
Por :Roberto Soto Esquivel *
La desigualdad es uno de los grandes problemas que enfrentan las mujeres en México, si bien, han luchado por aminorar este fenómeno, aún queda camino por recorrer. Romper el techo de cristal es una tarea que están emprendiendo. Desde el ámbito económico, alcanzar puestos de decisión, empleos en sectores de mayor productividad, una mejor remuneración por la actividad que realizan son algunos obstáculos que enfrentan día a día. Si se abordan cuestiones sociales como son la violencia física, psicológica, sexual, patrimonial, entre otras, también son barreras que impiden que tengan igualdad en todos los ámbitos.
En este sentido, el gobierno debe incidir de manera tajante en la formulación de políticas públicas que permitan desquebrajar el techo de cristal. La evidencia empírica demuestra la desigualdad e inequidad que enfrentan las mujeres: por ejemplo: a) en el nivel de preparación y formación profesional, sólo 2 de cada 10 egresadas en Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas son mujeres, para Girón (2018) esto es un escenario de segregación horizontal lo que implica bloqueos en la formación profesional de las mujeres; 2) otro elemento que dificulta lograr sus objetivos y metas que se plantean es la conciliación de la vida familiar y profesional, que se dificulta aún más por la estructura patriarcal de la división del trabajo.
Repasemos solo algunos ejemplos de la desigualdad que enfrentan las mujeres.
- a) Según datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo para el tercer trimestre, el 61% de las mujeres económicamente activas cuentan con el nivel medio superior y superior de estudios, mientras que entre los hombres se sitúan en un 81%. Esto es un ejemplo de la gran desigualdad entre hombres y mujeres. Si se considera el salario, las distancias persisten, a pesar de una mejora salarial. Con datos de Instituto Mexicano de Seguro Social, para octubre de 2024, las mujeres reportaron un salario de 537.29 pesos diarios; en comparación, los hombres asegurados tuvieron un salario de 609.59 pesos diarios. Es decir, las mujeres deben tener un incremento del 13.45% en su salario para alcanzar el promedio que ganan los hombres.
- b) Entre más alta es la jerarquía piramidal, menos mujeres tienen puestos de dirección. En México, sólo el 28% de estos recaen en mujeres. Es importante que los puestos de toma de decisiones sean cada vez para mujeres. Si bien, en México, se cuenta ahora con la primera mujer presidenta, esto se debe traducir en políticas que reduzcan la brecha existente. También es importante destacar que se debe tener un verdadero posicionamiento de las mujeres en los puestos de poder y de decisión y que no sea sola una justificación de inclusión, es decir, muchas veces es más simbólica que funcional. Estructuras de gobierno, empresas, universidades, buscan cumplir la “cuota” pero sin tener una intención genuina de ser inclusivos.
Por lo anterior, se debe alcanzar una igualdad y equidad sustantiva, eliminando los esquemas patriarcales existentes en todos los ámbitos de la vida de las mujeres, (por ejemplo, en la inequidad en el trabajo del hogar no remunerado). Cerrar las brechas de género es por cuestiones de justicia social, no por empatía. La política pública debe ser diseñada con enfoque de género, por ejemplo, creando programas de financiamiento que otorguen créditos (a fondo perdido o con bajas tasas de interés) a cooperativas productivas (más el apoyo técnico necesario para su funcionamiento) que empleen exclusivamente a mujeres. Aceleremos el romper el techo y paredes de cristal.
Referencia:
Girón, Alicia (2018): “Atrévete a cambiar, rompiendo el techo de cristal” en: Atrévete a cambiar: a una cultura de igualdad sustantiva. México, Comisión Nacional de los Derechos Humanos, pp. 93-107
- Roberto Soto Esquivel es Doctor en Economía egresado del Posgrado de Economía de la Universidad Nacional Autónoma de México. Actualmente es Profesor-Investigador de la Unidad Académica en Estudios del Desarrollo de la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ). Realizó una Estancia Posdoctoral en el Centro de Estudios de Administración de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Miembro de la Red Iberoamericana de Estudios del Desarrollo (RIED) y del Sistema Nacional de Investigadores. Su línea de investigación general es la economía financiera; y líneas particulares como: microfinanzas y análisis del sector financiero internacional.