La monstruosidad de sobrevivir

WhatsApp Image 2025 02 25 at 10.29.23 AM

Análisis de la monstruosidad femenina en los relatos “Las cosas que perdimos en el fuego” y “Subasta”

Por: Andrea Navarro *

¿Soy un monstruo o esto es ser una persona?

-Clarice Lispector

Hablar de monstruos nos puede remitir a un pálido extractor de sangre, a un licántropo o al nuevo Prometeo de Mary Shelley, todos ellos son parte importante del imaginario colectivo, pero hablar del otro sexo en ese mismo ámbito resulta sorprendente, pues lejos de caer en clichés, se abre una posibilidad de contar nuevas historias. Según el mito fundacional de la mitología griega, Pandora fue la primera mujer en la tierra y también fue la responsable de dejar salir a todos los males del mundo, es por eso que puede ser considerada la madre de todas las monstruas.

     Una de las más temibles dentro de esta misma mitología es la Gorgona Medusa, con su horrible cabellera de serpientes que hacen olvidar la hermosa cabellera de la que algún día la ex ninfa fue poseedora, según la narrativa de su historia, Medusa era una hermosa ninfa de larga cabellera y ojos hechizantes, ultrajada por el dios de los mares en el templo de Atenea, el relato original dice que la diosa de la estrategia la convirtió en un monstruo por perpetrar su templo. Esa versión supuestamente original ha sido reinterpretada y reescrita por mujeres feministas contemporáneas, argumentando que el fin de dicha transformación fue en acto de defensa, la diosa decidió darle ese aspecto para que nunca más ningún hombre abusara de ella. [1]

     El cuento “Subasta” de la escritora ecuatoriana María Fernanda Ampuero es un relato contenido en la antología Pelea de gallos, publicada en 2018, el relato es narrado por la protagonista, quien fue secuestrada por un taxista después de quedarse dormida dentro del vehículo, cuando despierta se da cuenta de lo que pasa «la alerta que hace hervir el cerebro: se te acaba de joder la vida»[2] dentro, percibe el olor de la clandestinidad, pues su padre era gallero y no tenía con quien dejarla, ella creció entre la inmundicia de cadáveres de gallos, hombres ebrios, violentos y violadores. Para poder salvarse de sus toqueteos, besos y en general, abusos, usa las vísceras de los animales, y los hombres al encontrarse con aquello debajo de los vestidos de la niña, le reclaman al papá por su horrorosa hija: «Tu hija es una monstrua»[3].

     La autora argentina Mariana Enríquez publicó en 2016 su segunda colección de cuentos Las cosas que perdimos en el fuego, el relato del mismo nombre narra la historia de las autodenominadas “mujeres ardientes”, son un colectivo de mujeres de todas las edades que ante la violencia doméstica y machista por parte de sus parejas y ex parejas que las queman para matarlas o deformarlas para que así no puedan pertenecerle a nadie más, deciden quemarse a sí mismas, no para morir, sino para que las quemaduras les sirvan como barrera ante las agresiones de ellos, «Por lo menos ya no hay trata de mujeres porque nadie quiere a un monstruo quemado»[4]menciona un personaje entre risas.

     Ambas narraciones tienen un concepto en común: monstruo, la definición del término es difícil de especificar, Claude Kappler escribe al respecto «No existe una definición de monstruo, sino algunas tentativas de definición que varían según los autores y, sobre todo, según las épocas. En sentido más general, el monstruo es definido en relación a la norma»[5] se entiende entonces que la categoría monstruo está estrictamente ligada a las concepciones sociales y culturales de lo horroroso, lo temible, lo antinatural, es todo aquello que va contra lo valores morales y estéticos de la época.

     Las mujeres deben ser, según el patriarcado, bellas, dóciles y frágiles, los relatos anteriormente descritos tienen protagonistas que no encajan con dichos conceptos de feminidad, en el relato de Ampuero, la protagonista aprende desde niña que para protegerse debía hacer uso de aquello que horrorizaba a sus abusadores «Descubrí que a esos señores tan machos [..] les daba asco la caca, y la sangre y las vísceras de gallo»[6] a ella no le importaba oler a muerte, ni bañarse en sangre, no quería oler bonito ni verse linda, sólo quería no ser besada por señores, «Me llenaba las manos, las rodillas y la cara con esa mezcla y ya no me jodían con besos ni pendejadas»[7].

     Por otra parte, en la narración de Enríquez encontramos no a una mujer fuerte, sino, a una colectividad de mujeres valientes dispuestas a prenderse fuego antes de que ellos lo hagan «Las quemas las hacen los hombres, chiquita. Siempre nos quemaron. Ahora nos quemamos nosotras. Pero no nos vamos a morir: vamos a mostrar nuestras cicatrices» [8], también rompen con su rol sexo-genérico, pues cansadas de ver cómo los hombres las queman por celos, venganza o enojo, ellas utilizan las hogueras, en las que por cuatro siglos ardieron sus ancestras, como un medio de liberación del deseo, consumo y maltrato masculino.

     Por tanto: «Lo monstruoso sería aquello que se enfrenta a las leyes de la normalidad»[9], las mujeres de estas historias son monstruas porque no acatan los mandatos patriarcales de dejarse tocar, besar, agredir o asesinar por un hombre, como lo marca el sistema de dominio de los hombres. Es todo aquello que subvierte al sistema o a los sistemas dominantes, en un mundo carnívoro, lo horroroso es no consumir cadáveres de animales, en una realidad hecha para personas blancas, los labios gruesos, los cabellos rizados y las pieles oscuras son ejemplos y motivos de marginalidad, en un sistema capitalista, toda aquella persona que no quiera contribuir a su desarrollo ni vivir bajo dicha doctrina económica-política, será condenada a vivir en un laberinto sin salida junto al minotauro, expulsado también, por su monstruosidad.

     Esa rebeldía monstruosa, asusta al poder, porque por lo regular, sobre todo en el caso de las mujeres, busca esquivarlo y en ese intento muchas veces logra destruirlo, la protagonista de Subasta, gracias a su entrenamiento de niña puede salir con vida de aquella venta de humanos, apelando una vez más a la sensibilidad, cuando es su turno de ser subastada, se orina y caga encima, además se muerde la lengua hasta chorrear sangre por todo su pecho, quien está vendiéndola habla:«¿Cuánto dan por este monstruo?/ nadie quiere dar nada»[10], lo único que les queda por hacer es tirarla en una carretera, viva.

     Las mujeres argentinas auto quemadas, en un acto de valentía, pero sobre todo de rebelión prefirieron lesionarse antes que ser objeto de las violencias masculinas, «Solo un monstruo es el que obstruye la lógica del poder monárquico, aristocrático, populista. Siempre eugenésico; el que rechaza la violencia y el que expresa insubordinación»[11], aquellos que están cómodos con los sistemas imperantes son los normales, los hombres en un mundo patriarcal, los humanos en un mundo androcentrista, los ricos en un mundo capitalista y clasista, los neurotípicos en un mundo que condena las neurodivergencias.

     ¿Cuándo llegará el mundo ideal de hombres y monstruas? Se pregunta una de las chicas quemadas, nunca, digo yo, porque las personas monstruosas jamás serán aceptadas en los mundos ideales porque estos no están hechos para ellas, para ellas existen los lugares clandestinos, las hogueras, los sanatorios psiquiátricos, las cárceles, los centros de conversión, los laberintos, para ellas están los mitos, los cuentos, las monstruas siempre podrán habitar el mundo que no es normal, habitan el fuego, junto a todas sus ancestras monstruas, mientras luchan por transgredir el poder de lo hegemónico, mientras hacen piedra con la mirada a aquellos que quieran someterlas.

Bibliografía

Ampuero, María Fernanda

2018 “Subasta” en «Pelea de gallos», editorial páginas de espuma, Madrid

Enríquez, Mariana

2016 «Las cosas que perdimos en el fuego» anagrama

Escamilla Montoya, Luis Jaime

2016«Lo monstruoso: una estrategia basada en el automatismo psíquico para la creación de formas monstruosas», Universidad Autónoma de México,

Gutiérrez, Blanca

2020 «El silencio de Medusa» México

Negri Antonio

2007 El monstruo político. Vida desnuda y violencia en «Ensayos sobre biopolítica »

Torrano, Andrea

2014 «La monstruosidad en G.Canguilhem y M. Foucault una aproximación al monstruo      

 

             biopolítico», Universidad Nacional de Córdoba, Argentina

 

[1] Blanca Gutiérrez, El silencio de Medusa, México, 2020

[2] María Fernanda Ampuero, “Subasta” en Pelea de gallos, editorial páginas de espuma, Madrid, 2018, p. 8

[3] María Fernanda Ampuero, “Subasta” en Pelea de gallos, editorial páginas de espuma, Madrid, 2018, p. 5

[4] Mariana Enriquez, “Las cosas que perdimos en el fuego” en Las cosas que perdimos en el fuego, anagrama,2016, p 195

[5] Recuperado de: Andrea Torrano, La monstruosidad en G.Canguilhem y M. Foucault una aproximación al monstruo biopolítico, Universidad Nacional de Córdoba, Argentina, 2014, p. 88

[6] María Fernanda Ampuero, “Subasta” en Pelea de gallos, editorial páginas de espuma, Madrid, 2018, p. 5

[7] María Fernanda Ampuero, “Subasta” en Pelea de gallos, editorial páginas de espuma, Madrid, 2018, p. 5

[8] Mariana Enriquez, “Las cosas que perdimos en el fuego” en Las cosas que perdimos en el fuego, anagrama,2016, p 192

[9] Luis Jaime Escamilla Montoya, Lo monstruoso: una estrategia basada en el automatismo psíquico para la creación de formas monstruosas, Universidad Autónoma de México, 2016, p.25

[10] María Fernanda Ampuero, “Subasta” en Pelea de gallos, editorial páginas de espuma, Madrid, 2018, p.10

[11] Toni Negri El monstruo político. Vida desnuda y violencia, 2007, p.103

 

 

* Andrea Navarro: Egresada de la licenciatura en letras, tallerista, ponente y Activista lesbofeminista. Escritorio de barrio