
Por: Mauricio González González
En el año 2000 el químico atmosférico Paul Crutzen, premio nobel de química cinco años atrás, junto al limnólogo Eugene F. Stoermer, publicaron en un boletín interno del Programa Internacional Geosfera-Biosfera (igbp), un artículo donde presentaban por vez primera la idea de una nueva época geológica. Dos años después Crutzen plasmó la hipótesis en un breve y hoy celebre artículo de Nature titulado “Geología de la humanidad”. La propuesta era muy concisa: los seres humanos se convirtieron en una fuerza geológica poderosa a tal grado que es preciso designar una nueva época geológica, el Antropoceno.
Una propuesta de tal envergadura no pudo sino detonar apasionados debates, los principales esgrimidos en un principio dentro del propio campo de la geología, agrupados en al menos dos grandes derroteros: el primero enfocado a la existencia o no de tal época y, el segundo, en ubicar el inicio de la misma, localizando a su vez el final del Holoceno. Para ello se creó el Grupo de Trabajo del Antropoceno (awg) como parte de la Comisión Estratigráfica del Cuaternario, de la Comisión Internacional de Estratigrafía de la Unión Internacional de Ciencias Geológicas (iugs). Su aval requería saldar por lo menos tres condiciones: 1) una base sincrónica que indique su comienzo en todo el planeta; 2) una posición específica en el registro sedimentario (el famoso “clavo de oro”) y; 3) un rango claramente identificado en la jerarquía estratigráfica (es decir, como etapa, época, periodo, era).
El siglo XXI nacía en nueva época geológica, un doble amanecer que vio proliferar toda clase de reflexiones desde campos tan diversos como la economía, el arte, la antropología, la filosofía, la historia, la ecología política y los estudios culturales. Ello se vio reforzado en 2016 por un artículo publicado en Science donde el awg expresaba abiertamente que el Antropoceno era funcional y podía ser estratigráficamente distinto al Holoceno, cuyo probable inicio podía ubicarse a mediados del siglo xx, lo cual no sólo no menguó las controversias sino que encendió alarmas sobre el potencial desborde del espacio operativo seguro para la humanidad.
El 2024 fue un año decisivo para este debate, después de 15 años de haberse formado el awg se realizó la votación y argumentación por parte de sus miembros para mostrar evidencias sobre la nueva época geológica. La respuesta fue abrumadora: 4 votos a favor, 12 en contra y 3 abstenciones (Comunicado del iugs, marzo de 2024). El Antropoceno no existe geológicamente. ¿Y entonces, qué hacemos con el cúmulo de pensamiento en torno a ello? ¿Erran quien les considera? Todo indica que el debate geológico sobre el Antropoceno no cesará, mas los alcances que tiene, incluso dentro de un grupo especializado cuya votación no fue unánime, difícilmente pueden desecharse: la puesta en cuestión de la división naturaleza-cultura es invaluable. El impacto de actividades antropogénicas bajo matriz energética fósil debe parar. En tiempos de emergencia climática, la creatividad y sensibilidad que hereda la propuesta del Antropoceno es fundamental para un futuro posible a la humanidad.
- Mauricio González González estudió la licenciatura en Etnología, así como una maestría en Teoría Psicoanalítica, y la maestría y doctorado en Desarrollo Rural. Ha sido profesor de diferentes programas de estudio y posgrados tanto en escuelas privadas como públicas y comunitarias. Asimismo colabora en diferentes organizaciones y redes de la sociedad civil, principalmente ambientalistas. Escribe en el suplemento La Jornada del Campo y la agencia informativa Desisnfomémonos. Actualmente forma parte del colectivo CORASON, con quien participa en Radio Huaya “La voz campesina” dentro de la barra de opinión.