Un don insurrecto: amor a la diferencia

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Por: Mauricio González González

La propaganda, mercancías y fetichización del amor en nuestra sociedad es moneda ordinaria de cambio. Lo sorprendente no es que el imperativo de acumulación se valga de ello, lo hace con todo siempre, la pregunta es si existe una forma de amor, actualmente, cuya consistencia escape a la forma-mercancía y a las tramas egocéntricas de quienes le detentan o le impugnan.

     Sigmund Freud en un texto emblemático para el psicoanálisis, Introducción del narcisismo (1914), localizaba dos caminos para la elección de objeto de amor: el primero, abiertamente narcisista, ama todo lo que se parece a sí, a lo que se fue, a lo que se querría ser o que fue parte de sí; el segundo, atravesado por órdenes identificatorios, ama al ser nutricio o a quien aparece como protector. Ninguna de las dos vías tiene capacidad alguna de amar algo que escape al propio yo: el amor, pensado desde la práctica analítica, no es otra cosa que la consolidación de una atomización que privilegia a nadie más que a sí mismo; no future gritarán en el punk. Bajo esta perspectiva resulta auténticamente aterrador encontrar terapéuticas cuyo fundamento de todo vínculo es el amor a sí mismo, tal como acontece en no pocas aproximaciones humanistas, de autoayuda y coaching las cuales, para Mark Fisher, participan del “emprendedorismo psíquico” característico del “voluntarismo mágico” que subyace al neoliberalismo. En este sentido, no pensamos ya al amor capturado por el capitalismo sino, más bien, como pieza sustancial de su despliegue subjetivo.

     Para el psicoanálisis freudiano el amor es precarizante. Será hasta la enseñanza de Jacques Lacan donde, desde los primeros seminarios de los años 50 aparecerá un tipo de amor que escapa al ensimismamiento, uno como “don permanente” que, sin embargo, es presentado de forma enigmática: “en el don de amor se da algo por nada, y sólo puede ser nada. Dicho de otra manera, lo que constituye el don es que un sujeto da algo de forma gratuita, pues tras lo que da está todo lo que le falta, el sujeto sacrifica más allá de lo que tiene”. Y si bien esta formulación del seminario Las relaciones de objeto (1956-1957) dejó huella más allá de la práctica, leída con detenimiento ofrece un don imposible si se consideran las enseñanzas antropológicas sobre los circuitos de reciprocidad, donde dar implica siempre recibir y devolver, por lo que un don que no aspire a reciprocidad es subversivo, más aún si se considera como de algo nunca poseído. Las implicaciones del deseo para el psicoanálisis hacen de ello un acontecimiento lábil que, no obstante, en tanto acción que debe ser reiterada, posibilita vínculos en permanente constitución. Para esta forma de psicoanálisis el amor está siempre por venir o, más justamente, sólo aparece en acto.

     Teniendo presente estas consideraciones podemos discernir que todo vínculo que escape a las formas de atomización puede ser insurrecto, producción de sensibilidad y afectos insumisos al capital. No es extraño entonces que colectivos como el Comité Invisible apelen a la amistad verdadera: “frente a la conspiración objetiva del orden de las cosas, una conspiración difusa a la cual nosotrxs pertenecemos de hecho”, donde las diferencias no sólo se sostienen sino que además se potencian, posibilitando una forma de amor a la diferencia tanto consigo mismo como, de forma radical, difiriendo a la alienación imperante, poniendo al centro la Tierra para derrocar al Hombre que le destruyó. En tiempos donde la diferencia es perseguida, deportada, negada, toda subjetividad que dé cabida a ella es un acontecimiento antifascista.

 

  • Mauricio González González estudió la licenciatura en Etnología, así como una maestría en Teoría Psicoanalítica, y la maestría y doctorado en Desarrollo Rural. Ha sido profesor de diferentes programas de estudio y posgrados tanto en escuelas privadas como públicas y comunitarias. Asimismo colabora en diferentes organizaciones y redes de la sociedad civil, principalmente ambientalistas. Escribe en el suplemento La Jornada del Campo y la agencia informativa Desisnfomémonos. Actualmente forma parte del colectivo CORASON, con quien participa en Radio Huaya “La voz campesina” dentro de la barra de opinión.