Breve revisión del Trayecto Epistemológico del Conocimiento Científico

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Por: Jazmín López Martínez

A lo largo de la historia, el conocimiento científico ha experimentado una evolución constante, moldeada por diferentes contextos sociales, políticos y culturales. Desde la tradición aristotélica y galileana, que define la ciencia como una búsqueda de explicaciones causales, hasta las críticas actuales al positivismo, ha surgido un intenso debate en torno a la naturaleza y los métodos empleados en las ciencias humanas y sociales.

    La tradición aristotélica se caracteriza por su enfoque teleológico, que sostiene que, para comprender completamente un fenómeno, es necesario considerar no solo sus causas materiales, sino también sus propósitos, es decir, el "para qué" de su existencia. Este enfoque implica una visión del mundo donde los objetos y los seres tienen un propósito inherente a ellos. Aristóteles el padre de las clasificaciones, propuso un método inductivo-deductivo que combina la observación de casos particulares con la aplicación de principios generales, permitiendo así establecer generalizaciones a partir de fenómenos específicos observados. Desarrolló un sistema de categorías para clasificar los diferentes tipos de seres y sus propiedades, distinguiendo entre sustancia y accidente, y clasificando los seres en géneros y especies.

    El Estagirita definía a la sustancia a aquello que existe en sí mismo y no en otro, por ejemplo, un ser humano. Por otro lado, definía los accidentes como características que pertenecían a las sustancias pero que no eran esenciales para su existencia. Por ejemplo, el color, forma y tamaño.

    En el ámbito de la ética y la política,Aristóteles argumentó que el objetivo de la vida humana es alcanzar la eudaimonía, que se traduce como felicidad o florecimiento humano, a través de la práctica de la virtud y la vida en comunidad. En cuanto a su concepción del conocimiento, Aristóteles sostenía que el conocimiento se origina en la percepción sensorial y la observación, y que a partir de estas experiencias se puede alcanzar una comprensión más profunda mediante el uso de la razón y la lógica.

    Durante siglos, especialmente en la Edad Media, esta tradición influyó fuertemente en el pensamiento científico, integrándose incluso en la teología cristiana. Sin embargo, con el surgimiento de la ciencia moderna, muchas de las ideas aristotélicas fueron cuestionadas y sustituidas por enfoques más empíricos y mecanicistas.

    La tradición galileana establece un modelo científico fundamentado en la causalidad y la lógica deductiva, donde los fenómenos se explican a través de leyes universales. Este enfoque surge como una respuesta crítica a la tradición aristotélica y se consolida durante el Renacimiento. En el siglo XIX, el Positivismo se convierte en la corriente predominante, proponiendo que el conocimiento debe sustentarse en la observación y la experiencia, con un enfoque sistemático y científico para el estudio de las ciencias sociales, similar al utilizado en las ciencias naturales.

    El Positivismo, se centra en la idea de que solo se puede conocer lo que se puede observar y medir, buscando leyes universales que sean aplicables a todas las ciencias, incluidas las ciencias sociales. Los positivistas creen que, al igual que en las ciencias naturales, es posible establecer regularidades y patrones en el comportamiento humano y social. Esta postura se asocia con figuras como Auguste Comte.

    Sin embargo, a medida que avanza el siglo XX, comienzan a emerger críticas al positivismo, destacando la relevancia del contexto social e histórico en la producción del conocimiento. Se argumenta que no es posible separar el contexto en el que se descubre el conocimiento del contexto en el que se justifica, lo que lleva a una mayor consideración de los factores sociopolíticos en la ciencia.

    De manera paralela se desarrollaba la Hermeneútica, la cual se centra en la interpretación y la comprensión de los fenómenos sociales. A diferencia del positivismo, que intenta encontrar leyes universales, la hermenéutica pone interés en el significado y el contexto cultural de las acciones humanas. Este enfoque sostiene que, para comprender un fenómeno social, es fundamental tener en cuenta las intenciones, creencias y valores de las personas que participan en él. Esta corriente de pensamiento se asocia con autores como Hans-Georg Gadamer y Paul Ricoeur, quienes sostienen que el conocimiento se forma a través de la interpretación de textos, acciones y contextos.

   Por otra parte, la Teoría Crítica, representada por la Escuela de Frankfurt, enfatiza esta interrelación entre el conocimiento y el contexto social, señalando que la objetividad científica está influenciada por el conjunto de la sociedad.

    Esta teoría busca ir más allá de las limitaciones del Racionalismo Crítico, propuesto por Karl Popper que tiende a reducir la ciencia a cuestiones meramente lógico-epistemológicas, que se centra en la falsabilidad de las teorías científicas, las cuales para Popper pueden ser refutadas por la evidencia a través de pruebas empíricas rigurosas. En este orden de ideas, el enfoque de la Teoría Critica, busca no solo entender la realidad, sino también transformarla, abordando las injusticias y desigualdades presentes en la sociedad.

    Es asi que, en la actualidad, el enfoque complementario, reconoce que la explicación científica no debe limitarse únicamente a enfoques causales, teleológicos o hermenéuticos. Promueve un enfoque que integre diversos métodos y perspectivas, apoyando la idea de que la ciencia puede enriquecerse mediante la complementariedad de diferentes enfoques, tomando una postura holística del conocimiento.

 

  • Jazmín López Martínez, actualmente estudia doctorado en Desarrollo Educativo con énfasis en la Formación de Profesores por la UPN 321 Zacatecas