La UAZ en llamas

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Fotografía:Claudia Belmontes

Por: Pilar Pino

En nuestro estado la universidad se encuentra en una crisis, se tambalea por una administración cobarde, omisa y cómplice. Quien fuera rector de la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ), Rubén Ibarra Reyes fue sentenciado por abuso sexual agravado contra una niña. La sentencia 4 años en libertad condicional, gracias a un procedimiento abreviado durante el cual acepto haber abusado de la niña.

    Se llegó a un acuerdo para la reparación del daño. ¿De verdad se puede reparar el daño cuando una pequeña ha sido violentada sexualmente? No lo creo, quienes sufren este tipo de abusos en su infancia tienen secuelas profundas que afectan múltiples aspectos de su vida, sobre todo su desarrollo psicosocial. Padecen cuadros de depresión y ansiedad, llegando a consecuencias tan graves como el suicidio. Por ejemplo, el caso de Chester Benington, quien habló abiertamente de los abusos sufridos en su infancia, llevandolo a luchar toda su vida contra la depresión y la dependencia al alcohol y otras sustancias.

    La indignación por la condena, en términos reales nula, ha sido colectiva. Lo que debió ser una coyuntura para la limpieza institucional se convirtió en un acto de simulación. Cuando las instituciones de justicia fallan, la impunidad se convierte en cultura. Da pie a que otras personas cometan delitos similares al tener la certeza de que no habrá consecuencias.

   El consejo universitario actúo a modo de preservar los privilegios del pederasta confeso, profundizando aún más las protestas de estudiantes, así como el encono social. Se pretendió administrar la vergüenza como si se tratara de una disputa administrativa, no de un crimen contra una menor.

   No es gratuito que docentes y el cuerpo estudiantil se hayan movilizado para protestar y exigir la destitución de Ibarra Reyes, la universidad, desde mi época de universitaria, ha estado plagada de acosadores y agresores.

   Las y los estudiantes de la máxima casa de estudios han sido quienes han levantado la voz como merecen los hechos, al quedar el vacío de una postura institucional y pública contra el abuso infantil. La universidad lo permitió con la misma naturalidad con la que calla el acoso de sus docentes.

   Cuando una figura como el rector de una universidad pública tiene impunidad y justicia a modo, el mensaje del Estado es claro, las niñas y niños no importan. Como bien escribió Emilia Pesci, una niña habló sobre la violencia que vivió, hizo temblar al sistema, pero no para defenderla a ella, sino para minimizarla, callarla. Porque no merece justicia si su agresor es un nombre importante. Pesaron más los vínculos políticos que la integridad de una niña. La violencia sexual contra una niña no debe admitir impunidad, la justicia debe ser contundente en estos casos.

   Pese a que se acordó el procedimiento abreviado por parte de los padres de la víctima -lo que han vendido como un negociación- el Estado ha fallado en la protección de la infancia. No se respeto el interés superior de la niñez, al dejarlo a un pederasta confeso con una pena tan baja que pudo acceder a la libertad condicional, no solo le falla a la pequeña sino a todas las infancias zacatecanas.

   Hay posturas que sostienen que se trata de un linchamiento mediático para defender la destitución de Rubén Ibarra, criminalizan la exigencia del Movimiento Feminista por justicia y la digna protesta estudiantil. ¿De verdad, pueden dejar que un pederasta confeso pise las aulas? Espero que no, que la presión y las protestas logren su recisión laboral.

   México ocupaba el 1er lugar mundial en consumo de pornografía infantil (PCF,2018), el 2do productor y distribuidor mundial y el 1ero en América Latina (ECPAT, 2019); entre los países que integran la OCDE, ocupamos 1er lugar en violencia sexual en contra de niñas, niños y adolescentes (OCDE, 2019). Es desonrosa esta tendencia en contra de las infancias para nosotrxs como sociedad, es momento de revertirla, empecemos con la UAZ.