
Por: Victoria Giles Mercado
Como es ampliamente conocido, Simone de Beauvoir fue una filósofa, docente, escritora y pensadora que revolucionó el movimiento feminista de la segunda ola. En 1948 Simone de Beauvoir comienza a trabajar en un proyecto que le tomará más de un año publicar El segundo sexo (1949). Para éste momento ella no se consideraba feminista, sino socialista, convencida de que éste movimiento liberaría también a las mujeres, postura que después no abandonó pero que suplementó, al unirse al MLF: Mouvement de libération des femmes, tras la invitación para participar en un manifiesto proaborto, y que la convocaría poco después a pronunciarse como feminista.
El pensamiento de Simone de Beauvoir en el feminismo es una potencia que al día de hoy continúa vigente y que desde muchas aristas, aspira a seguir dando luz. Este texto aparece a mediados del siglo XX con la pregunta “¿Qué es la mujer?”, en donde trabaja la manera en la que desde distintas disciplinas se sostiene una universalidad de la figura de la mujer que Simone no concede porque aquello que sería la mujer no existe, sino que es aquello que denomina el eterno femenino, que forma parte de la invención de la mirada androcéntrica.
Simone de Beauvoir no suscribe los supuestos fundamentos biológicos que establecen lo masculino y lo femenino, el hombre y la mujer, aunque sí la materialidad del cuerpo y la diferencia orgánica (aunque no necesariamente sexual), por lo que la pregunta en su texto va más allá: ¿de qué manera ésta diferencia en la materialidad del cuerpo tiene condición de inferioridad/superioridad?
No es la menstruación, ni el embarazo, ni la menopausia lo que delimitan qué es la mujer; sino el modo en el que todas estas manifestaciones condicionan cómo se vive el cuerpo, cómo se relaciona con éste y a partir de éste: “Las singularidades que la especifican derivan su importancia de la significación que revisten (...) no hay que deducir que sus ovarios la condenan a vivir eternamente de rodillas.” (p. 721). De ésta manera para Simone el cuerpo más allá de su materialidad es una situación, nada es natural sino “un producto elaborado por la civilización” (p. 719).0
Desde distintas aproximaciones la ciencia ha intentado sostener y comprobar la inferioridad natural y auténtica de la mujer, recurriendo a recursos como la religión, la psicología, la filosofía, el psicoanálisis, la historia, la teología, todos insisten en que la mujer por su “constitución” es siempre diferente, pero ello no es lo que la ubica como algo del orden de lo negativo, sino que es la subordinación, una de orden natural, constitutiva, la que imprime el deber de asumir la diferencia.
Las categorías de lo Uno y lo Otro son fundamentales para ubicar la situación de todo ser humano, no existe relación que no esté definida por este dualismo y el pensamiento de Simone de Beauvoir es fiel a ésta noción. Para la autora en el momento en que un ser humano o colectividad se asume como lo Uno, como lo esencial y universal, inmediatamente ubica a lo Otro. El asumirse como lo esencial tendrá como fin afirmarse, darse un lugar en el mundo, pero este hecho es relativo, pues no en toda relación se juega la superioridad/inferioridad. La cuestión será entonces cómo es que la mujer se ubica y asume el lugar de lo Otro, y cómo ese lugar de lo Otro se vuelve limitado, subordinado.
A su alrededor, todo el mundo ha sido planteado en base a esta categoría, todo es una invitación para participar en la misma y, esto parecerá ser la única vía en tanto que aparece como un régimen desde la infancia, es el mito de la feminidad. La existencia que le es demandada se vuelve la única forma posible de ser, rehusarse a participar de la misma tendrá consecuencias.
¿Son las mujeres por naturaleza tiernas, sensibles, pequeñas, sumisas, desprotegidas? ¿Tienen por naturaleza gusto por el color rosa, las flores, vestidos, moños, la moda, delgadez, estar siempre depiladas, impecables, prolijas? ¿O es una manera específica de relacionarse con el cuerpo propio y el cuerpo propio con lxs otrxs que nos han enseñado desde pequeñxs? Sostener esa forma de ubicarse en el mundo es siempre la más cómoda, porque la conocemos, sabemos cómo andar con ello, aunque tiene altos costos. Pero ¿qué implicaciones tendría asumir otra relación con el cuerpo? ¿Qué consecuencias tendría renunciar a participar del mito de la feminidad?
- Victoria Giles Mercado estudio Psicología, posteriormente una maestría en Teoría Psicoanalítica y una licenciatura en Educación Inicial y Preescolar. En el ámbito cultural ha participado en el programa de animación a la lectura en las dos últimas ediciones de la Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil en la Ciudad de México. Asimismo, ha colaborado en el fanzine Elpis, vol. I, por Antígonas: Las palabras que nos quedan. https://www.calameo.com/read/0066260519291b10c5ccb Participación en la revista Parábola, Sociedad de Alumnos de Literatura Latinoamericana, Universidad Iberoamericana: 77 años de Eduardo Galeano https://issuu.com/revistaparabola/docs/parabola_ultima_version Colaboración en el portal Malvestida con el texto: Qué es el hirsutismo y cómo esta condición me enseñó a quererme. https://malvestida.com/2020/03/que-es-el-hirsutismo-experiencia-personal-testimonio/