Buscadoras: con la dignidad al frente

 

 

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Por: Mauricio González González

Doña María Luisa ha puesto la foto de su hijo en un rincón de su ropero, él se encuentra desaparecido hace ya más de cuatro años. Le puso flores y, cuando sus hijas no la ven, prende una veladora para que le ilumine. Es día de muertos y siente mucho pesar, no concede que su hijo haya perecido, a la fecha no se sabe nada de su paradero; pero, teme que si algo le sucedió –como a miles en este país– quede en desamparo. Ese altar figuraba la posibilidad de claudicar, es por eso que le era aún más doloroso, porque ella, junto a numerosas madres y familiares de desaparecidos en un estado del noroeste de México, no han cesado de salir a buscar, de acompañarse, informar, exigir, denunciar y buscar, buscar y volver a buscar con la frustración a cuestas, pero también y sobretodo, con la dignidad al frente.

    La poeta Sara Uribe al inicio del libro Antígona González (2012), incluye “Instrucciones para contar muertos”, donde plasma con claridad una tarea que todo colectivo de madres buscadoras concreta:

 Contarlos a todos.

 Nombrarlos a todos para decir: este cuerpo podría ser el mío.

El cuerpo de uno de los míos.

Para no olvidar que todos los cuerpos sin nombre son nuestros cuerpos perdidos.

    Resulta por demás alarmante y aversivo constatar como –al unísono– algunos funcionarios de gobierno, integrantes de partidos políticos y miembros del crimen organizado descalifican su labor, obviando con ello algo que la poeta plasma sin cortapisas: “Todos aquí iremos desapareciendo si nadie nos busca, si nadie nos nombra”. Son las buscadoras quienes han hecho de ello modo de vida, oficio.

    Cuenta “El Capitán” del Ejercito Zapatista de Liberación Nacional que un día el Viejo Antonio habló sobre los dioses primeros, quienes “otorgaron especial atención a quien le mueve la memoria, a quien la convierte en indignación y lucha. Dieron a quien busca, la esperanza y la permanente sorpresa de encontrar a quienes están perdidos en el olvido y el abandono. Nada reciben, pero reparten certezas donde la incertidumbre ha sembrado pena. Quien busca sin descanso, es gente cierta de encontrar siempre” (“Sobre el Tema: la Tormenta y el Día Después. Séptima parte: Hasta Encontrarnos”, noviembre de 2024). “Buscad a quien busca” había dicho en otra parte, pues son ellas la dignidad encarnada en tiempos sin nombre.

    Doña Refugio perdió a su marido y, meses después, a su hijo mayor, ambos dedicados al transporte en una ciudad otrora apacible del centro de México. Las cosas cambiaron desde “la guerra contra el narco” sexenios atrás, cuando las calles presenciaron no sólo la llegada de militares y policías ajenos a la localidad, sino también la desaparición de muchxs. El dolor y la angustia se apoderaron de cada hogar y, frente a burocráticas respuestas que no dieron cauce a sus apremios, no tuvieron otra que salir a pie, en sus autos o rentando transportes hacia cualquier paraje en el que se les informaba que había indicios de cuerpos, de muertos. La necesidad de encontrar las arrojó a acciones que no se redujeron a la búsqueda en campo, los recursos jurídicos y capacitaciones las han vuelto especialistas, apoyando hoy a numerosos familiares que atraviesan esa infame experiencia, acompañando a colectivos más allá de la región que les hizo encontrarse y, con la dignidad de su esfuerzo, hacer frente común ante la desaparición. El grabado de Alfredo López Casanova expuesto en el café-galería La Resistencia no se equivoca: “Buscándoles nos encontramos”.

Nota: los nombres de las madres aquí evocados fueron modificados por respeto y cuidado de las mismas.

  • Mauricio González González estudió la licenciatura en Etnología, así como una maestría en Teoría Psicoanalítica, y la maestría y doctorado en Desarrollo Rural. Ha sido profesor de diferentes programas de estudio y posgrados tanto en escuelas privadas como públicas y comunitarias. Asimismo colabora en diferentes organizaciones y redes de la sociedad civil, principalmente ambientalistas. Escribe en el suplemento La Jornada del Campo y la agencia informativa Desisnfomémonos. Actualmente forma parte del colectivo CORASON, con quien participa en Radio Huaya “La voz campesina” dentro de la barra de opinión.