
Por: Alexia Joana Ovando Márquez *
Si bien podemos escudriñar las relaciones de poder, las jerarquizaciones y los cautiverios construidos en torno a las mujeres de distintas culturas y campos prácticos, a partir de ello sólo podemos dibujar algunas líneas generales para pensar la posibilidad femenina de desarmar tales sistemas, pero de ninguna manera podemos prescribir la manera válida, y mucho menos, única de hacerlo.
Raquel Gutiérrez Aguilar
La primera vez que asistí a una marcha del 8M tenía 16 años y una casualidad me llevó al frente del colectivo Pan y Rosas. Si soy sincera, ni siquiera sabía por qué estaba ahí; pocas veces había escuchado hablar sobre el feminismo. Participé en otras marchas antes, pero esa vez tenía una sensación diferente: cada golpe de tambor, cada grito de alguna consigna, cada sonrisa de alguien al voltear me tocaba de una forma que nunca había sentido. En ese momento entendí que el movimiento del 8M no es únicamente "para demandar la igualdad de género", sino una ola en la que, a pesar de nuestras diferencias, reconocemos que hay algo que nos está tocando a todas.Es un espacio para darnos cuenta de que nuestros miedos, temores, ansiedades y formas de vivir no son casuales ni individuales; es un lugar para darnos la mano y ver que en algún momento de nuestras vidas nuestras historias se juntan y no estamos solas como hemos creído.
Mañana es la marcha del 8M y hay muchas personas debatiendo sobre qué mujeres tienen derecho de ir. Recordemos que el feminismo es una forma de crítica hacia un orden social: el sistema sexo/género moderno/colonial y las dicotomías binarias de hombre y mujer que sintetizan los roles de género en un dimorfismo biológico que patologiza a quienes se desvían de él.
Todos los seres humanos estamos marcados por una singularidad que nos ofrece nuestra historia de vida; toda experiencia es una existencia única. Sin embargo, detrás de cada historia de vida se encuentra una historia de un ser sexuado, ya que ninguna persona puede escapar de la asignación del sexo al nacer. Este sistema nos atraviesa y organiza a todas, todes y todos, no solo a aquellas personas que se les asigna el sexo femenino al nacer.
Ciertamente, el hombre heterosexual se beneficia de este sistema, sin embargo, también es organizado por un sistema que asigna formas de vivir. De igual manera que este sistema nos atraviesa a todas, todes y todos, cada persona lo experimenta de acuerdo a la particularidad de su trinchera.
Imponer una forma de pensar, vivir o expresar el feminismo es contribuir a la falsa universalidad totalizante del "todas" que desaparece las diferencias entre las formas de vivir la opresión. El movimiento feminista es impostergable, así como la necesidad de sostener una liberación articulada que no perpetúe nuevas jerarquías.
Definitivamente, el feminismo no puede transformarse en una herramienta de dominación para un grupo selecto de mujeres que ejercen poder sobre las demás. El feminismo no es una teoría sobre los vínculos o los afectos, sino una toma de conciencia de una situación colectiva de opresión.
- Alexia Joana Ovando Márquez, es una joven escritora mexicana de 23 años, su trabajo es multidisciplinario. Tiene un blog feminista: https://feministaqueexplota.blogspot.com/ Cuenta con cursos en Autoetnografía feminista, Escritura creativa, Escritura de novelas, Narrativa y cuentos. Además ha sido asistente de investigación y colaboradora en la elaboración de la página web de Sociología Urbana en la UAM-Acapotzalco y becaria en la Escuela Nacional de Antropología e Historia. Creación de la página web de etnología, creadora de contenido, administración de redes sociales.
Fotografia:Javier Torres