Erradicación o administración de la pobreza/desigualdad. El eterno “dilema” de los gobiernos

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Imagen: Tomada de la Web

 

Por: Roberto Soto Esquivel

Los gobiernos de los países manejan diversos objetivos, en donde muchas veces se concentran en alcanzar resultados macroeconómicos como son el tener un nivel de producción de bienes y servicios (ByS) estable y sostenido en el tiempo, bajos niveles inflacionarios (es decir, procurar que los precios de los ByS no se incremente de manera acelerada o incontrolable, porque puede ocasionar pérdida del poder adquisitivo (el ingreso de las personas alcance cada vez menos) o mantener estable el tipo de cambio (peso con respecto al dólar) o la tasa de interés (referente para el otorgamiento de un crédito o inversión en algún activo financiero).

    Sin embargo, el asumir esta postura economicista lineal y simplista, puede dejar de lado elementos como son las condiciones de vida de la población. Si bien, los factores macroeconómicos afectan su condición, pueden aplicarse políticas que aminoren los efectos, pero dependerá de la postura teórica/ideológica/política que asuman.

     Algunos gobiernos priorizan, a) las condiciones sociales, b) el bienestar, c) equidad por encima del crecimiento económico, medida a partir de la variable denominada producto interno bruto (PIB), entre otras. Quienes asumen esta postura son aquellos que utilizan las políticas públicas para incentivar la educación, salud, vivienda, cultura, entre otras, que tienen impacto directo en el bienestar amplio de las personas, de manera gratuita y universal. El Estado es fundamental, porque maneja políticas distributivas de la riqueza de tal forma que erradicar la pobreza y la desigualdad son el objetivo prioritario.

    Quienes asumen la posición contraria, en donde el mercado regula todo, donde se considera que primero es el crecimiento económico y después el bienestar; sostienen una posición mercantilista, de la mano invisible que distribuye la riqueza. Este pensamiento no enfrenta la pobreza y la desigualdad, sino los administra, porque considera que son un elemento importante para que su “sistema económico” funcione, por ejemplo, los trabajadores que tienen salarios muy bajos, se mantiene en su puesto (no protestan, se resignan) porque los empleadores los “amenazan” diciendo que si no les parece, habrá un enorme ejercito industrial de reserva que “felizmente” los quieran sustituir en el trabajo, en sí, es un modelo perverso, financiarizado que procura el beneficio de la elite capitalista y considera a la pobreza y la desigualdad como un negocio.

    Por tanto, se debe obligar a los gobiernos a dar solución a una de las violencias que prevalecen en los países, en particular en las naciones del sur global, la pobreza y desigualdad; y no ser sólo sus administradores en beneficio de la minoría.

 

  • Roberto Soto Esquivel es Doctor en Economía egresado del Posgrado de Economía de la Universidad Nacional Autónoma de México. Actualmente es Profesor-Investigador de la Unidad Académica en Estudios del Desarrollo de la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ). Realizó una Estancia Posdoctoral en el Centro de Estudios de Administración de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Miembro de la Red Iberoamericana de Estudios del Desarrollo (RIED) y del Sistema Nacional de Investigadores. Su línea de investigación general es la economía financiera; y líneas particulares como: microfinanzas y análisis del sector financiero internacional.