Una niña habló

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Por: Emilia Pesci

Dijo algo que no se debería decir. Algo que incomoda, que estorba, que pone en crisis estructuras enteras. Dijo que fue violentada. Y eso bastó para que todo comenzara a temblar.

Y no tembló el sistema para protegerla. Tembló para defender al señalado.
Temblaron los escritorios, las instituciones, los nombres importantes.
Temblaron por el prestigio, no por ella.

Porque cuando una niña habla, muchxs adultxs sienten que tienen que hablar también: no para cuidarla, sino para desmentirla. No para acompañarla, sino para minimizarla. No para abrazarla, sino para desacreditarla.

Algunos hablan de linchamiento, de difamación, de exageraciones. Hablan de la importancia de no destruir carreras, de no manchar trayectorias, de no politizar las cosas.
Pero ¿dónde queda la víctima? ¿Dónde su palabra, su miedo, su memoria?
¿Por qué parece que todo se puede defender… menos a ella?

Lo dijo Florence Rush: el abuso infantil no es un error del sistema, es parte del sistema.
Lo dijo Judith Herman: el silencio no es casualidad, es protección organizada al agresor.
Lo dijo Marcela Lagarde: la subordinación se enseña. Se aprende. Se impone.

Porque en este país, según el INEGI, cada día 44 niñas son víctimas de abuso sexual. Y de esas, casi todas se quedan en silencio.

Hay quienes quieren prudencia. Otrxs, neutralidad. Algunxs, silencio.
Pero no se puede ser neutral frente a la denuncia de una persona, SÍ PERSONA, con tantas vulnerabilidades.
No se puede callar mientras los poderosos se protegen entre ellos como siempre.

Yo prefiero equivocarme del lado de quien no tiene poder. Prefiero defender su voz que participar de la neutralidad, de la prudencia, del silencio…

 

* Emilia Pesci es originaria de Zacatecas, es abogada feminista y activista. Realizada desde sus trincheras diversas actividades para erradicar la violencia contra las mujeres; así como brindar apoyo y contención a las víctimas.