
Por: Jorge de la Torre
La mayoría de los países en procesos de desafección o desencanto democrático, están teniendo un giro, o retroceso, hacia nuevas formas de autoritarismo. El fenómeno como tal, se puede estudiar desde este mismo concepto; o bien, desde el concepto de la autocracia. El autoritarismo y la autocracia en este sentido representan las antípodas de la democracia. Fue Samuel Huntington, politólogo estadounidense, quien habló de las distintas olas y las contraolas democráticas, para señalar que en términos históricos hay diferentes momentos del proceso democrático. En una fase expansiva la democracia avanza cual ola que se derrama por la playa en una cálida tarde veraniega. En una fase de contracción, la democracia se retrotrae, dejando varadas las barcas que se encontraban en las orillas. Así, pues, en términos histórico políticos, nos encontramos en procesos, podríamos decir, dialécticos, en los que, si se asoma la democracia, las formas autoritarias y autocráticas se detienen; y, viceversa, si se asoman al foro de la historia, el autoritarismo y los gobiernos autocráticos, la democracia huye del escenario, hasta que una nueva ola democratizadora se asoma en el horizonte.
Esta concepción de lo político es interesante porque nos dice que en política nada está completamente hecho, o terminado; sino que en cualquier momento se puede perder lo ganado; o bien, ganar lo que se consideraba perdido. También es interesante, no sólo porque nos señala la complejidad psicológica y social de las masas, en torno al poder, tema de estudio por ejemplo de Sigmund Freud, en su obra: “Psicología de las masas”, que junto con “Tótem y Tabú”, sostiene la tesis, de que el bienestar del colectivo está relacionado con la figura carismática de un líder.
Por otro lado, el tema también es interesante porque revela la complejidad histórica, en torno a distintas etapas, o bloques históricos, en donde de forma global, toda la sociedad, se define en torno a un mismo patrón histórico. Ello significa que, se pueden dar procesos de continuidad; o bien, de discontinuidad o ruptura. Este mismo tema, pero abordado de forma distinta, lo desarrolla Antonio Gramsci, con su concepto del bloque histórico, inspirado en Marx, para quien el motor de la historia era la lucha política, es decir, la lucha entre facciones distintas por hacerse del poder. Principalmente, Marx, concebía el fenómeno del poder, como un fenómeno histórico; es decir, son las circunstancias histórico políticas, y el tipo de lucha que se ejerza, las que definen el tipo de sociedad que tendremos.
Conocer si la democracia está en un proceso histórico de expansión o de retroceso, es importante, porque se puede decir que en la medida en que aumenta la calidad de la democracia, los más beneficiados somos los ciudadanos, porque existen instrumentos que apoyan y se preocupan por el bienestar de la ciudadanía. Pero, sobre todo, se vive una expansión de los distintos derechos, como el derecho al empleo, a un salario justo, y al retiro digno entre otros temas; el derecho a la educación de toda la población para permitir el desarrollo de las capacidades y habilidades personales de los ciudadanos; el derecho a la salud, que permite que vivamos más y mejor; entre otros derechos que surgen con la expansión del proceso democrático. En cambio, cuando desciende la calidad de la democracia, estamos en un bloque histórico contrademocrático, en donde reaparecen las formas autocráticas y autoritarias. En este momento histórico, los más perjudicados somos los ciudadanos, en tanto vemos cuartados y disminuidos nuestros derechos y libertades. Además, cuando se habla del avance de líderes autoritarios, que toman el timón de la historia y del destino de toda una nación, ello significa el declive de una vieja casta, clase o élite gobernante representada por los partidos políticos, que en tanto entidades histórico políticas, están también sujetas al proceso del cambio social. Así pues, pueden surgir nuevos movimientos políticos, en tanto emblemas del nuevo proceso histórico; o bien, pueden desaparecer, al volverse un apéndice desgastado del poder autocrático, con cada vez menor capacidad para aglutinar o unificar un proyecto político de sociedad desde la institucionalidad partidista, y desde los órganos distintos de poder, principalmente, el poder legislativo y poder judicial.
En lo que se refiere a la ciudadanía, evidentemente, es en los gobiernos autocráticos que la llamada sociedad civil se desvanece y se retrotrae, porque su participación está mucho más acotada. En todo caso se le juzga en minoría de edad, pues se le considera sujeta de tutela por parte de los líderes autoritarios quienes asumen que, sin la dirección del líder, la ciudadanía no es capaz de casi nada, y al mismo tiempo, la misma ciudadanía, se vuelve dependiente, e incapaz de la autoemancipación, buscando el refugio y protección del líder autoritario, o por lo menos su guía y soporte moral.
El desencanto o desafección de la democracia se ha estudiado al grado de que ya existen datos que señalan que tal desafección se está dando principalmente en los países anglosajones. Esto no es ninguna coincidencia porque ciertamente el modelo político de la democracia actual, conocida como democracia liberal, surge precisamente dentro de la cultura anglosajona, particularmente con John Locke, en el siglo XVII, en Inglaterra, como padre del liberalismo político. Así pues, la impronta en el mundo moderno de la política, está anclada a los postulados del liberalismo inglés, y con ello, de cierta forma a la cultura anglosajona. Con ello, podemos señalar que en general, a nivel mundial, no sólo la democracia anglosajona va a la deriva en términos de simpatía, o de filiación popular, sino también otras manifestaciones que rebasan lo político, y que pueden señalar un cambio de época.
Se pueden dar varias lecturas de la deriva autoritaria. Una de ellas es que el desencanto democrático o la desafección democrática en la población, ha generado vacíos que han sido llenados por los oportunistas mediáticos, que han sabido leer los signos de los tiempos. Esta primera lectura siguiere que en una sociedad tan mediatizada por los mass media y las redes sociales, aparezcan los llamados outsiders de la política. Personas que nunca habían tenido experiencia en la política, y que vienen de varios campos, o ámbitos, ya sea el social, el económico, o incluso el artístico y el deportivo; pero no propiamente del ámbito de lo político. Entendiendo por ámbito de lo político el ámbito concerniente a lo que se conoce como el funcionarado, es decir, un grupo de especialistas formados bajo la lógica de la burocracia estatal, no el que se da en la arena mediática.
Posiblemente el caso más relevante de la desafección democrática en estos países anglosajones es el caso de Estados Unidos con la irrupción de su presidente actual, dos veces electo. Pero el fenómeno no se queda sólo en USA. Esta deriva contrademocrática y autoritaria, tiene mayores alcances que rebasan un solo modelo como el anglosajón, ya que podemos ver manifestaciones de distinto orden en otros países.
Ya desde la antigüedad, tanto Platón como Aristóteles, señalaban que existían por lo menos tres grandes clases de gobierno dentro de las distintas ciudades estado griegas, con distintos resultados para medir el progreso o el retroceso material e intelectual de los pueblos. El gobierno de las mayorías o de los muchos, en donde estaba la democracia, o la república. El gobierno de unos cuantos, representado por la oligarquía, la aristocracia, y la timocracia, como modelo de los más ricos, los mejores, o los más virtuosos. Y el modelo de un solo hombre, el cual implicaba a la monarquía, o la tiranía.
Un dato histórico en donde se pueden ver estos distintos giros histórico políticos cargados de pugnas por el poder político, lo tenemos en la historia del pueblo más político de la civilización occidental, Roma. Ya desde su fundación hasta su declive. Roma tuvo al comienzo una monarquía, siendo su primer rey Rómulo. Posteriormente, tuvo una república, en donde la institución del senado, resultaba imprescindible. Después se disolvió la república y tuvo una manifestación parecida a la monarquía, llamada el imperio, bajo el gobierno de un solo hombre, que recibía el nombre de César, y que como emperador aglutinaba las esperanzas de toda una sociedad, pero también tenía todo el poder a su disposición para hacer lo que quisiera. Es conocida en la historia como algunos emperadores rayaban en la excentricidad y la locura. El nombre más emblemático es el de Nerón, quien mandó incendiar su propia ciudad en un arranque de locura para poder componer versos incendiarios. Los que más sufrieron de aquella excentricidad fueron los cristianos conversos, quienes terminaron siendo a su vez devorados por el fuego o por leones en el coliseo romano.
Hoy en día, ante el desvanecimiento de la democracia, y el enviste de formas autocráticas que surgen con mayor ímpetu, la lección histórica es precisamente esa, cuidémonos de los caprichos de algún inspirado que quiere llevar el arte de su forma de gobernar a los niveles en donde el fuego y los leones nos devoren.
- Jorge de la Torre es licenciado en Sociología con la terminal en Estudios Ibérico Latinoamericanos. Tiene una especialidad en Antropología y Étic, una maestría en Filosofía y Ciencias Sociales y un Doctorado en Ciencias Sociales.