
Por: Angélica Meneses
La implementación de la economía digital como iniciativa para Latinoamérica ha sido impulsada por varios Organismos Internacionales desde años previos a la pandemia (2017) como una alternativa para agilizar sus operaciones, crear empleos y aprovechar las innovaciones del mercado que se ha venido consolidando a nivel global. Autoras y autores de distintas partes del mundo publicaron artículos con ideas que parten desde las ventajas de la incorporación progresiva y plena, hasta los obstáculos que enfrenta dicha iniciativa en su implementación, principalmente para países que no forman parte del capitalismo central, norte global o países desarrollados, como hay quien aún llama. El efecto de la pandemia por Covid-19 aceleró los procesos de integración global y las “nuevas formas” de trabajar, también trajo consigo por un lado el aumento de la pobreza y por el otro, el ascenso de unas cuántas personas a las listas de personas más ricas del mundo, como Jeff Bezoz, fundador y ejecutivo de Amazon.
A la par de la identificación de cuestiones como las telecomunicaciones, donde a nivel global, 54% de las mujeres tienen acceso a teléfonos móviles con internet, frente a 68% de hombres y, a nivel de América Latina, 60% de mujeres cuentan con acceso a esta tecnología y 64% en hombres. Estos porcentajes podrían no despertar mucha polémica, pero si se les compara con otros países y regiones se observará que la brecha es muy amplia. Por ejemplo en Europa, el 77% de las mujeres tiene acceso a la tecnología, mientras que en Estados Unidos es del 94%. A partir de lo anterior, surgen varias preguntas que pueden plantearse pero la primera sería: ¿por qué estás diferencias?. Es importante mencionar que las estadísticas no consideran la diversidad, ni el rango de edades, pero sí señalan cuestiones importantes que se destacan a continuación.
Autoras, plantean que la digitalización amplía las brechas de desigualdad entre mujeres y hombres, ya que ellas no tienen el mismo acceso en términos de comunicación, calidad de la comunicación y tecnología, y también identifican una oportunidad en la inclusión digital, no sólo por la cantidad de mujeres usuarias de servicios, pero también por sus perfiles. Algunas otras, ponen el foco en las barreras como la falta de habilidades digitales, pero también del lado de instituciones que proveen servicios que aún no son del todo suficientes, eficientes ni generan confianza a la población.
Mi reflexión va en dos sentidos, primero en las implicaciones de la inclusión digital en términos de economía para las mujeres, donde encuentro un lenguaje común a los argumentos de las microfinanzas cuando eligieron a las mujeres con proyectos productivos y/o de servicios como deudoras solidarias: su capacidad de compromiso y pago, clientas excelentes y de largo plazo donde el único beneficio para ellas es el financiamiento (condicionado) para sus actividades contra el beneficio que reciben las microfinancieras gracias a sus tasas de interés que en ocasiones superan el 100%. Las grandes instituciones crediticias, que históricamente han ignorado dicho sector, ahora ven un área de oportunidad enorme para capitalizarse sin tener que invertir en sucursales próximas a sus lugares de origen, a diferencia de las instituciones de microfinanciamiento.
Segundo, sobre la pertinencia de la digitalización a nivel global, es decir, que la iniciativa es muy ambiciosa y totalizante, pero, ¿es posible eso en países tan diversos y heterogéneos como los de América Latina? donde la cultura de algunas generaciones sigue siendo el contacto, lo tangible y material como el efectivo, instituciones burocratizantes de la vida, falta de infraestructura social, países que aún se encuentran en la lucha por visibilizar inequidades, pobreza, violencia, necesidades básicas insatisfechas, precariedad y flexibilización laboral, dobles/triples jornadas de trabajo para las mujeres, y en un panorama esperanzador, lugares donde se apuesta por proyectos comunes, locales, o de autogestión. Por qué recurrir a lo general, único y hegemónico en términos financieros, cuando se supone que debe estar al servicio de lo común? Utilizar la palabra inclusión, como sinónimo de incorporación a un sistema, es algo que no debe perderse de vista a la hora de analizar temas relacionados a la digitalización.
- Angélica Araceli Meneses López es mexicana, economista, diplomada en Economía y Negocios Internacionales por la Facultad de Estudios Superiores Aragón (FES Aragón), especialización en Desarrollo Social por el Posgrado en Economía, maestra en Estudios Latinoamericanos por la Facultad de Filosofía y Letras (FfyL), todas integrantes de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Experiencia en organizaciones sociales y perspectiva de género a partir de generación de la generación de instrumentos cualitativos y trabajo en campo para asociaciones de la sociedad civil, instituciones públicas y académicas. Actualmente doctorante de la Unidad Académica en Estudios del Desarrollo por la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ). Intereses de investigación: feminismos, género y política social.