
Por: Mauricio González González*
La polémica desatada por Paul Crutzen y Eugene Stoermer en el año 2000 al proponer la época geológica del Antropoceno, es decir, la época en que la humanidad se convirtió en la principal fuerza de transformación del planeta ha sido por demás candente: en el campo geológico en 2024, a través del Grupo de Trabajo del Antropoceno (AWG), se desechó al no contar con la aprobación mayoritaria de sus integrantes, lo cual no ha impedido su productividad en otras áreas de investigación. Pensadoras como Rosi Braidotti, por ejemplo, no esperaron al dictamen geológico para hacerle operativo, para ella el Antropoceno es una época de producción biogenética que enciende las alertas sobre nuestra noción de humanidad y las prácticas que posibilita con no humanos. Por otro lado, desde la ecología política, numerosas investigadoras y científicos han impugnado los principios que soportan al Antropoceno, no sólo por el riesgo de reducirle a un problema geológico, sino principalmente por oscurecer los márgenes de acción y responsabilidad a los que hace referencia: el agente “especie” aparece demasiado amplio para dar respuestas necesarias.
En ese sentido, autores como Andreas Malm enfocan la mirada hacia el sistema de acumulación que ha impactado las condiciones planetarias: el capitalismo en curso no es otro que uno fósil cuyas características consisten en “una economía de crecimiento autosostenido basada en un consumo cada vez mayor de combustibles fósiles” (Capitalismo fó$il. El auge del vapor y las raíces del calentamiento global, 2017, p. 27), por lo que para él es más preciso llamar Capitaloceno a la época, pues no fue “la geología de la humanidad, sino la acumulación de capital” la que impuso las condiciones de la debacle ambiental.
Jason W. Moore ha popularizado esta concepción en ámbitos de pensamiento crítico, mostrando como el debate histórico sobre el mismo no es sólo una exigencia académica, sino y principalmente corresponde al tipo de intervención política que puede posibilitar:
[…] localizar los orígenes del mundo moderno en la máquina de vapor y la mina de carbón supone priorizar el cierre de las máquinas de vapor y las minas de carbón (y sus encarnaciones del siglo XX). Localizar los orígenes del mundo moderno en el auge de la civilización capitalista después de 1450, con sus audaces estrategias de conquista global, mercantilización incesante e implacable racionalización, implica priorizar las relaciones de poder, capital y naturaleza que dieron lugar a un capitalismo fósil tan mortífero desde sus inicios. Ciérrese una planta de carbón, y se podrá ralentizar el calentamiento global por un día; ciérrese las relaciones que produjeron la planta de carbón, y se podrá parar para siempre (Jason W. Moore, El capitalismo en la trama de la vida. Ecología y acumulación de capital, 2020 [2015], p. 205).
Poner atención al tipo de “naturaleza” de la que se vale la producción de capital implica no sólo una disputa frontal con la forma en que ella es concebida, sino también con los poderes que hacen uso de ella para acrecentar sus beneficios. En este momento diversos gobiernos de derecha e izquierda esgrimen al Gas Natural Licuado (GNL) como alternativa energética sustentable para la transición energética, lo cual queda infundado si consideramos que el Capitaloceno es producto de este tipo de estrategias que, por lo demás, son solidarias al capitalismo fósil. Falsas alternativas energéticas aparecen en un momento en que la emergencia climática exige respuestas rápidas y contundentes, tal como el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) solicita. El tiempo apremia, no hay espacio para ello.
- Mauricio González González estudió la licenciatura en Etnología, así como una maestría en Teoría Psicoanalítica, y la maestría y doctorado en Desarrollo Rural. Ha sido profesor de diferentes programas de estudio y posgrados tanto en escuelas privadas como públicas y comunitarias. Asimismo colabora en diferentes organizaciones y redes de la sociedad civil, principalmente ambientalistas. Escribe en el suplemento La Jornada del Campo y la agencia informativa Desisnfomémonos. Actualmente forma parte del colectivo CORASON, con quien participa en Radio Huaya “La voz campesina” dentro de la barra de opinión.