
Por: Cristian Uribe Hidalgo
Si la cultura escrita de un pueblo o grupo social es el fundamento de su identidad y, por tanto, de su proyecto de futuro, ésta no puede ser importada; necesita ser producida por él mismo.
Gregorio Hernández Zamora
Partiendo de la idea de que la oralidad y la escritura coexisten y se escinden en las comunidades humanas, se recupera la relación intrínseca entre estos dos estadios del lenguaje en consideración a los valores sociales existentes, pues la diferencia radica en las condiciones de producción.
El tránsito del lenguaje oral al lenguaje escrito no es una acción aislada, sino la vinculación del desarrollo económico, político y cultural de una sociedad, puesto que el lenguaje, al ser una herramienta básica de las relaciones sociales, está condicionado por las diferentes clases de intereses humanos. De este modo, podemos aludir a la idea bourdeiuana que describe claramente que el lenguaje, por un lado, es un instrumento de conocimiento y de comunicación y, por otro lado, es un instrumento de poder. (Bourdieu, 1985)
La complejidad de la comunicación humana pone a la vista una problemática, la cual radica en categorizar el lenguaje solamente a un aspecto idealista (filosófico) y cultural, ya que la transformación de la oralidad a la escritura ha sido onsiderada, por muchas personas estudiosas del tema, ajena a los problemas sociales y más vinculada a los principios evolucionistas de las ciencias naturales. Por el contrario, es importante entender que el lenguaje, en cualquiera de sus formas, está intrínsecamente alineado al concepto de poder, porque el lenguaje está construido por y para la humanidad que vive en sociedades que se encuentran definidas por sus condiciones materiales.
Se debe considerar el lenguaje como una de las primeras herramientas que facilitó la construcción de las relaciones humanas y de los grupos sociales, empleándose para la construcción de las primeras civilizaciones. Recordemos que la humanidad se escindió de los otros animales cuando desarrolló la facultad de razonamiento, la cual le permite reflexionar sobre la existencia de sí misma y crear mundos posibles a partir de su capacidad de imaginar. A partir de este momento se inició la aplicación del poder a través del lenguaje hablado en la construcción de acciones organizadas y guiadas por los intereses económico-políticos para el mantenimiento y la concentración de esta facultad en las manos de unas cuantas personas.
La especialista Denize García (1996) propone que el lenguaje se moldea para ser utilizado por quienes detentan el poder en las comunidades, pues son quienes lo ejercen imponiendo su voluntad para cumplir con ciertos intereses. Algunas culturas desarrollan cambios en el lenguaje, porque cuentan con las condiciones materiales, políticas y sociales para el trasiego hacia un lenguaje escrito formando una identidad que consideran fundamental preservar para las futuras generaciones, como fue el caso de los griegos con las obras poéticas de la Ilíada y la Odisea, las cuales fueron transcritas después de varios siglos de haberse transmitido oralmente.
Es por eso por lo que resulta factible que, ante la construcción de una comunidad fuerte con personas que concentran y preservan la misma forma de gobierno (en el caso de los griegos: la tiranía ateniense), se busque la concreción del poder a través del imaginario de obras que se transmiten por medio de un lenguaje oral y, posteriormente, de un lenguaje escrito, ya que en este último se logra cierta permanencia de los valores sociales y, en consecuencia, de un modelo de producción. (Ong, 2006, p. 20)
La oralidad trasmuta a la escritura por diferentes intereses, principalmente económico-políticos, ya que ha sido útil para la división de clases, pues el lenguaje escrito requiere de una serie de habilidades formativas con las que no cuentan la mayoría de las personas, por lo cual se vuelve un lenguaje al que puede acceder una minoría, solamente la que detenta el poder, creando así una escisión de clases en las comunidades que abre la brecha de la desigualdad.
Con el paso de los años, la formación académica vinculada al aprendizaje de la escritura se ha convertido un privilegio al que solo algunas clases con “cierto” poder pueden acceder. Siendo así, se advierte que las instituciones trabajan para fortalecer el continuum de la desigualdad y el prejuicio social (García, 1996), porque la adquisición de la escritura otorga un poder a unos pocos. Menciona García (1996) que hay investigadores que sostienen que la escuela tiene como propósito sistematizar el conocimiento humano y crear las formas de aprendizaje que son acordes a un modelo de clases, porque el conocimiento es poder y la escritura se enseña especialmente en la escuela donde se define una concepción de la realidad.
Podemos observar que las escuelas y las universidades normadas por los intereses de una minoría en el poder institucionaliza esta desigualdad en la que solamente quienes asisten a esta educación formal se les instruye en el arte de la escritura fomentando que se reproduzca el mismo discurso para la conservación del sistema imperante. Recordemos el caso de los griegos, quienes a partir de la construcción de una identidad basada en historias épicas, decidieron favorecer al gobierno de tiranos con la instauración del lenguaje escrito para dejar una impronta ideológica en el imaginario social que ha llegado hasta nuestros días.
No obstante, al mismo tiempo la escritura abre la oportunidad a quienes la poseen de aportar instrumentos valiosos para cambiar la realidad de todas aquellas personas que fueron separadas en otras clases, por lo que resulta evidente que la clase dominante considere fundamental la censura al aprendizaje de la escritura con pensamiento crítico, pues ésta resulta ser una herramienta que permite el proceso de concientización y fortalece a las clases dominadas para cambiar el statu quo y transformar su realidad.
Hay que cuestionar la responsabilidad de la reproducción del poder dominante desde las instituciones académicas en las llamadas sociedades democráticas modernas, las cuales prima facie apelan a la libertad de las personas, aunque simultáneamente a la sociedad de clases, la desigualdad de oportunidades y la falta de incentivos para estudiar y más aún para escribir con pensamiento crítico. Esta situación confirma el mantenimiento de una clase en el poder a través de otras clases que acceden a los espacios educativos y reproducen este sistema, sosteniendo así una relación de poder entre la clase dominante que ejerce su voluntad y entre las clases dominadas que son sometidas.
En suma, actualmente las ciencias sociales y las humanidades están resignificando el lenguaje y apostando al estudio de las condiciones materiales en las sociedades modernas, pues son las personas las creadoras de esta herramienta que les permite ejercer un poder sobre las demás, un poder que es inherente como lo es el lenguaje. Por lo cual, es necesario entender que el aprendizaje de la escritura con pensamiento crítico alecciona la manera en la que interpretamos el mundo a través de la argumentación de nuestras ideas y acciones con base en la realidad que vivimos, pues con ello fortalecemos nuestra conciencia de clase para aprender, divulgar y resignificar el conocimiento escribiendo nuestra identidad y enseñando a escribirla a otras personas, con el fin de luchar por una igualdad de condiciones materiales y, por consiguiente, políticas y socioculturales.
Referencias:
Bourdieu, Pierre (1985). ¿Qué significa hablar? Economía de los intercambios lingüísticos. Akal.
- (1990). Sociología y Cultura. Grijalbo-CONACULTA.
Garcia da Silva, Denize. Elena (octubre, 1996). Los valores sociales del habla y de la escritura. En “El sentido de la pedagogía”. Conferencia llevada a cabo en el Centro de Educación Continua, UNAM, México.
Hernández Zamora, Gregorio (2004). ¿Se puede leer sin escribir? La Jornada. https://www.jornada.com.mx/2004/04/18/mas-puede.html
Ong, Walter (2006). Oralidad y escritura. FCE.
Cristian Uribe Hidalgo es maestro en Métodos y técnicas de la Investigación Social por CLACSO, es licenciado en Letras Clásicas por la UNAM, en Ciencia Política y Administración Urbana por la UACM y en Derecho por la UnADM. Así como realizó estudios en griego moderno en la Universidad de Aristóteles y la Universidad Nacional y Kapodistríaca de Atenas, Grecia. Recibió mención honorífica en el Premio Nacional al Estudiante Universitario 2021, categoría "Carlos Fuentes". Ha impartido cursos y módulos de escritura/redacción en la Escuela Normal Urbana Federal Cuautla (2024-actualmente), así como a grupos de niñas, niños y jóvenes para aprender a escribir correctamente (2013-actualmente). Ha impartido módulos de expresión oral en el Fondo de Lucha por la Democracia A.C. para adquirir herramientas para hablar correctamente en público (2022). Ha publicado los libros: "Prácticas para hablar en público. Manual retórico para exponer, participar y expresarse en el espacio universitario" (2024); "Antología de ensayos académicos. Reconocimientos de las estructuras discursivas y reflexión de los aprendizajes desde las experiencias inter y transdisciplinarias de la UACM" (2024); y, en modalidad de coeditor y compilación, "Pensamiento Marxista Crítico y Revolucionario UACM" (2024). Además de otras publicaciones de obras, ensayos o artículos en revistas como Comunera, De Política, CLACSO en temas como derechos humanos, feminismo y nuevas masculinidades, neoextractivismo, historia de México, zapatismo, marxismo, filosofía nahua e indígena, entre otros. Actualmente es Coordinador del Comité de Pensamiento Marxista Crítico y Revolucionario UACM (2023-2024), el cual organizan continuamente coloquios internacionales, presentaciones de libros y revistas, así como presentaciones de ponencias o conferencias de corte marxista, progresista en todos los campos del conocimiento (ciencias sociales, humanidades y ciencias naturales).
[1]Este ensayo recibió mención honorífica en el Premio Nacional al Estudiante Universitario 2021, categoría “Carlos Fuentes”.
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