Reconfiguración de la Hegemonía mundial y retos para México

transicion hegemonica globalizacionImagen: tomada de la web

 

 Por: Jorge de la Torre

Cuando hablamos del concepto de hegemonía, nos ponemos a pensar inmediatamente en Antonio Gramsci (1891-1937), teórico revolucionario de izquierda que llevó las ideas del marxismo al ámbito y la aplicación política en el contexto italiano durante los años 20´s y 30´s. En ese contexto, la hegemonía para Gramsci significaba el dominio cultural que establecía el grupo dirigente que tenía el poder político sobre el pueblo común y llano. A tal dominio, le era imprescindible que se le sumara la intervención de las élites intelectuales, es decir: filósofos, científicos, artistas, educadores, religiosos, quienes eran los guardianes y protectores del dominio cultural, y quienes, usualmente resultan afines al grupo político en el poder, llevando a cabo la tarea de lograr la aceptación del orden social impuesto. A este matrimonio de conveniencia, Gramsci, le llamó bloque histórico. Un dato importante, es que para que esta hegemonía ideológica fuera realmente eficaz, no sólo se tenía que tener el poder político y cultural, también se necesitaba tener de su lado a los que llevaban a cabo la producción de la riqueza material. Así, tanto políticos, intelectuales, y empresarios, formaban un bloque histórico que podría mantenerse funcionando por el tiempo necesario para salvaguardar los intereses de estos grupos, que básicamente consistía en mantenerse en lo alto de la pirámide social el mayor tiempo posible. Así, pues, el concepto de hegemonía tiene una aplicación política para explicar el poder real, y el poder acumulado que ostenta un Estado político, que se convierte en un Estado hegemónico, gobernado usualmente por un grupo en el poder, que se asume como clase dirigente que domina al resto de la población. Hay que decir que tal grupo en realidad es quien impone a su vez, la hegemonía, es decir, las ideas, y el conjunto de prácticas y representaciones que habrán de validar y reproducir muchas veces, sin más, y sin sentido crítico, las masas conformadas por el vulgo, o el pueblo; usualmente menos instruido e informado, con menos capital económico, y con menos capital político; es decir, sin la capacidad de tener poder o control sobre la realidad, entiéndase las personas sin pericia técnica sobre los instrumentos para la producción y control de la vida, o el control sobre el territorio material y cultural que se habita.

    Dentro de la antigüedad clásica griega, durante la reconfiguración territorial y el dominio de las llamadas ciudades estado griegas como Atenas, Esparta, Tebas, Macedonia, entre otras, las cuales luchaban entre ellas para expandirse y consolidar su poder de influencia; al igual que los imperios colindantes, como el persa, y el romano. El término hegemon, hacía referencia a un líder en batalla que tuviera la capacidad de liderar a los ejércitos. El hegemon, era, estrictamente hablando, un líder político con las suficientes credenciales para ganar batallas, es decir, tener la pericia y el dominio técnico para derrotar al enemigo, manteniendo con ello, el control y el poder del territorio. La palabra que representaba algo similar a hegemon, en tanto estratega militar, o político, con la habilidad necesaria de ganar batallas, pero destacando más por su ambición por el poder político, era el tyranides, de donde procede la palabra tirano. El tirano, es un hombre que no necesariamente dirige, sino que tiene el poder político, y no necesariamente lo usa bien, sino que puede usarlo de forma caprichosa, siguiendo sus propias ideas personales sobre cómo deben de ser las cosas. El tirano tiene poder, sí, pero no es un poder epistemológico, en el sentido de quien conoce qué es la guerra, y sabe moverse en la batalla como pez en el agua; sino que más bien, tiene un poder deontológico, es decir, gracias a una organización vertical de la sociedad. Por ello, no apela al poder en forma de conocimiento técnico, o de dominio y pericia técnica que tiene el hegemon, quien sí tiene dominio técnico, pues ha pisado el barro, ha estado en batalla y ha sangrado con los suyos; y sobre todo, ha recibido órdenes en algún momento de su vida, mientras se preparaba para el poder subiendo de soldado de menor rango hasta llegar a ser general. Es decir, sabe que para mandar hay que saber obedecer primero. El tirano, en cambio, ejerce un control y poder perverso, despótico, pues no permite o tolera la frustración, no sabe perder, pero, sobre todo, no sabe obedecer; es más bien, usualmente, movido por sus propias auto-representaciones particulares y personales; es decir, lo que él cree que está bien, es lo que debe hacer la gran mayoría.  

    Podemos ver en la actualidad, que, el orden geopolítico a nivel internacional lo podemos encuadrar en aquellos Estados que son Estados hegemónicos y que están creando sus bloques históricos. Es decir, tienen el poder material, con ello, la capacidad económica y militar para imponerse a otros, así como ostentan el dominio científico, tecnológico; con ello, la generación de nuevos conocimientos desde centros de poder, como las universidades, los institutos y centros de investigación, así como las alianzas territoriales y políticas con otros Estados más pequeños que los siguen. Así, podemos decir que el escenario geopolítico lo podemos dividir cuando menos en lo inmediato, en tres grandes bloques políticos e históricos. El primero, es el dominio hegemónico euroamericano con USA a la cabeza, y detrás de él, la Unión Europea con su larga tradición cultural, política y económica. El segundo, es el dominio hegemónico asiático actualmente lidereado por China, sobre la región de Asia, y su expansión cada vez mayor en otros continentes, o regiones, como América Latina. Por último, está Rusia, que representa a la antigua URSS, que perdió su hegemonía que mantuvo durante todo el siglo XX hasta finales del siglo, cuando se decidió desmantelar el régimen soviético, ante lo que se llamó el socialismo real, que se vino abajo como producto histórico que buscaba que el Estado tuviera el dominio de los medios de producción, la conducción intelectual y científica de la sociedad, así como una élite política que viera por los intereses del Estado. Sin embargo, como un fénix que resurge de las cenizas, el socialismo soviético, y cada vez el socialismo chino, le plantean ahora, al capitalismo occidental euroamericano, la batalla ideológica, militar, económica y política entre Estados por la hegemonía internacional. El resto de países, dentro de ese gran tablero internacional, buscan allegarse a un u otro Estado, o bloque político hegemónico. El bloque hegemónico, en este sentido no es estrictamente temporal, sino que los bloques son también espaciales y territoriales, pues la hegemonía es también sobre el espacio y el territorio, y posteriormente, ello arraigará en el dominio temporal. Más allá de esto. La gran diferencia entre la fortuna o la desfortuna; es decir, entre una buena dirección hegemónica, o una tiránica, puede estar en dos coordenadas que se pueden precisar muy bien. Una es el tipo de líder, o dirigente político que esté al frente de un Estado. Es decir, si es un auténtico hegemon, o un tyranides. Un dirigente hegemónico o tiránico. La otra coordenada igualmente relevante, es el proceso histórico de cada pueblo, de cada Estado; y con ello, el conjunto de fuerzas históricas, y de grupos de poder, y de influencia, que conforman el entramado político, económico y cultural de los Estados, en lo que se conoce como el bloque histórico hegemónico.  

    En el caso de México, es relevante que situemos y distingamos, así pues, a los hegemones y a los tytranides para darnos cuenta del tipo de bloques históricos que hemos tenido. Así mismo, es necesario que veamos el entramado histórico político, es decir, el conjunto de fuerzas que han intervenido a favor, o en contra del desarrollo del país dentro de sus distintos bloques históricos. Quiero poner como ejemplo un dato. Durante el siglo XIX entre los años 70’s y 90´s; con la primera industrialización del país de la mano del proceso de electrificación y ampliación de la red ferroviaria se logró tener un PIB (Producto Interno Bruto) muy similar el de USA. Lamentablemente, durante el régimen porfirista, tal nivel de riqueza se concentró en pocas, pero muy pocas manos, en donde sólo el 5% de la población se vio beneficiada o favorecida. No hay un crecimiento material y cultural parecido, sino hasta que se da una segunda ola industrializadora que comenzó con Lázaro Cárdenas, y alcanza su auge entre los años 40´s y 70´s, del siglo XX. Con ello México alcanzó un nivel de producción económica e industrial que fue bautizado como el Milagro Mexicano, proceso que permitió que se expandiera la clase media urbana en México. Estos dos procesos, no fueron una exclusividad de México. Hay que señalar que este proceso, también se dio en otros Estados y regiones, tal y como el escenario en el que nos encontramos actualmente. Por un lado, tenemos el escenario de la hegemonía cultural, económica-militar, y técnica, euroasiática con Rusia y China, con un socialismo de Estado que interviene el ADN del capitalismo para domesticarlo a modo. Este escenario, aunque nos resulta lejano en lo geográfico, en realidad, nos acerca el hecho de que estamos viendo nacer en México a un nuevo régimen político que podemos situar como postneoliberal a partir del 2018, que, por un lado, quiere volver a facultar al Estado en su dimensión técnica para domesticar al capitalismo internacional e intervenir su ADN depredatorio. Por otro lado, no podemos negar que históricamente y geográficamente estamos más anclados al escenario de la hegemonía euroamericana. Tal bloque histórico, pesa aún demasiado en la realidad de los hechos, así como en el imaginario social de los mexicanos.

    Muy posiblemente, sean la capacidades y habilidades de los dirigentes políticos la que defina cómo habremos de crear el escenario más conveniente. Si hablaremos de un nuevo Milagro mexicano, en una nueva relación histórica con las potencias hegemónicas conducida por auténticos hegemones que nos permita aperturar una tercera etapa histórica industrial que consolide y universalice a la clase media de sur a norte, y de este a oeste, erradicando la pobreza y miseria todavía presentes en ciudades y pueblos rurales; o bien, si tendremos una conducción realizada por los tyranides, que daría continuidad a la depredación histórica del territorio, en donde la acaparación de los bienes materiales y culturales sea exclusivamente para la élites empresariales, políticas, e intelectuales, ya sea, locales, nacionales e internacionales.   

 

  • Jorge de la Torre es licenciado en Sociología con la terminal en Estudios Ibérico Latinoamericanos. Tiene una especialidad en Antropología y Étic, una maestría en Filosofía y Ciencias Sociales y un Doctorado en Ciencias Sociales.