
Por:Alexia Joana Ovando Márquez
Con la entrada del nuevo siglo, en el Nuevo Xochimilco acababan de firmar una reforma para convertir esta ciudad flotante en un centro de investigación biotecnológica, donde científicas y hackers trabajaban juntas para descubrir nuevas formas de vida sostenibles.
Era la habitante más anciana del pueblo y poseedora de la chinampa con mayor abundancia y riqueza de nutrientes. En el siglo pasado, trabajé en Michigan dentro de una investigación para comprender las propiedades curativas de los THC modificados. Durante la investigación, descubrí un tratamiento que podía curar enfermedades crónicas y regenerar tejidos dañados. Esto llamó la atención de la empresa farmacéutica Pfizer. Sabía que con ese tratamiento podrían controlar a la población y aumentar significativamente las ganancias de estas corporaciones, así que decidí huir a Nuevo Xochimilco, donde viví la mayor parte de mi vida. Después de eso, el pánico se volvió mi amigo durante largos años y rara vez veía a alguien que no fuera Don Miguel, el señor que me traía víveres. Con el tiempo, la gente empezó a creer que había abandonado mi chinampa y pronto circularon rumores de que mi casa era un laboratorio clandestino donde se realizaban experimentos con plantas transgénicas y simbiosis que alteraban la conciencia humana.
Con el avance de las tecnologías agrícolas, las chinampas comenzaron a modificarse para crear un ecosistema biotecnológico. Las crisis ambientales derivadas de la falta de agua habían llevado a depender de cultivos genéticamente modificados para sobrevivir, así que estas chinampas eran perfectas como granjas biónicas con sistemas autosuficientes de producción de alimentos. Pero esto no fue lo único que trajo la entrada del nuevo siglo. Con el cambio de reformas, también se había legalizado la marihuana. Los cultivos independientes habían modificado cepas de THC con raíces que absorbían residuos tóxicos, pero en un accidente las cepas se mezclaron con tejidos orgánicos modificados. Cuando esta cepa salió al mercado fue tan adictiva que al mínimo contacto el cuerpo desarrollaba una brutal dependencia.
El Nueva Xochimilco se había infectado de marihuanos por accidente, pero en el intento de regular las ventas, sólo conseguían la furia de la gente. El gobierno estaba desesperado así que alguien les dijo que yo podía ayudarles y días después recibí una llamada:
-Necesitamos tu ayuda, esta situación se sale de nuestras manos. Si esto sigue así, puede que haya personas infectadas con el THC potenciado que altera su metabolismo y los vuelva dependientes.
-Mmm…por lo que puedo ver parece que la inhalación de ciertos compuestos hace que los sentidos de los marihuanos se intensifiquen, pero a cambio desarrolla adicciones y conductas irracionales.
Alguien muteó la llamada y pusieron música de elevador unos cuantos segundos.
-A cambio de tu ayuda te ofrecemos privilegios especiales: tratamientos médicos exclusivos, residencias en sectores seguros de la ciudad, inmunidad y acceso a información clasificada.
Esa era muy buena oferta así que acepté.
-Está bien, los ayudaré. Hoy mismo haré algo.
Esa noche salí, las luces led que equipaban la parte de abajo de mi trajinera hacían juego con el reflejo del cielo y las estrellas en el lago. Al entrar a las calles del centro, prendí un porro. La cosecha que tenía era una combinación de una cepa prehispánica con toques de hojas de árboles bioluminiscentes que purifican el agua y absorben la radiación ambiental. La propulsión eléctrica de mi trajinera permitía una navegación rápida y silenciosa mientras el humo de mi porro llenaba los canales pluviales. Cuando se acabó el cigarro me dirigí hacia mi chinampa. No fue ninguna sorpresa darme cuenta de que una estampida de marihuanos venía detrás de mí encantados por los efectos. Al llegar a mi chinampa salí de la trajinera y los invité a usarla mientras le daba un cigarro a cada uno y cuando el último lo prendió, la trajinera se hundió.El gobierno del Nueva Xochimilco podía estar tranquilo, los marihuanos se habían ido.
Meses después me diagnosticaron cáncer de piel terminal a causa de una exposición prolongada de sustancias químicas durante mis primeros años al salir de la carrera. Los medicamentos eran demasiado caros y mi seguro no alcanzaba a cubrirlos. Para mi suerte, los tratamientos de cáncer eran parte de los tratamientos médicos exclusivos que me había ofrecido el gobierno meses atrás. Mandé correos a las universidades, centros de investigación y empresas farmacéuticas explicando mis situación y diciendo qué medicamentos requería. Pasaron dos semanas y ninguna de mis solicitudes fue atendida así que acudí con el gobernador, pero no me dejaron verle. Pronto también noté que habían bloqueado el acceso a internet alrededor de mi chinampa. Cuando fui consciente de que me habían engañado y ahora se negaban a cumplir su parte del trato me enfurecí. Definitivamente no me iba a quedar con los brazos cruzados viendo cómo se reían de mí. Estaba enferma y ya no tenía nada qué perder entonces retomé un proyecto que estaba desarrollando para el gobierno hace un par de décadas con el fin de controlar a cierto sector de la población, pero esta vez sería diferente.
Empecé haciendo un cambio genético a tres plantas de marihuana. Primero las examiné para determinar qué cambios podía hacer y cuál sería la técnica de edición, después preparé las células que iba a editar. Con las células listas, introduje CRISPR-Cpf1 para cortar el ADN. Así desarrollé una nueva variedad resistente a la contaminación y a cualquier toxina que tenía la capacidad de bajar la actividad de la corteza prefrontal activando la amígdala y el núcleo accumbens, es decir, el THC activaba la respuesta de estrés en el cuerpo liberando cortisol y adrenalina desequilibrando la regulación emocional. El olor de esta cepa combinada con toques de vainilla, chocolate y frutas era delicioso para los infantes del Nuevo Xochimilco.
Hice un cigarrillo con pétalos de rosa que estaba guardando para una ocasión especial y esperé a que se hiciera de noche. Otra vez, me subí a mi trajinera, pero esta vez no encendí las luces que se reflejaban en el lago. Llegué al centro y prendí sigilosamente mi cigarro, el olor era encantador, tan dulce. Fui ahumando cada canal por el que pasaba hasta que se terminó el cigarro y regresé a mi chinampa. No esperé mucho cuando llegaron cientos de infantes buscando aquel olor que tanto les gustaba. Los invité a pasar a la casa y cerré la puerta. A la mañana siguiente, las madres buscaban a sus hijas e hijos. Don Miguel, que había visto todo la noche anterior, les dijo que yo los tenía encerrados en mi chinampa dentro de la casa, pero nadie se atrevía a ir por los rumores que habían escuchado. Temían perder el control o tener algún efecto secundario a causa de la alteración de la conciencia humana por las sustancias de las plantas transgénicas que pensaban que tenía. El gobierno no tardó en restaurar las conexiones de internet alrededor de mi chinampa y pronto me contactaron para ofrecerme los medicamentos que necesitaba, sin embargo ya era tarde. Los medicamentos ya no me harían efecto y los niños se habían convertido en híbridos biotecnológicos que ya no obedecen a los gobiernos humanos a causa de la alteración irreversible de las respuestas de estrés en el cuerpo.
- Alexia Joana Ovando Márquez, es una joven escritora mexicana de 23 años, su trabajo es multidisciplinario. Tiene un blog feminista: https://feministaqueexplota.blogspot.com/ Cuenta con cursos en Autoetnografía feminista, Escritura creativa, Escritura de novelas, Narrativa y cuentos. Además ha sido asistente de investigación y colaboradora en la elaboración de la página web de Sociología Urbana en la UAM-Acapotzalco y becaria en la Escuela Nacional de Antropología e Historia. Creación de la página web de etnología, creadora de contenido, administración de redes sociales.