LA POÉTICA HEREJÍA DE SER LESBIANA

WhatsApp Image 2025 04 07 at 10.55.40 AM

El desprecio a la figura de las lesbianas y su subversión al sistema capitalista y patriarcal

Por: Andrea Navarro Abitú *

La figura femenina es subversiva por sí misma, en un sistema masculino, ser mujer en un mundo de hombres es tan incendiario como ser lesbiana en una realidad heterosexual. La lesbiana es la otra, no sólo desde la visión de ellos, también desde la mirada femenina heterosexual, son todo lo que contradice al sistema patriarcal predominante, al varón le asustan porque se salen de todas las jaulas que han tratado de imponerles a lo largo de la historia, no acatan el mandato de feminidad, no cuidan de ellos y mucho menos, los aman.

    La lesbiandad ha sido una oponente silenciosa, las mujeres que aman a otras lo han hecho y siguen haciéndolo muchas veces, en secreto, la poeta lesbiana Tatiana de la Tierra escribe «el camino hacia el lesbianismo implica renunciar al camino que ya estaba escrito. todo lo que debería ser y hacer se reemplaza con todo lo que da la gana. en el fondo, ser lesbiana es un cambio de mano del poder. es cierto que el poder siempre nos pertenece, pero muchas veces se les permite a otros manejarlo. la lesbiana reclama su poder»[1] la figura de las mujeres que aman a otras ha existido desde siempre, pero la sociedad no ha querido verlas como tal, para el mundo, son sólo dos mujeres haciéndose compañía mientras llega su hombre, cuando en realidad están atacando lo establecido.

    El origen de la palabra viene de la poeta griega Safo de Lesbos, la cual tenía una academia donde preparaba a las mujeres para casarse, pero también les enseñaba artes como la música, la lírica y pintura. Varios de sus poemas están escritos para mujeres o relatan el amor entre ellas, como la Oda a Afrodita, sus poemas son los primeros en la historia de la literatura en hablar tan apasionadamente de los sentimientos, era considerada 1 de los 9 poetas más importantes de Grecia. La reina de Francia, María Antonieta tenía un grupo de damas grande, las cuales se hacían llamar las safistas, compartían tiempo y amor entre mujeres, evitando pasarlo con sus matrimonios forzados. La consorte de Francia por su parte, tuvo un séquito de 200 cortesanas que según la historia de los hombres servían de espías de la reina, pero las historiadoras dicen que se reunían para amarse entre ellas lejos de ellos, mantenían prácticas sexuales que no eran mal vistas porque no eran impuras como las heterosexuales.

    Brântome, un investigador de las divergencias sexuales cortesanas del siglo XXI menciona la palabra lesbiana por primera vez en una recopilación de poemas amorosos entre mujeres al que tituló “Las lesbianas”, haciendo clara referencia a Safo de Lesbos. A las mujeres que intimaban sexualmente con otras mujeres, también se les comenzó a llamar fricatrices -o mujeres que se frotaban unas con otras-, tribadistas, el equivalente en griego de la misma acción.[2]

    Ser lesbiana era hasta los años cincuenta, una orientación sexual más, sin ningún peso político, en los años setenta con la publicación de “Política sexual” de Kate Millet, los círculos feministas transforman la mirada hacia las relaciones sentimentales, llevando lo que se suponía debía tratarse en lo privado a los espacios públicos, así todas las violencias que sufrían las mujeres en sus relaciones amorosas y que creían eran las únicas, se volvieron del conocimiento de la sociedad y ellas se dieron cuenta que sus vivencias no eran exclusivas, sino que estaban frente a patrones de opresión que toleraban en nombre del amor.

    Politizar la sexualidad fue un primer paso para llegar a una de las teorías más importantes para las lesbianas, en los años ochenta, Adrianne Riche publica el ensayo Heterosexualidad obligatoria y existencia lesbiana, donde teoriza sobre la heterosexualidad como una imposición patriarcal para seguir sosteniendo el poderío masculino y perpetuar la sumisión femenina. La autora plantea a la relación hombre-mujer como uno de los pilares de los sistemas predominantes en el mundo contemporáneo; el patriarcado y el capitalismo, ya que dicho régimen es una institución política impuesta que garantiza el derecho masculino de acceso físico, económico y emocional con respecto a las mujeres.

    Riche postula las maneras en que el patriarcado controla a las mujeres a través de la sexualidad y el amor, uno de los primeros es “negarles su sexualidad”, Silvia Federici en el libro Calibán y la bruja escribe «El clero reconoció el poder que el deseo sexual confiere a las mujeres sobre los hombres y trató de exorcizarlo»[3] coartando la libertad sexual de ellas aun cuando quienes eran “tentados” y cometían desde adulterio hasta violaciones eran ellos. En 1179 la iglesia atacó a la “sodomía”, que eran los homosexuales y el sexo no procreativo, por primera vez se atacaba a las mujeres lesbianas, controlando así a todas.

    Carla Lonzi en La mujer clitórica y vaginal formula que, aunque en las mujeres los mecanismos de reproducción y de placer están comunicados, no coinciden y hace la diferencia entre la mujer vaginal la cual es aquella que en cautiverio ha sido llevada a una actitud consentidora para el goce del patriarca, mientras que la mujer clitórica no ha sido sometida, Lonzi nos advierte que «El hecho de que el hombre haya querido, contra toda evidencia fisiológica que seamos vaginales, debería hacernos dudar»[4] dejando claro que la sexualidad y el placer femenino ha sido coartado por enfocarse en el disfrute masculino. Siendo la primera herejía de las lesbianas, ser clitóricas y complacientes de ellas mismas y de otras, dejando por completo de lado la cultura falocentrista de los varones

    Un segundo postulado que hace la autora de la heterosexualidad obligatoria y la existencia lesbiana es el de forzar o explotar su trabajo para controlar su producto, refiriéndose al trabajo de servicios sexuales que las esposas/novias están obligadas a darle a su pareja, el producto a controlar serían los hijos que pudieran llegar a tener. La segunda herejía lésbica es clara, las lesbianas no dan servicios sexuales a los varones, mientras las mujeres heterosexuales deben ceder dichos “beneficios” en nombre del amor, las lesbianas no les deben nada, tampoco, crías, son mujeres fértiles que gozan su sexualidad sin darle hijos ni al patriarcado, ni al capitalismo.

    Federici dice que en el feudalismo el señor feudal era quien tenía el poder sobre las mujeres pasan incluso por encima del esposo o padre «La dependencia de las mujeres con respecto a los hombres en la comunidad servil estaba limitada por el hecho de que sobre la autoridad de sus maridos y padres prevalecía la de sus señores»[5]. La diferencia de trabajos no era de carga ni paga, los trabajos de crianza y servicios de las mujeres era igual de importantes que los de los hombres, pero al llegar la economía monetaria, el trabajo doméstico dejo de sr visto como labor real. La nobleza y la burguesía trabajaron juntas para encadenar a las mujeres a empleos sin paga.

    Los mandatos de cuidados entran en este intercambio en las relaciones hombre-mujer, ellas son criadas para cuidarlos, ya sea como madres, esposas, hermanas, enfermeras, abuelas, hijas, la figura de la mujer siempre estará relacionada a servir, aprenden que maternar es su destino social y biológico, por ello cuidan incluso a quienes no son sus hijos, sobre todo a su pareja amorosa, a quienes les cocinan, lavan, planchan, limpian, por mandato social, la tercera herejía de las lesbianas, es no servirles a los varones, las lesbianas cuidan a otras mujeres y desatienden a los hombres, haciendo temblar ese pilar que mantiene al capitalismo donde ellas dan de forma gratuita servicios domésticos, una vez más, en nombre del amor.

    Adrinne Riche puso sobre la mesa el cuestionamiento de la “naturaleza heterosexual”, propuso comenzar a pensar la realidad desde otro punto, uno en el que la mujer no tuviera que estar encadenadas al hombre, donde la oprimida no durmiera con el opresor. La heterosexualidad ha sido impuesta, propagada, gestionada y mantenida a la fuerza, mientras la lesbiandad ha sido la otredad y por ello la han borrada de la historia de las mujeres o han tratado de hacerlo, aunque aún llegaron las historias de las bueginas quienes en la Edad Media eran mujeres que vivían en comunidad tachadas de brujas por practicar herbolaria y vivir sólo entre ellas o las leyenda que hablan de “ La orquídea dorada”, una comunidad que existió hace 200 años en China donde habían profundas amistades entre mujeres, en Kenia existían otras que decidían escapar para vivir juntas y así huir de las violaciones. La historia del amor entre mujeres también es la de la supervivencia en un mundo de hombres.[6]

    Mientras aquella teoría hacía ruido, el patriarcado buscó algo que pudiera frenar su impacto, encontró la barrera en la invención de la sexología, lo que hasta ahora Millet y Riche habían reconstruido como una postura política que implicaba salir del régimen totalitario, la nueva teoría aparecida en los años ochenta, definía a la lesbiandad como «Uno más entre la gama de comportamientos sexuales atípicos que se apartan de la norma sexual» colocándola junto a la pedofilia, fetiches misóginos como el sadomasoquismo y reduciéndolo a una simple inclinación, quitando completamente cualquier carga ideológica y reduciéndola a lo sexual.

    En ese mismo año Sheila Jeffreys escribe La herejía lesbiana un texto donde rechaza la construcción del lesbianismo desde la sexología y busca la reivindicación política de esta, postulando a las lesbianas como única arma contra el sistema patriarcal, cuestionando la misoginia que la lesbiandad repite desde la introducción de la sexología, como los roles heterosexuales de “pasiva” y “activa” y el uso de juguetes falocénticos. La autora escribió sobre Monique Witting quien dijo “Las lesbianas no son mujeres” ya que ser mujer está ligado inevitablemente al hombre, el feminismo rechaza esa idea y dice que “Las lesbianas son mujeres libres antes que diferentes”, el concepto de mujer se forma a partir de los cuidados y servicios que da, una mujer es aquella que tiene la capacidad de parir, o la que cuida de los hijos, o la esposa de, la hija de, la madre de, nunca una entidad propia.[7]

    La cuarta y última herejía lésbica es la libertad, la emancipación que buscan aquellas mujeres que a lo largo de la historia han sido señaladas de incorrectas, enfermas, sucias, pecaminosas, brujas. La bruja es la mujer que molesta, que incomoda y asusta por su rebeldía, su conocimiento, su independencia, la lesbiana es la bruja por excelencia, con sus aquelarres llenos de mujeres que se aman, con su rechazo a las jaulas de la feminidad, de los servicios al varón, con su negación a traer más oreros al mundo, la bruja es la mujer que no existe para los hombres, que se vive plena alejada de ellos, que baila alrededor del fuego tomada de la mano de otras, la que revierte las cadenas del amor romántico hacía el hombre y lo convierte en ternura radical hacia las otras. La lesbiandad es brujería.

 

BIBLIOGRAFÍA:

DE LA TIERRA, TATIANA

2022 «Bitácora de la lesbiana» en Una fenomenología lesbiana, Nueva York, consultado en línea mayo de 2022.

FEDERICI, SILVIA

2010 «La politización de la sexualidad» en Calibán y la bruja, Madrid, editorial traficante de sueños

LLONZI, CARLA

2017 «La mujer clitórica y la mujer vaginal» en Escupamos sobre Hegel, Buenos Aires. Tinta limón.

Rich, Adrienne

1996 «Heterosexualidad obligatoria y existencia lesbiana», en DUODA revista de estudios feministas, número 10.

Jeffreys,Sheila

1996 «La herejía lesbiana», Madrid, ediciones catedra.

Vergara Sánchez, Karina

2015 «Sin heterosexualidad obligatoria no hay capitalismo» México, en revista digital La que arde, on line ; https://www.laquearde.org/2017/01/07/sin-heterosexualidad-no-hay-capitalismo-karina-vergara/

MONTIEL, JUAN FRANCISCO

1996 «Desde Lesbos con amor; homosexualidad femenina en la antigüedad» ediciones clásicas.

COLECTIVA DE FEMINISTAS LESBIANAS

1984-1992 «Nosotras que nos queremos tanto» Madrid, en revista femenina N° 1-8

 

 

[1] Tatiana de la tierra «Bitácora de la lesbiana» en Una fenomenología lesbiana, 19 de enero de 2002, Nueva York, consultado en línea mayo de 2022.

[2] Colectiva de feministas lesbianas, «Nosotras que nos queremos tanto» en Revista femenina n. 1 a 8, Madrid, 1984-1992

[3] Silvia Federici «La politización de la sexualidad» en Calibán y la bruja, Madrid, editorial traficante de sueños 2010, p.62

[4] Carla Lonzi, «La mujer clitórica y la mujer vaginal» en Escupamos sobre Hegel, Buenos Aires. Tinta limón, 2017,p.74

[5] Silvia Federici «La servidumbre como relación de clase » en Calibán y la bruja, Madrid, editorial traficante de sueños 2010, p.40

[6] Juan Francisco Montiel Desde Lesbos con amor; homosexualidad femenina en la antigüedad, ediciones clásicas, 1996

[7] Sheila Jeffereys, La herejía lesbiana, editorial cátedra, 1996

 

  • Andrea Navarro: Egresada de la licenciatura en letras, tallerista, ponente y Activista lesbofeminista. Escritora de barrio.