
por Angélica Meneses
Generaciones de la primera mitad del siglo anterior se concentraron en la supervivencia, y en la última, asegurar que la descendencia tuviera “todo lo que no tuvieron” en términos de acceso a educación y poder adquisitivo fue un objetivo primordial, nuestros cuerpos gestantes del siglo XXI han integrado estos elementos a su forma de habitar un mundo cada vez más complejo y demandante, en el que hemos llegado a pensar que la maternidad elegida, consciente/presente es el gran legado a las nuevas generaciones, pero, ¿cuál es el origen de esta consciencia? y ¿de qué forma se materializa?.
Vino a mi mente el amor como motivación originaria, y las componentes ya heredados de las generaciones pasadas, después pensé en cómo se podrían activar, y vino a mi mente la palabra furia. Furia materna fueron las palabras en el buscador, y los resultados no me sorprendieron: la conceptualización de la furia viene desde un lugar extremo y destructivo, aún más cuando se adjetiva a la maternidad pues es descrita como un periodo de cansancio extremo y violencia acompañados de culpa y vergüenza; la verdad es que nada de esto es erróneo, pero sí incompleto porque sólo se toma una dimensión, que es en apariencia la de quien gesta, dejando de lado las condiciones sistémicas que obligan a trabajar para criar, pero criar sin que parezca que se trabaja, y también ignorando la potencia que viene de esta furia, que es lo que nombrado fuego creador.
El fuego creador aparece literalmente en textos teósofos y teológicos sobre cualquier religión, aludiendo a la presencia del espíritu santo como inspiración, motivación o impulso, una relación vertical de arriba hacia abajo, y yo la verdad es que siento que esa inspiración, a nuestros cuerpos nos viene de los ovarios que gestan vidas y proyectos, de las entrañas que activan la furia intolerante de las injusticias, y es muy curioso que esa misma furia, encuentre su expansión en el amor-paciencia y se sofistiquen en nuestros pensamientos. Nos conmueven otras vidas, nos da rabia pensar en la violencia porque nuestra tolerancia ha llegado al límite, somos mucho más sensibles a la maravilla del funcionamiento de la vida en el planeta, y es muy curioso cómo todo se filtra en nuestros pensamientos, cuando volvemos a la contemplación de la cotidianeidad, la magia del presente; muchas personas pueden argumentar que, en todo caso, son las neuronas espejo quienes detonan esta empatía, pero yo vuelvo a este mismo fuego creador incluso para comprender nuestros procesos y tránsitos.
El fuego destruye y arrasa con todo lo que hay a su paso, si se le mitiga, quedarán aún restos de lo que hubo, pero si se le permite consumirlo todo, entonces quedará un espacio en apariencia vacío, y es en ese punto cero en el que se puede habitar lo nuevo; pienso lo mismo sobre nuestros puerperios, donde damos fin a la persona que fuimos, para dar paso al nuevo ser que incorpora todos los elementos y dimensiones antes descritas. ¿Duele? Por supuesto. Ese fuego se lleva todo lo que alguna vez conocimos y en lo que nos familiarizamos en términos de cuerpo y vida, es un tránsito único e individual, a veces en calma, luego en llanto, pero al final salimos de ese duelo en la mejor versión que nunca antes fuimos. Acompañadas/contenidas o no, pero siempre sostenidas por esas vidas que trajimos a este plano. Con una visión real de lo que verdaderamente importa, y con la firme convicción de que no hay nada que nos pueda vencer, para asegurar mejores condiciones de ser y estar desde nuestras trincheras; ocurre la hermosa transformación del Yo, al Yo colectivo, donde la vida se pone en el centro.
Podemos ver esta nueva forma de maternar desde la presencia y la consciencia como la revolución que creamos a partir de lo que nos dejaron nuestras ancestras, agradecer las paternidades de la forma en que hayan sido, dejar de lado los nuevos mandatos del sistema patriarcal con sus madres perfectas, y seguir en comunidad/agradecimiento con todas las personas que acompañaron a nuestras generaciones, y las que aún nos acompañan la maternidad. Felices, justos y dignos sean todos nuestros días.
- Angélica Araceli Meneses López es mexicana, economista, diplomada en Economía y Negocios Internacionales por la Facultad de Estudios Superiores Aragón (FES Aragón), especialización en Desarrollo Social por el Posgrado en Economía, maestra en Estudios Latinoamericanos por la Facultad de Filosofía y Letras (FfyL), todas integrantes de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Experiencia en organizaciones sociales y perspectiva de género a partir de generación de la generación de instrumentos cualitativos y trabajo en campo para asociaciones de la sociedad civil, instituciones públicas y académicas. Actualmente doctorante de la Unidad Académica en Estudios del Desarrollo por la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ). Intereses de investigación: feminismos, género y política social.
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