
Por: Citlaly Aguilar
La mujer singular y la ciudad es un libro autobiográfico de Vivian Gornick en el que la autora reflexiona en torno de esas dos condiciones: ser mujer y vivir en Nueva York. Ahí fue donde leí una anécdota que me resonó mucho: Gornick cuenta que desde pequeña, al igual que las mujeres de su generación, soñaba con encontrar al Príncipe Apasionado, ella usa justo esas dos palabras con mayúscula, y creía que con él su vida “adoptaría su forma definitiva”, como si sin eso la vida fuera… ¿temporal? ¿Incompleta? Ella dice que claro que conoció a muchos hombres, de hecho, se casó y divorció dos veces, pero no lograba sentir esa onda de los definitivo. Y entonces, cuando estaba cerca de cumplir los cuarenta años, se enamoró profundamente de un hombre, el cual sospecho que es otro que aparece en otro de sus libros autobiográficos, Apegos feroces, y que estaba casado. La cosa es que, para este hombre: “era primordial imponer su voluntad sexual en cualquier relación que estableciera con una mujer”. Fue así que le pidió sodomizarla, cosa a la que ella se negó. Pero él insistió. Ella dijo que estaba bien, que lo intentaría una vez, a lo que él replicó que tendría que intentarlo tres veces, que con una no bastaba… “Cansada de la insistencia”, aceptó ¿y saben qué? No le gustó, así que cuando el hombre quiso intentarlo una cuarta vez, tuvieron una confrontación. “Eres una mujer muy poco natural”, le dijo él. Al poco tiempo terminaron la relación y a ella no le importó si no volvía a tener nada más con otro hombre. Desde luego que volvió a estar con otros hombres y, con el tiempo, conoció a otras mujeres que le hicieron ver que así ha sido siempre, que siempre hemos tenido que redimirnos ante ellos, que cumplir con sus designios, lo cual le resulto desesperanzador.
No obstante, hacia el final de la anécdota, Gornick reconoce lo difícil que es dejar atrás la idea de no buscar el amor romántico. “Conforme fueron pasando los años, comprobé que el amor romántico estaba inyectado como un tinte en el sistema nervioso de mis emociones, entrelazado a conciencia en el tejido del deseo, la fantasía y el sentimiento. Atormentaba a la psique, era un dolor de huesos; se incrustaba con tal profundidad en la naturaleza del espíritu que hacía daño a la vista contemplar sus enormes consecuencias. Sería un motivo de sufrimiento y conflicto durante el resto de mi vida. Atesoro mi corazón endurecido —durante todos estos años siempre lo he atesorado—, pero la pérdida del amor romántico todavía puede desgarrarlo”, dice ella.
Con base en ello, me decidí a hacer un sencillo podcast; tomando este libro y esta experiencia como referencia e inspiración, me propuse hablar sobre lo singular en dos acepciones: lo que es único, extraordinario, y sobre lo que es individual, pues singular, en inglés se escribe “single”, que literalmente se puede traducir como “soltera o soltero”. Así, por medio de breves cápsulas, hablo sobre todas aquellas cosas que son excepcionales en la vida, y también sobre la soltería, particularmente la de las mujeres, y no de cualquier soltería, sino de la soltería saludable.
Desde hace siglos, la soltería ha sido considerada como algo indeseable, sobre todo para las mujeres. En la historia de la humanidad, en cualquier época, las mujeres hemos sido objeto de complacencia de los hombres, puesto que, durante muchos siglos y hasta finales del XIX, las mujeres no tenían acceso a recursos de ningún tipo: ni casa ni dinero ni trabajo ni ningún otro medio de subsistencia. La única manera en que se podía obtener cierta estabilidad económica, y por lo tanto de sobrevivir, era por medio del matrimonio con un hombre, pues los hombres sí podían ser terratenientes o trabajadores. Así, dio inicio una necesaria competencia entre mujeres, pues se tenían que disputar el amor de un hombre para ser merecedoras de un matrimonio y asegurarse el futuro. Esta dinámica explica por qué muchas toleraban abusos, violencias e infidelidades sumisamente, pues separarse o divorciarse de sus parejas implicaba renunciar a los beneficios a los que, de otra manera, era imposible acceder. Igualmente, ser merecedoras de la atención de un hombre conllevaba cumplir los requerimientos que estos indicaran, mismos que han variado en cada época y cultura: gordas, flacas, morenas, rubias, tímidas, extrovertidas… Nunca ha existido un parámetro definido con base en reglas claras, sino que las mujeres hemos tenido que adivinar o interpretar lo que ellos quieren y, me parece, esto ha generado una verdadera locura en nosotras. ¿Cómo saber lo que el otro busca o quiere? Es imposible. Preguntar tampoco ha servido de mucho. Nuestra mente se ha trastornado al esforzarse en preverlo.
Y luego de años y años de esta dinámica, aunque actualmente las mujeres podemos trabajar y sobrevivir por nuestra cuenta, sigue siendo difícil vernos solas. ¿Por qué? Me parece que hay muchas razones, muchas son estructurales. Pero también creo que simbólicamente nos faltan modelos a seguir. La mayoría de las películas, series, canciones y libros hablan de hallar el amor de pareja, de ser feliz por medio de esto. Por ejemplo, en los cuentos de hadas, las que se quedan solteras son generalmente las brujas. Y hasta hace muy poco las mujeres que se quedaban solteras eran mostradas como “amargadas”, “quedadas”, “feas” y otra serie de adjetivos e ideas que resultan desagradables y, con justa razón, asustan.
Por ello, considero no solo necesario, sino urgente, comenzar a crear representaciones en las que otras realidades son posibles para quienes están solteras, para quienes tienen miedo a estarlo o para quienes aún no se deciden a serlo, pero a partir del goce y de la alegría, de ejemplos sanos que nos permitan visualizarnos como personas completas y complejas, francamente singulares. Así, este proyecto, construye aquello que la ex pareja de Gornick llamó “una mujer muy poco natural”, pues no es aún común. La mujer singular es una mujer completa y feliz, y el mundo debería saber que existe aquí y ahora.
- Citlaly Aguilar es doctora en Estudios del Desarrollo por la Universidad Autónoma de Zacatecas. Becaria del PECDA Zacatecas en 2011, 2013 y 2015. Ganadora en el certamen de ensayo Erradumbre (Mantis Editores, 2021) y mención honorífica en el Premio Nacional de Ensayo “Dolores Castro” 2021 y mención honorífica del 9 Premio de Periodismo Gonzo (UANL y Producciones el Salario del Miedo, 2023). Autora de La literatura zacatecana en el siglo XXI (IZC, 2014), La fabulosa historia de Anémona y Durazno (2021), Dentro del aire de vidrio (2021) y Crónica de la habitación (2022). Coordinó la antología de ensayo literario El Centauro (Policromía, 2016).
En el siguiente link puedes escuchar el podcast de Cit Aguilar:
https://open.spotify.com/show/7rNmtsBMDT0pOPFsQYBg4t?si=_RQ67OoCQKazz9lkO80EsA