma?
Seguramente, te preguntarás a dónde apunta este análisis. Es innegable que existe un gran número de personas menstruantes que experimentan sufrimiento durante la fase menstrual o premenstrual; de hecho, me atrevería a afirmar que somos la mayoría quienes padecemos estos síntomas. El problema de fondo con la licencia menstrual es que naturaliza el dolor, lo ancla a la biología del ciclo y, en lugar de combatirlo como un indicador de que hay algo anómalo en el cuerpo o los hábitos de vida, opta por pausarlo —frecuentemente mediante fármacos— sin atacar la causa del dolor. Quizás esto parezca un sinsentido, pues hemos normalizado a lo largo de nuestra vida las quejas generalizadas por los cólicos además de la publicidad y su bombardeo de productos diseñados para hacer la menstruación "menos incapacitante". No obstante, esta dinámica no es gratuita sino corresponde a la lógica de un régimen neoliberal y colonial que se ha gestado desde mucho antes del siglo pasado: un sistema que, en la búsqueda de mantener la funcionalidad, la productividad y la reproducción (a través del género), privilegia la gestión superficial del síntoma sobre la garantía de una salud integral y un bienestar estructural.
¿Por qué digo esto? El ciclo menstrual, más allá de ser un proceso que prepara el cuerpo para un embarazo, es un indicador y regulador corporal sujeto a una interpretación biopolítica. Las nociones que poseemos sobre el ciclo menstrual son construidas con cada régimen político que configuro el ciclo menstrual en una técnica de gestión biopolítca que se materializó mediante dos procesos de industrialización de la sexualidad: El primer proceso concibió el ciclo menstrual con valor exclusivo de mecanismo reproductor. La sangre menstrual era vista como un fracaso de la reproducción, un desecho de un útero que no había sido utilizado para gestar, y el dolor se normalizó como la consecuencia de una función no cumplida o el residuo de una producción fallida; Y el segundo proceso modificó el estatuto del ciclo menstrual en función de las lógicas neoliberales y la escisión entre sexualidad y reproducción. Así, el ciclo menstrual se empieza a modificar y optimizar a través del consumo y la mercantilización, convirtiéndose en un problema que debe ser resuelto. El dolor se trata con fármacos como Syncol, y el sangrado con toallas absorbentes y discretas. El cuerpo que menstrúa se transforma en un mercado que medicaliza el ciclo y lo vuelve objeto de consumo. A partir de este segundo proceso, la finalidad biopolítica del ciclo ya no es la reproducción, sino la gestión del cuerpo para ajustarlo a las demandas de productividad, feminidad y consumo. La licencia menstrual, vista bajo esta óptica, solo reconfirma esa finalidad, gestionando el tiempo de inoperatividad sin desafiar la estructura de dolor que subyace al sistema.
Hace unas semanas Claudia Sheinbaum dijo que el modelo económico neoliberal había acabado y fue sustituido por el “Humanismo Mexicano”. Sin embargo, la aplicación de esta política menstrual en la Ciudad de México demuestra que los aparatos de gestión estatal continúan operando bajo una lógica profundamente neoliberal. Si el Humanismo Mexicano se centrara en el bienestar estructural y la salud integral, la política se enfocaría en desmantelar la raíz del dolor mediante el diagnóstico gratuito y la modificación de hábitos. Bajo esta óptica, la licencia menstrual no es una política humanista de bienestar máximo, sino una estrategia neoliberal y de género. En lugar de ser la prueba de que se ha superado el régimen pasado, esta reforma evidencia que la gestión superficial (propia del segundo proceso de industrialización de la sexualidad) permanece intacta en las estructuras de gobierno, demostrando que el cambio ideológico no ha permeado la práctica biopolítica del Estado. Como alternativa a la licencia menstrual, gestión superficial que naturaliza el dolor, se tiene que proponer un cambio de paradigma que pase de la gestión biopolítica del cuerpo productivo y consumidor a la atención y conocimiento del ciclo menstrual como un indicador y regulador del cuerpo: debe haber una atención a la raíz del dolor comprendiendo que este es una desregulación que debe ser atendida y no naturalizada; se debe garantizar el acceso gratuito a servicios de salud para el diagnóstico de enfermedades subyacentes como la endometriosis, los miomas o los propios hábitos de vida, condiciones que causan dolor incapacitante y que el modelo neoliberal medicaliza superficialmente; se debe promover una visión en la medicina institucional (distinta a la biomedicina criticada ) donde el ciclo menstrual sea visto como un regulador/indicador de la salud ósea, cardiovascular y cerebral, y no solo como un "sistema de producción fallido"; Por último, se debe garantizar el tiempo de descanso como un derecho a la salud y la recuperación corporal, y no como una simple pausa técnica para que la máquina productiva (el estudiante o trabajador) regrese al trabajo lo antes posible. Por otro lado, Las políticas deben enfocarse en el bienestar de "personas menstruantes" no solo en la categoría binaria de "mujer/feminidad", ya que eso refuerza la imposición de un sistema binario de género.
- Alexia Joana Ovando Márquez, es una joven escritora mexicana de 23 años, su trabajo es multidisciplinario. Tiene un blog feminista: https://feministaqueexplota.blogspot.com/ Cuenta con cursos en Autoetnografía feminista, Escritura creativa, Escritura de novelas, Narrativa y cuentos. Además ha sido asistente de investigación y colaboradora en la elaboración de la página web de Sociología Urbana en la UAM-Acapotzalco y becaria en la Escuela Nacional de Antropología e Historia. Creación de la página web de etnología, creadora de contenido, administración de redes sociales.