Chthuluceno: contranarrativa co-creadora de mundos más-que-humanos

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Por: Mauricio González González*

 

Desmantelar las inercias capitalistas que se presentan como alternativas al deterioro ambiental ahí donde el Antropoceno coloca la mirada sobre la especie humana como principal fuerza geológica, requiere posiciones críticas que no se detengan sólo en señalar las faltas o fallas de lo otro, sino en apuestas que aprehendan modos otrora imposibles. Donna J. Haraway es emblemática en ello: Seguir con el problema. Generar parentesco en el Chthuluceno (2019 [2016]) desbloquea un nodo central de las formas en que se enfrenta el apremio planetario:

 La historia de la Especie Hombre como agente del Antropoceno es una repetición casi ridícula de la gran Aventura fálica, humanizadora y modernizadora, en la que el hombre, hecho a imagen de un dios desvanecido, adquiere superpoderes en su ascensión sagrado-secular, sólo para acabar en una trágica detumescencia, una vez más. El hombre auto-creado, autopoiético, descendió una vez más, esta vez en un trágico fallo del sistema, transformando los ecosistemas biodiversos en desiertos delirantes de esferas viscosas y medusas urticantes.

 Pero Haraway no sólo pone en cuestión al Antropoceno, sino que incluye al Capitaloceno por inscribir el problema en las trampas de la modernidad, el progreso y la Historia, autoinmolándose al así quedar sujeto también a las críticas al Antropoceno: “las historias del Antropoceno y el Capitaloceno están constantemente balanceándose al límite de volverse Demasiado Grandes. Marx lo hizo mucho mejor, igual que Darwin. Podemos heredar su bravura y capacidad para contar historias lo suficientemente grandes sin apelar al determinismo, la teleología y la planificación”. Su propuesta intenta dar cuenta de mundos relacionales históricamente situados, prescindiendo del binarismo naturaleza-sociedad y del prometeísmos del progreso y la modernidad, apelando a conexiones productivas. Si “el Capitaloceno fue creado de manera relacional, no por un ántropos similar a dios, ni por una ley de la historia, ni por la maquina en sí, ni por un demonio llamado Modernidad. El Capitaloceno debe ser deshecho de manera relacional”; ante ello propone el Chthuluceno:

 Chthuluceno es una palabra simple. Es un compuesto de dos raíces griegas (khthón y kainos) que juntas nombran un tipo de espaciotiempo para aprender a seguir con el problema de vivir y morir con respons-habilidad en una tierra dañada. Kainos significa ahora, un tiempo de comienzos, un tiempo para la continuidad, para la frescura. Nada en kainos debe significar pasados, presentes o futuros convencionales [...] Kainos puede estar lleno de herencias, de memorias y también de llegadas, de crear y nutrir lo que aún puede llegar a ser.

 Los chthónicos por su parte son seres terrestres, antiguos y contemporáneos, tentaculares, con antenas, dedos, cuerdas, “enmarañados”. Tienen una singularidad relacional, “retozan en un humus multibichos, pero no quieren tener nada que ver con el Homo que mira al cielo. Los chthónicos son monstruos en el mejor sentido: demuestran y performan la significatividad material de los bichos y procesos de la tierra”. Los seres chthónicos en su hacer producen numerosas consecuencias, nunca están a salvo. No suscriben ideología alguna, no pertenecen aunque en ocasiones sean incluidos: “se retuercen, se deleitan y crecen profusamente con formas variadas y nombres diversos en las aguas, los aires y los lugares de la tierra. Hacen y deshacen; son hechos y deshechos. Son quienes son”. Seres que han acompañado y co-producido al mundo.

    Hoy despedimos al Papa Francisco, cuya revolucionaria encíclica Laudato si’ deja un legado imprescindible para la lucha por la Tierra, por lo requerimos entonces hacer espacio ya no sólo a la agencia humana que la teología cristiana privilegia para, como hace Haraway pero aún más, los pueblos amerindios, co-crear un mundo más-que-humano, tal como nos ha enseñado el antropólogo brasileño Eduardo Viveiros de Castro.

 

  • Mauricio González González estudió la licenciatura en Etnología, así como una maestría en Teoría Psicoanalítica, y la maestría y doctorado en Desarrollo Rural. Ha sido profesor de diferentes programas de estudio y posgrados tanto en escuelas privadas como públicas y comunitarias. Asimismo colabora en diferentes organizaciones y redes de la sociedad civil, principalmente ambientalistas. Escribe en el suplemento La Jornada del Campo y la agencia informativa Desisnfomémonos. Actualmente forma parte del colectivo CORASON, con quien participa en Radio Huaya “La voz campesina” dentro de la barra de opinión.