Ciencia, pseudociencia y las formas del conocimiento

 

ciencia pseudociencia

Por: Miguel Angel Maciel González

Una planta como entidad viva requiere de la actividad fotosintética para su desarrollo y continuidad en sus procesos. Lo mismo ocurre con el ser humano, no obstante, a diferencia del universo vegetal, acude al conocimiento para comprender, adaptarse y generar impulsos vitales para prosperar en su entorno. Por otro lado, a lo largo de su trayectoria histórica, la humanidad crea campos de conocimiento, como mito, religión y arte con la finalidad de autentificar o falsificar aquello que nombra realidad y con ello busca definir determinado provecho o utilidad.

    Uno de esos dominios es el de la ciencia. Jesús Galindo (1987) afirma que la ciencia pone orden a la confusión. Sin embargo, aproximarse a lo científico implica trascender fórmulas simples mencionadas por Mario Bunge (1985), con relación a creer que la ciencia en primer lugar se reduce a descubrir cosas, sin considerar las estructuras de pensamiento, las cuales elaboran y asocian conceptos y/o aconteceres. En segundo lugar, entender a ésta como recolección de datos, los cuales se definen por sí mismos y no en función de un fondo de sentido que los trata de una manera y no de otra.

    Y, en tercer lugar, establecer como actividad crítica, la cual refuta, sin atender la importancia de las teorías y argumentaciones realizadas para gestar un campo y explicar su lugar de estudio. Ante ello, Bunge propone a la ciencia como: “… la familia de todas las ciencias. También es posible adoptar esta otra definición: la ciencia es el campo de investigación cuyo fondo específico es igual a la totalidad del conocimiento científico acumulado en todas las ciencias particulares. Mas precisamente” (Bunge, 1985, p. 30).

    Tal acercamiento señala a la ciencia como producción de ese conocimiento desarrollado en lo formal y fáctico, lo cual implica que para su constitución existe un canon o decatupla en donde además de explicar las condiciones para ser ciencia, también expresa la complejidad de esta actividad.

    Para sintetizar los fundamentos de dicha decatupla se puede hablar de cuatro características (esperando no simplificarlas) que las esencializan:

  1. Una estructura institucional la cual investiga,
  2. Los objetos de estudio,
  3. Las concepciones epistemológicas que organizan la indagatoria y
  4. Los aspectos teóricos, metodológicos, de pensamiento que cambian a través de la refutación en el vínculo hecho-idea y la instauración provisional de ciertas leyes.

Un ejemplo de esta actividad es la del teórico de la comunicación Manuel Martín Serrano (1991), quien para evaluar la emergencia de la comunicación habla de adoptar una actitud científica, la cual refiere a definir que lo sabido de ésta no es el punto final, sino de inicio, por ello adopta una pregunta fundacional ¿En dónde surge la comunicación?

    Por otro lado, si se trata de distinguir a la ciencia de la llamada seudociencia, es necesario anotar a la primera como una concepción de búsqueda de conocimiento y verdad, a través de los cuatro componentes resumidos, pero con el referente a su apertura a la reflexión, discusión, crítica y reconstrucción de acuerdo con las realidades cambiantes y las cuales van ajustando el trabajo del científico, quien a su vez muestra nuevas miradas formales a lo estudiado y que serán refutadas. Pero la pseudociencia, como campo de conocimiento, no tiene la intencionalidad de utilizar la práctica del conocimiento del mundo a través de una ideología científica que además de su rigurosidad y provisionalidad, también emplea una dimensión ética para los asuntos de la investigación y producción de la verdad, más bien supone cuatro aspectos:

  1. Una estructura organizada entre quienes se asumen como defensores (conocidos como creyentes) sin pruebas de lo que hablan y aquellos quienes por una utilidad práctica (ubicada en los objetivos), reconocen y validan ese conocimiento,
  2. Un discurso posicionado en ambientes irreales paranormales con los cuales generar explicaciones,
  3. Sus argumentaciones son incontratables con la realidad y los métodos usados carecen de justificación sobre cómo intervienen sobre las cosas y
  4. Al no ambientarse en lo real, en su ausencia de comprobación, no aceptar crítica, ni relacionarse con otras perspectivas, se dice que representa un dogma.

Existe un ejemplo en Marcelino Cereijido (2009), el cual Bunge toca también (aunque de otra manera), sobre la idea creacionista del conocimiento científico. El divulgador argentino, habla de que la ciencia moderna, se autoconsidera como aquella donde nace este conocimiento, pero olvida la emergencia y desarrollo del cerebro, por lo cual el conocimiento existe antes de esta forma institucional.

Referencias

Bunge, M. (1985). Seudociencia e ideología. Nueva Alianza.

Cereijido, M. (2009). La ciencia como calamidad. Gedisa.

Galindo, L.J. (1987). Organización social y comunicación. Premia Editora.

Martin Serrano, M., et. al. (1991). Teoría de la comunicación. I. Epistemología y análisis de la referencia. UNAM-ENEP Acatlán.

 

  • Miguel Ángel Maciel González es licenciado en Periodismo y Comunicación Colectiva y posgrado en Sociología y es colaborador de Pedagogía. Además, es colaborador para Revista Razón y Palabra, Angel Metropolitano y Enpoli. Tiene más de 10 libros como coautor principalmente en temas de ciencias sociales, comunicación y tecnología desde un enfoque crítico.